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El evangelio según Juan


 

Copyright, 1995

By Wayne Partain

Derechos Reservados

 

Versiones bíblicas citadas

 

El texto de Juan, Versión Valera Revisada (1960)

La Biblia de las Américas (LBLA)

La Versión Valera Revisada(1977)

Versión Moderna (VM)

Versión Hispano-americana (VHA)

Versión Latinoaméricana (VLA)

La Traducción del Nuevo Mundo (TNM)

 

Léxicos, diccionarios y Word Studies citados

 

Greek-English Lexicon of the New Testament por Grimm-Thayer (G-T)

A Greek-English Lexicon of the N. T. por Bauer-Arndt-Gingrich (A-G)

Nuevo Testamento Interlineal Griego-Español, por Francisco Lacueva (FL)

Word Studies in the New Testament por Marvin Vincent (MV)

Diccionario expositivo de palabras del N. T. por W. E. Vine (WEV)

Imágenes verbales en el Nuevo Testamento por A. T. Robertson (ATV)

Pequeño Larousse por Ramón García-Pelayo y Gross (Larousse)

The Expositor's Greek Testament por Marcus Dods (MD)

The Vocabulary of the Greek Testament por Moulton-Milligan (MM)

 

Comentarios citados

 

The Fourfold Gospel por J. W. McGarvey (JWM)

Commentary on New Testament por H. A. W. Meyer (HAWM)

Comentario exegético y explicativo de la Biblia por Jamieson, Fausset y Brown (JFB)

Notes on the New Testament por Albert Barnes (AB)

El Nuevo Testamento comentado por William Barclay (WB)

Commentary and Critical Notes por Adam Clarke (AC)

Comentario del Nuevo Testamento por L. Bonnet y A. Schroeder (B-S)

The Living Word Commentary por Frank Pack (FP)

Comentario del Nuevo Testamento por Guillermo Hendriksen (GH)

The Gospel of Belief por Robert Harkrider (RH)

New Testament Commentaries por Guy N. Wood (GNW)

That You May Believe por Homer Hailey (HH)

A Commentary on the Gospel of John por David Lipscomb (DL), C. E. W. Dorris (CEWD)

The Gospel of John por Paul T. Butler (PTB)

American Commentary on N. T. por Alvah Hovey (AH)

Exposition of Gospel of John por A. W. Pink (AWP)

The Gospel According to John por H. W. Watkins (HWW)

Interpretation of John's Gospel por R. C. H. Lenski (RCHL)

Life and Times of Jesus the Messiah por A. Edersheim (AE)

A Commentary on John por B. W. Johnson (BWJ)

The Gospel of John por C. R. Erdman (CRE)

According to John por F. L. Cox (FLC)

Commentary on John por J. B. Coffman (JBC)

Commentary on John's Gospel por F. L. Godet (FLG)

Commentary on the Holy Scriptures por J. P. Lange (JPL)

Commentary on the Whole Bible por Matthew Henry (MH)

 

 

 

Introducción

 

Un evangelio diferente y único

 

      Desde luego, los cuatro Evangelios son uno y hay perfecta consonancia entre ellos, pero el Evangelio según Juan es diferente y único. No es una biografía de Cristo, sino una selección de sus señales, obras y enseñanza, junto con el testimonio de muchas personas, que confirman que El es el Hijo de Dios (Dios el Hijo).


      Los cuatro Evangelios registran el ministerio de Jesucristo, y concluyen con la narración detallada de su muerte, sepultura y resurrección. Fueron escritos para producir la fe salvadora en Cristo, como Juan afirma con toda claridad (20:30, 31). En lugar de repetir los detalles del nacimiento de Jesús de una virgen, Juan escribe un prólogo solemne que enfáticamente afirma la Deidad de Cristo (1:1-18).

      Los cuatro hablan de Juan el bautista, pero los Sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas) presentan los detalles de su nacimiento, ministerio y mensaje (el arrepentimiento y el bautismo para perdón de los pecados), pero para el cuarto Evangelio lo importante era el testimonio de Juan: "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (1:29, 36), y que a pesar de su propia popularidad, el bautista enfatizaba que él no era el Cristo, sino sólo la voz que clamaba en el desierto (1:23).

      Los Sinópticos enfatizan la obra de Jesús en Galilea, mientras que Juan se concentra en su enseñanza y obra en Judea y en Jerusalén. La lectura de los Sinópticos no revela cuánto tiempo duró el ministerio de Jesús, pero Juan se refiere a las sucesivas Pascuas para marcar su duración. Es probable que la fiesta de Jn. 5:1 fue otra Pascua y si así fue, el ministerio de Jesús duró más de tres años. (Algunos dudan que esta fiesta haya sido la Pascua, pero véase Notas sobre este texto).

      Juan no repite los milagros de echar fuera demonios y de limpiar a los leprosos, pero registra algunos milagros omitidos por los otros: la sanidad del paralítico de Betesda, la sanidad del hombre que nació ciego, y la resurrección de Lázaro. No sólo omitió el nacimiento de Jesús de una virgen, sino también las tentaciones (Mat. 4), la transfiguración, la institución de la cena del Señor, y su agonía en Getsemaní.

      Sólo Juan narra los discursos de Jesús con Nicodemo y la mujer samaritana, y los discursos sobre el pan de vida, el Buen Pastor, la Vid y los sarmientos, los dichos "Yo soy", la explicación detallada de la venida (y el propósito de la venida) del Espíritu Santo.

      Juan es el que nos dice que Cristo vino para revelar al Padre y que, por eso, el ver a Jesús era ver al Padre (8:19; 12:45; 14:9). Juan nos dice que Cristo era igual a Dios (5:18) y que debemos honrarle como honramos al Padre (5:23).

 

El autor

      Afirmamos con toda confianza que el apóstol Juan, hijo de Zebedeo, era el autor del cuarto Evangelio. Los Sinópticos dicen que los hijos de Zebedeo eran pescadores, y que Jesús los llamó para ser sus apóstoles y les dio el apodo de "Hijos del trueno" (Mar. 3:17). En tres ocasiones Jesús escogió a estos dos -- junto con Pedro -- para acompañarle (cuando levantó a la hija de Jairo, cuando fue al monte para ser transfigurado y cuando estuvo en Getsemaní).

      Jn. 21:24 dice, "Este es el discípulo que da testimonio de esta cosas, y escribió estas cosas". ¿Cuál de ellos? "Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?" (21:20). Es muy obvio que el que "escribió estas cosas" es "el discípulo a quien amaba Jesús". Este versículo confirma que "el discípulo a quien amaba Jesús" era uno de los apóstoles (porque los doce apóstoles estuvieron con Jesús en la última cena), y seguramente si era "el discípulo a quien amaba Jesús", era uno de los tres escogidos, Pedro, Santiago y Juan, Mat. 17:1; 26:37; Luc. 8:51. Al hablar de los otros apóstoles Juan especifica el nombre de ellos; por lo tanto, la única conclusión lógica es que esta descripción se puede aplicar sólo a él. Juan se refiere a sí mismo seis veces en este libro como "el discípulo a quien amaba Jesús" (13:23-26; 19:25-27; 20:2-10; 21:7; 21:20-23; 21:24). El autor del libro y Pedro eran íntimos amigos (1:41; 13:24; 18:15; 20:2; 21:7; Hech. 3:1; 8:14).

     

Propósito

      Juan nos dice explícitamente por qué escribió este libro (20:30, 31). Para producir fe en Cristo Juan presenta el testimonio de Juan el bautista, el testimonio del Padre, el testimonio de las obras de Cristo, el testimonio de las Escrituras (el testimonio de Moisés), el testimonio de amigos (discípulos), el testimonio de enemigos, y aun el testimonio de los neutrales y confusos, para convencer al lector sincero (Luc. 8:15) de la Deidad de Cristo.

      Escoge siete señales para producir fe en Cristo (2:1-11, Jesús convierte el agua en vino; 4:43-54, sana al hijo de un noble; 5:1-18, sana al paralítico de Betesda; 6:1-13, alimenta a los cinco mil; 6:19, anda sobre el mar; 9: sana a un ciego de nacimiento; 11: levanta a Lázaro de entre los muertos).

      Desde luego, el milagro más estupendo de todos fue la resurrección de Cristo mismo de entre los muertos el tercer día como El había dicho (y como las Escrituras habían dicho). Los cuatro Evangelios dan amplia evidencia de este milagro que es la base de nuestra fe y esperanza en cuanto a nuestra salvación y nuestra propia resurrección.

      Pero Juan convence al lector no sólo por medio de los hechos (señales, obras) de Jesús, sino también por medio de su maravillosa enseñanza: p. ej., (1) Cristo es la vida ("En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres", 1:4, y registra mucha enseñanza de Cristo sobre la luz y las tinieblas; (2) "la gracia y la verdad vino por medio de Jesucristo" (1:17); (3) "el agua que le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna" (4:14); (4) "Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás" (6:35); (5) "Yo soy la puerta de las ovejas ... Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas" (10:7, 11); (6) "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (11:25); (7) "Yo soy el camino, la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí" (14:6); (8) "Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador ... vosotros los pámpanos" (15:1, 5). ¿Qué es lo que el hombre necesita? Vida, luz, salvación, dirección, alimento espiritual, y la resurrección en el día final. Verdaderamente ¡Cristo suple todas las necesidades del hombre! (HH).

      "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (14:6). Verdaderamente Cristo es el camino a Dios, y no hay otro. Aquí en este libro -- como también en los Sinópticos y en el resto del Nuevo Testamento -- Cristo revela ese camino (Heb. 10:19, 20). Desde 1:29 y 3:16 y hasta el fin del libro Juan revela a Cristo como nuestro único Salvador ("nadie viene al Padre sino por mí"). Aun los samaritanos dijeron, "sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo" (4:42).

 

Fecha

 

  Obviamente Juan combate la herejía del gnosticismo incipiente. Se supone, pues, que este libro fue escrito a fines del primer siglo.

 

Juan 1

 

1:1, 2 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. -- La palabra "deidad" significa lo mismo que "Dios"; es decir, al hablar de la "deidad" de Cristo, se afirma que El posee to­dos los atributos para poderle llamar Dios. Cristo es Dios (Rom. 9:5; Tito 2:13; 2 Ped. 1:1; 1 Jn. 5:20), porque es eterno, todopoderoso, omni­sciente, el creador, perdona pecados, y es ado­rado; demuestra los atributos de Dios, y es "igual a Dios" (Jn. 5:18).

 

I. Cristo es Dios.

          A. Rom. 9:5, "el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos". La Biblia dice claramente que Cristo es Dios. No es Dios el Padre, sino Dios el Hijo. El nombre "Hijo de Dios" equivale al nombre, "Dios el Hijo". La versión citada aquí (RVR60) no ha sido rechazada oficialmente por los "testigos" del Atalaya (el grupo religioso más anticristo en el mundo); por lo tanto, esta versión se debe usar con toda confianza en las discusiones con ellos, porque "La Traducción del Nuevo Mundo" (TNM) de ellos no es una versión, sino una "perversión" de la palabra de Dios. La TNM cambia Rom. 9:5, añadiendo la palabra "sea". Dice esta versión, "Dios ... sea bendito". Lo cambian por completo para negar la deidad de Cristo. Sin embargo, el texto griego usado en su Kingdom Interlinear Translation of the Greek Scriptures (traducción interlineal del griego al inglés), no dice sea. La palabra sea no está en el texto griego que ellos mismos usan, sino que aparece solamente en la TNM.

          B. Tito 2:13, "nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo". La TNM cambia ese versículo también, porque dice, "y del Salvador Jesucristo", así dando a entender que Pedro habló de dos personas (Dios y Jesucristo), y no de una sola persona, y de esta manera niegan la deidad de Cristo, pero en su texto griego no aparece la palabra del. Así es que otra vez su texto griego está en conflicto con la TNM.

          C. 2 Ped. 1:1, "nuestro Dios y Salvador Jesucristo". La TNM añade otra vez la palabra del para separar Dios de Jesucristo, pero tampoco aquí aparece del en su texto griego. En esto hay un detalle muy interesante: ob­sérvese que en 2 Ped. 1:11, la construcción gramatical es idéntica con la del v. 1. Dice, "nuestro Señor y Sal­vador Jesucristo". En este versículo la TNM no añade la palabra del, aunque la construcción gramatical en este versículo es idéntica a la del v. 1. La única diferencia es que en el v. 1 Pedro dice Dios, y en el v. 11 dice, Señor. Si en el v. 11 no debe añadirse la palabra del, entonces no hay razón alguna para que se añada en el v. 1. Así es que los "testigos" se condenan a sí mismos.

          D. 1 Jn. 5:20, "y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna". Lo más curioso de todo es que la TNM no cambia este texto como cambia los otros que afirman la deidad de Cristo. Es increíble que hayan dejado este texto sin cambio alguno, aunque afirma en forma clara e in­negable que Cristo es "el verdadero Dios".

          E. Heb. 1:8, "del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo". La TNM tuerce este texto, diciendo que Dios es tu trono.

 

II. Cristo es el "Gibbor" ("Dios Fuerte") del Antiguo Testamento.

          A. Isa. 9:6 se refiere claramente a Cristo: "se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte ("Gibbor"), Padre Eterno, Príncipe de Paz". Los "testigos" admiten que este texto se refiere a Cristo pero dicen que Jesucristo es solamente "Dios Fuerte" y que no es "Dios Todopoderoso". La distinción hecha por ellos es absurda. En el siguiente capítulo (10:21), Isaías se refiere claramente a Dios ("Dios fuerte"). Aun los judíos que rechazan a Cristo ne­garían la supuesta distinción hecha por los "testigos".

          B. Apoc. 1:8, Cristo es Todopoderoso. Dice el v. 7, "He aquí que viene con las nubes y todo ojo le verá, y los que le traspasaron". Cristo viene en las nubes (Hech. 1:9-11), y a Cristo traspasaron. Por eso, Apoc. 1:7 habla de Cristo. En seguida (v. 8) dice, "Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso". El que "ha de venir" es Cristo (v. 7). Es muy claro y obvio que Cristo es el que habla a Juan en este capítulo. En el v. 18 dice, "el que vivo, y estuve muerto". En los vers. 11 y 17, dice "Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último ... yo soy el primero y el último", como en el v. 8. También véase Apoc. 22:12-16, "Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último ... Yo Jesús".

          Por lo tanto, sin lugar a du­das Cristo, el primero y el último, es Todopoderoso. No puede haber dos primeros y dos últimos. Sólo Dios Todopoderoso es el primero y el último. ¡Cristo es Dios Todopoderoso!

 

III. El Verbo era Dios, Juan 1:1.

          "En el princi­pio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios". Juan afirma aquí la eternidad de Cristo y, por consiguiente, la deidad de Cristo.

          A. Para negar la deidad de Cristo la TNM dice, "Y el Verbo era un dios". Según esta traducción, pues, hay DOS DIOSES: un Dios Todopoderoso, y un dios menor, fuerte pero no todopoderoso. Isa. 43:10 (el texto predilecto de los "testigos" porque dice "vosotros sois mis testi­gos") dice, "antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí". Este texto afirma que los israelitas eran testigos de Jehová, pero los "testigos" del Atalaya tuercen este texto, aplicándolo a sí mismos. A pesar de ser este texto predilecto de ellos, refuta su traducción de Juan 1:1. Según la TNM, Cristo es "un dios" que, desde luego, tuvo que ser formado (creado) por Dios; pero Isa. 43:10 dice que ni antes ni después de Dios se ha for­mado otro dios. Después (44:6, 8) dice, "Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios ... No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco ninguno". Por lo tanto, la traducción de Jn. 1:1 de la TNM es incorrecta y contradictoria. Dios dijo en palabras claras y enfáticas que no hay otro Dios. Los "testigos" no pueden escapar de la a fuerza de este argumento. Para ellos no hay salida. Por propia boca se condenan a sí mismos, porque enseñan que Cristo fue "creado" (formado) por Dios y que es un DIOS FUERTE, cosa que Dios niega rotundamente en Isa. 43:10; 44:6, 8, y otros textos.

          B. ¿Cuál es el argumento de los "testigos" para justificar su traducción de Jn. 1:1? Dicen que cuando la palabra Dios (theos) se refiere a Dios, precede el artículo definido (ho), y que en Jn. 1:1 el artículo no aparece. No existe tal regla en la gramática griega. Es una invención de ellos para su propia conveniencia.

             1. Además, ellos mismos no siguen su propia regla, porque en el mismo capítulo, en los ver. 6, 12, 18, theos aparece sin el artículo definido, y sin embargo ellos saben que se debe traducir "Dios", y así lo hacen. Los libros de gramática griega explican que los nombres predicados re­quieren el artículo cuando siguen al verbo prin­cipal. En este verso Dios es el nombre predi­cado, y el verbo principal es era", pero el nombre predicado (Dios) precede al verbo principal (era) en el griego. El arreglo de las palabras en el griego es así: y Dios era el Verbo.

             2. Los "testigos" dicen que la frase bajo consideración en Jn. 1:1 es como la de Hech. 28:6, "dijeron que era un dios", pero en este texto el nombre predicado es dios, pero sigue al verbo principal (era), mientras que en Jn. 1:1 el nombre predicado (Dios) precede al verbo principal (era). Hay gran diferencia entre la construcción de estas dos frases. En Hech. 28:6 la traducción, "dijeron que era un dios", es correcta, pero la traducción de la TNM de Jn. 1:1 es incorrecta. Hay un texto que sí es paralelo con Jn. 1:1 y ese texto es Jn. 19:21, "Rey soy de los judíos". En este texto, como en Jn. 1:1, el nombre predi­cado (Rey) precede al verbo principal y, por lo tanto, no se traduce "Un rey soy ..." La misma TNM de los "testigos" no dice "Un rey soy ... ", sino que tra­duce correctamente, "Soy rey de los judíos". De esta manera los "testigos" se contradicen a sí mismos.

 

IV. Cristo es adorado.

          A. Mateo 4:10, "Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás". La palabra adorar tra­duce el verbo proskuneo, que significa "postrarse". En la TNM esta palabra (Mat. 4:9, 10) se traduce las dos veces "adorar". Sin embargo, en todo caso en los que se refieren a Cristo, es decir, cuando la gente adoró a Cristo (postrándose delante de El), la TNM dice "rendir homenaje", en vez de "adorar", para negar a Cristo el honor que merece. Juan 5:23, "para que todos honren al Hijo como honran al Padre".

          B. Varias personas adoraron a Cristo: Mateo 2:11, los magos, "postrándose, lo adoraron"; Mateo 8:2, "vino un leproso y se postró ante él"; Mateo 9:18, un hombre principal "se postró ante él"; Mateo 14:33, los discípulos "le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios"; Mateo 15:25, la mujer cananea "se postró" ante El; Mateo 20:20, la madre de Juan y Jacobo, "postrándose" ante El; Mateo 28:9, las mujeres "abrazaron sus pies y le adoraron"; Mateo 28:17, los once "le adoraron"; Juan 9:38, el que estaba ciego "le adoró"; Heb. 1:6, "adórenle todos los ángeles".

          C. Compárese Hech. 10:26; Cornelio, postrándose a los pies de Pedro, le adoró, pero Pedro no aceptó su adoración, sino que le dijo, "Levántate, pues yo mismo también soy hombre". Sin embargo, Cristo nunca rehusó la adoración de la gente. Compárese también Apoc. 19:10; Juan se postró a los pies del ángel para "adorarle", pero dijo el ángel: "Mira, no lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios". Cristo nunca rehusó la adoración de la gente, porque El es Dios. Recuérdese que los "testigos" dicen que Cristo fue creado, que es una criatura. Según ellos, pues, un ser creado -- una criatura -- recibe adoración. ¿Qué dijo Pablo acerca de la adoración de la criatura en Rom. 1:25? Si Cristo es simplemente una criatura, entonces es pecado adorarle.

 

V. El nombre "Jehová" se aplica a Cristo también. Varios textos del Antiguo Testamento que se refieren a Jehová se aplican, en el Nuevo Testamento, a Cristo.

          A. Isa. 40:3, "Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová". Esta voz era la de Juan el bautista que fue delante de Cristo (Mateo 3, Mar. 1 y Lucas 3). Juan dijo, (Jn. 3:28), "Yo no soy el Cristo; sino que soy enviado delante de él". Véanse Malaquías 3:1 y Marcos 1:2. Isaías y Malaquías dijeron que este mensajero iría delante de Jehová y lo hizo, yendo delante de Cristo. No se puede negar que el nombre Jehová se aplica a Cristo.

          B. Isa. 44:6; Apoc. 1:8, 11, 17; 22:12, 13, 16. Jehová es el primero y el último; Cristo es el primero y el último. Pero no puede haber dos primeros y dos últimos; por lo tanto, Cristo es Dios y el nombre "Jehová" se aplica a El tam­bién. Lo que se afirma de Dios o de Jehová en el Antiguo Testamento se aplica a Cristo en el Nuevo Testamento.

          C. Isa. 45:23; Fil. 2:10, 11. Se doblará toda rodilla delante de Jehová, según Isaías, y se doblará toda rodilla delante de Cristo, según Pablo. Pablo cita a Isaías; los dos textos son en realidad una sola verdad aplicable a Dios. Cristo es Dios.

          D. Joel 2:32; Hech. 2:21. "Todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo"; "Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo"; Rom. 10:9, 13, "Jesús es el Señor ... todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo". Jehová es el Salvador; Cristo es el Salvador.

          E. Zacar. 11:12, 13; Mat. 27:9, 10, el precio con que me han apreciado: Zacarías dice Jehová, Mateo cita este texto con respecto a Cristo. Toda persona sincera puede ver esta sencilla verdad, demostrada tantas veces, de que Cristo cumple estas profecías, y las cumple porque el nombre "Jehová" es aplicable a El también.

          F. La TNM nos ayuda para comprobar esta verdad. Considérese Rom. 14. En los ver. 6-8, la palabra kurios, palabra griega que se tra­duce Señor, se traduce Jehová en la TNM seis veces. Por lo tanto, en el v. 9 la palabra kurios debe ser traducida Jehová, porque así la traducen seis veces en los ver. 6-8. ¿Qué dice el v. 9? "Porque Cristo para eso murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muer­tos como de los que viven". Según la práctica de la TNM de traducir la palabra kurios (dicen que es Jehová), el texto debe decir en la TNM, "para ser Jehová". Lo mismo en el v. 14, "Yo sé, y confío en el Señor"; la palabra "Señor" debe ser "Jehová" en la TNM. Según la regla de los mismos "testigos", el texto debe decir, "Jehová Jesús".

 

VI. Los "testigos" menosprecian la humillación de Jesús.

          A. La humillación de Jesús era indispen­sable para nuestra salvación, pero los "testigos" citan todos los textos en los que Jesús se refiere a su humillación, y los usan para negar su deidad. Dice Cristo (Jn. 14:28), "el Padre mayor es que yo". Tales textos dan énfasis a la humillación de Jesucristo. El llegó a ser el siervo de los hom­bres, y murió en la cruz para salvarnos, pero los "testigos" son los más ingratos de todos los hombres, porque se aprovechan de estos mismos textos para "probar" que Cristo no es Dios, sino solamente una criatura.

          B. Fil. 2:5-11 habla de la humi­llación de Cristo: "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo ..." La TNM tuerce este texto también, porque su propósito principal es negar y despreciar a Cristo, pero otra vez su texto griego (interlineal) dice lo mismo que las versiones confiables.

             1. En este texto Pablo dice que Cristo se despojó a sí mismo, e inmediatamente con dos gerundios explicó cómo lo hizo: (1) "tomando forma de siervo" y (2) "haciéndose semejante a los hombres". Este texto, simple y sencillamente, se refiere a la encarnación de Cristo. Los "testigos", otros sectarios (p. ej., Frederic Louis Godet) y algunos hermanos que profesan ser conservadores dicen que al llegar a ser hombre, Cristo se despojó a sí mismo de sus atributos divinos; es decir, que dejó de ser omnipotente, omnisciente, etc. Según esta herejía, Cristo habría tenido que dejar de ser eterno ("Yo Soy", 8:58). Repetidas veces Cristo demostró sus atributos divinos, aun perdonando el pecado que es una prerrogativa exclusiva de Dios (Mar. 2:5). Juan recalca la omnisciencia de Cristo a través del libro (p. ej., 1:47, 48; 2:24, 25; 4:29; 6:70; 11:14; 12:32). (Los hermanos que enseñan esta herejía la publican en dos periódicos Error! Reference source not found., publicados por el hno. John Welch de Indianapolis, Indiana, USA; John Welch es el campeón de esta herejía).

             2. En Fil. 2:1-4 Pablo enseña la humildad; entonces en los vers. 5-11 habla del ejemplo de humildad de Cristo. Pero lo terrible de esta herejía es que sus proponentes no creen que lo que Jesús hizo era suficiente; es decir, El se humilló, tomando la forma de siervo, hecho semejantes a los hombres y aun murió como criminal sobre una cruz romana, pero eso no les satisface. Quieren aun más humillación, pues enseñan que también Cristo se despojó a sí mismo de sus atributos divinos (cosa que sería totalmente imposible).

             3. Por lo tanto, estando aquí en la tierra en forma de hombre se hizo igual a Dios (Jn. 5:18). Los "testigos" quieren quitar la fuerza de este texto diciendo que así dijeron los judíos, pero no los judíos, sino Juan el apóstol, dice que Cristo se hizo a sí mismo igual a Dios.

          C. 1 Cor. 15:24-28. Dice el v. 28, "... en­tonces el Hijo mismo se sujetará al que le su­jetó todas las cosas, para que Dios sea todo en todos". Los "testigos" afirman que este texto en­seña que Cristo será inferior para siempre, pero recuérdese que Pablo dice que Cristo es Dios (Rom. 9:5; Tito 2:13), que Cristo es la plenitud de la deidad corporalmente (Col. 2:9). Pablo nunca se enredó en contradicciones como lo hacen los "testigos". Pablo dice en 2 Cor. 1:18, "nuestra palabra a vosotros no es Sí y No". Cuando él afirmó que Cristo es Dios, siempre era consecuente con esa afirmación.

             1. 1 Cor. 15:24-28 habla de la perfección y terminación de la obra de Cristo como Sal­vador y Mediador. El se humilló a sí mismo, participó de carne y sangre (Heb. 2:14), tomó la forma de hombre y de siervo de hombres (Fil. 2:5-7), para ser nuestro Salvador y Mediador. Habiendo llegado a ser hombre y habiendo sufrido toda tentación humana (Heb. 2:18; 4:15, 16), El llegó a ser nuestro perfecto Mediador.

             2. La Biblia enseña el papel del Padre, el del Hijo, y el del Espíritu Santo. El Padre ha hecho y hace ciertas cosas para llevar a cabo la reden­ción del hombre, el Hijo ha hecho y hace ciertas cosas, y el Espíritu Santo ha hecho y hace ciertas cosas. El Padre dio al Hijo toda autoridad (Mat. 28:18), para llevar a cabo su divina misión como Dios-Hombre. 1 Cor. 15:24-28 habla del tiempo del fin cuando haya terminado por completo su obra de Salvador, Redentor y Mediador.

             3. Entonces, Dios mismo estará con su pueblo como su Dios. Todo el trabajo que Jesucristo ha hecho, hace y hará hasta el fin, se habrá per­feccionado y terminado. No será necesario que El sea Redentor o Salvador ni Mediador, porque entonces seremos salvos para siempre, estaremos en la presencia de Dios y no habrá necesidad de mediador. Por lo tanto DIOS -- Dios el Padre, Dios el Hijo, Dios el Espíritu Santo --  será TODO EN TODOS.

             4. El reino de Dios es el reino del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Cristo no se excluye en ningún sentido del glorioso reino o reinado eterno, porque El es Dios, y Dios será todo en todos. Luc. 1:33 dice que Cristo "reinará ... para siempre, y su reino no tendrá fin". Lo que Pablo dice en 1 Cor. 15:24-28 no contradice, sino confirma lo que Luc. 1:33 dice.

 

VII. "Yo soy" (Ex. 3:14) aplicado por Cristo a sí mismo.

          A. Ex. 3:14, "Así dirás a los hijos de Israel: Yo soy me envió a vosotros". Jesús dijo, "Antes que Abra­ham fuese, yo soy" (8:58). No dijo, "Yo era", sino "Yo soy", aplicando a sí mismo el nombre del Dios de Israel, el Dios "de vuestros padres" (Ex. 3:13, 14). Los judíos reconocían el significado de esta expresión; entendían que Jesús aplicaba a sí mismo el nombre de Dios y, por eso, "tomaron entonces piedras para arrojárselas" (8:59).

          B. 8:24, "si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis". Si Jesús hubiera sido un mero hombre, la pregunta natural habría sido, "si no creéis que yo soy qué?" Pues parece que la frase está incompleta, pero los judíos conocían bien el nombre "Yo soy" y lo que sig­nificaba (Ex. 3:14). Es el nombre del Dios Eterno.

 

1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. -- Col. 1:15-20; Heb. 1:1-3. Cristo es el Creador. ¡El es el Creador y sólo Dios puede ser Creador! Por lo tanto, Cristo es Dios. Satanás aborrece a Dios; por eso, vehementemente niega esta verdad, y enseña la evolución. Si Dios es el Creador del mundo, entonces también es el Juez del mundo. Si el hombre fue creado por Dios, tendrá que dar cuenta a Dios en el Día Final.

      La enseñanza del gnosticismo sobre la deidad. Una de las herejías más serias de los primeros siglos fue el gnosticismo. Esta palabra viene de la palabra conocer. Algunos en la iglesia se elevaban a sí mismos como los únicos que conocían a Dios, pero no lo conocían a través de las Escrituras, sino que bebían del pozo de la filosofía de Platón y otros filósofos griegos. Como los judaizantes mezclaban la ley de Moisés con el evangelio, así éstos mezclaban la filosofía griega con el evangelio.

      Decían que el Ser Supremo es eterno pero que también la materia es eterna. Pensaban que la materia es mala y, por eso, el Ser Supremo no la podía crear ni tener nada que ver con ella. Por eso, salía del Ser Supremo una serie larga de emanaciones (desprendimientos, manifestaciones) y que la más baja de estas se llamó "demiurgo" (creador). Este "demiurgo" estaba tan retirado del Ser Supremo que no solamente era ignorante acerca de su persona, sino hasta hostil contra él. El "demiurgo" que se identificó con el Dios del Antiguo Testamento, el Dios de los judíos, creó el mundo. Por lo tanto, para ellos el Padre del Señor Jesucristo era inferior al Ser Supremo y los apóstoles de Cristo eran inferiores a los apóstoles del Ser Supremo.

      Las emanaciones formaron un cuerpo intermediario llamado pleroma (plenitud). De esta enseñanza salió el concepto católico de la mediación de María y de los "santos". Para combatir este error Pablo dijo, "Porque en él (Cristo) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad" (Col. 2:9, 10); también dijo, "Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre" (1 Tim. 2:5).

          Puesto que enseñaban que el cuerpo es malo, decían que no era posible que Cristo viniera en carne (1 Jn. 2:18; 4:1-3). Por causa de esta enseñanza algunos maltrataban el cuerpo para dar más énfasis al espíritu (Col. 2:20-23). Estos eran ascéticos y sus "descendientes" son los monjes y monjas del catolicismo. Otros decían que lo que el cuerpo hacía no tenía nada que ver con el espíritu y, por eso, practicaban el libertinaje (Apoc. 2:6, 14, 15, 20).

          La enseñanza de los "testigos" (del Atalaya) sobre la deidad de Cristo. Esta secta blasfema a Cristo, diciendo que El mismo fue creado. Col. 1:15-17 dice que "todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de to­das las cosas, y todas las cosas en él subsisten". Todas las cosas quiere decir TODAS las cosas. La TNM intercala la palabra "otras" antes de la palabra "cosas" cinco veces en los ver. 16-20, para enseñar que Cristo fue creado y, por lo tanto, es meramente una criatura, una COSA CREADA. Dice el v. 16 (TNM), "en él fueron creadas todas las (otras) cosas"; agregan a la palabra de Dios, y lo hacen con el motivo más vil de despojar a Cristo de su deidad. Es blasfemia del peor grado. Cristo no puede ser el Creador de todas las cosas si El mismo fue creado. Si Cristo es una criatura, en­tonces no es el Creador.

          Dicen los "testigos" que la palabra primogénito (v. 15) significa que Cristo fue el primero de las cosas creadas. Ya hemos visto muchos textos que dicen claramente que Cristo es Dios, que El es el principio y el fin. Es, pues, eterno y ¡es blas­femia decir que fue creado! La palabra primogénito, como se usa aquí, significa posición de honor y de poder, y no tiene nada que ver con origen. Entre los israelitas el hijo primogénito era el hijo prin­cipal, recibía doble porción de la herencia de los hijos, heredaba el puesto de su padre, etc. y la palabra llegó a significar señor. P. ej., Sal. 89:27, "Yo también le pondré (a David) por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra". Se refiere a su grandeza como rey de reyes. Jer. 31:9, "Efraín es mi primogénito"; no era literalmente el primogénito de Jacob, pues era el segundo hijo de José. En este texto Efraín se refiere al pueblo de Israel, como el pueblo escogido y grandemente honrado y exaltado de Dios.

          Así también Cristo es llamado: (1) pri­mogénito entre hermanos, Rom. 8:29; es decir, Señor de ellos; (2) primogénito de entre los muertos", Apoc. 1:5; es decir, Señor de los muertos; (3) primogénito de toda creación, Col. 1:15; el Creador y Señor de toda la creación; (4) simplemente "el primogénito", Heb. 1:6, porque equivale a Señor.

          La iglesia se llama "la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cie­los", Heb. 12:23, indicando la posición exaltada que ocupa ante los ojos de Dios.

          Col. 1:18 confirma que la palabra primogénito significa posición exaltada: "para que en todo tenga la preeminencia".

          Apoc. 3:14 dice que Cristo es "el princi­pio de la creación de Dios". Debe afirmarse con todo énfasis que es­tos dos textos (Col. 1:15; Apoc. 3:14) NO DICEN y no enseñan que Cristo es un ser creado. Lo que el texto dice y lo que los "testigos" dicen son dos cosas bien distintas y contradictorias. Repito: estos versos NO DICEN que Cristo fue creado. Las palabras "primogénito" y "Principio" no significan "primera cosa creada", como afirman los "testigos" falsos. La palabra principio traduce la pa­labra arche. ¿Cómo se usa esta palabra en el Nuevo Testamento? En Luc. 12:11 se traduce "magistrados"; en Efes. 1:21, "principados"; y en Tito 3:1, "gobernantes". No tiene nada que ver con ORIGEN en ninguno de estos textos, ni mucho menos en Apoc. 3:14. Cristo es eterno; es el Creador; es Todopoderoso; es adorado; perdona pecados; ¡es Dios!

          Cristo es el Principio y también El es el Fin. Si Cristo tiene principio, entonces también tendrá fin. Cristo es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el Primero y el Ultimo. Lo que se afirma de Jehová en Isa. 44:6 se afirma de Cristo en Apoc. 1:8, 11, 17; 22:12, 13. No puede haber dos primeros y dos últimos. No hay dos Dioses. Hay un solo Dios, pero el término Dios es sustantivo plural (Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo).

          Los "testigos" tendrán que dar cuenta en Aquel Día a este Cristo (el Juez) por sus muchas blasfemias contra El. Será día de ira para ellos si no se arrepienten.

      La enseñanza de los evolucionistas. Otra filosofía humana (pagana) enseña que el hombre (y toda cosa viva) ha evolucionado de un animal pequeñísimo de una sola célula, pero ¿de dónde vino ese animalito? Nunca explican el origen de ese animalito. 

      "Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía" (Heb. 11:3). La palabra de Dios es viva, tiene poder, Gén. 1:3, 6, 11; Sal. 33:6; 107:20; 147:15; Isa. 55:11; Jer. 23:29.

      Los evolucionistas no andan por fe en la palabra de Dios, sino por la fe en la filosofía humana. Es imposible probar que el hombre y otras cosas vivas han evolucionado. Es imposible probar que ha habido transmutación de las especies. Por eso, la evolución tiene que ser aceptada por fe. La evolución no es una ciencia. No se puede sujetar a los procesos normales de la ciencia. Los que creen esta filosofía lo hacen porque quieren creerla. La creen porque no quieren creer en Dios, y no quieren creer en Dios porque no quieren reconocer que serán juzgados por sus hechos en el Día Final.

 

1:4 En él estaba la vida, -- Los que están en pecado están alejados de Dios (Efes. 2:12); los que obedecen al evangelio de Cristo tienen vida, es decir, comunión con Dios. "He venido para que tengan vida" (10:10); "Yo soy la resurrección y la vida" (11:25); "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida" (14:6); "Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado" (17:3); "éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (20:31).

      -- y la vida era la luz de los hombres. -- Cristo ha traído al hombre la perfecta inteligencia y sabiduría. El es el Verbo (la Palabra) de Dios, la perfecta revelación del Padre, pues al ver a Jesús vemos al Padre (8:19; 12:45; 14:9). "Yo soy la luz del mundo" (8:12).

 

1:5 La luz en las tinieblas resplandece, -- Este texto nos recuerda de Gén. 1:2, 3 (como 1:1 nos recuerda de Gén. 1:1). Como en el principio del mundo la luz creada por Dios hizo desaparecer las tinieblas, así también Cristo es la luz que hace desaparecer las tinieblas de ignorancia, superstición, y toda clase de pecado. El hombre ya no tiene que tropezar en tinieblas con su corazón lleno de temor y ansiedad. Los que obedecen al evangelio son "hijos de luz" (Efes. 5:8; 1 Tes. 5:5).

      -- y las tinieblas no prevalecieron contra ella (no la comprendieron, LBLA). -- El verbo katalaben significa "asirse de, tomar, sea física o mentalmente" (WEV). Otras versiones, como LBLA, la traducen no la comprendieron. "Puede entenderse en dos sentidos, esto es, el de que las tinieblas no comprenden la luz, no la perciben, o que no han podido vencerla, prevalecer contra ella" (WEV). Es posible que Juan haya tenido en mente este doble uso de la palabra, pues las tinieblas espirituales no comprenden la verdad, ni tampoco pueden vencerla.

      Muchos viven preocupados por las tinieblas que parecen cubrir la tierra, pero para Juan lo importante era que las tinieblas no podían apagar la Luz. Herodes no podía. Pilato no podía. Los judíos no podían (¿qué fue el efecto de sus esfuerzos en contra de la iglesia según Hechos de los Apóstoles?) Jesucristo es la Victoria Suprema sobre las tinieblas. La luz de la cruz puede alumbrar a toda la humanidad.

 

1:6 Hubo un hombre enviado de Dios, -- La palabra enviado significa enviado como representante oficial. Mat. 10:2, 16. Juan era un verdadero profeta de Dios, enviado con un mensaje especial. Acerca de este hombre Jesús dijo, "Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el bautista" (Mateo 11:11).

      -- el cual se llamaba Juan. --       En este libro Juan (el bautizador) es llamado simplemente Juan, porque el autor nunca menciona su propio nombre. Una vez se refiere a "los hijos de Zebedeo" (21:2).

      Juan cumplió la profecía de Malaquías (3:1), "He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí". "En aquellos días vino Juan el bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 3:1, 2). Los apóstoles también fueron escogidos por Dios (Hech. 10:41).

 

1:7 Este vino por testimonio (como testigo, LBLA), para que diese testimonio de (testificar de, LBLA) la luz, -- La palabra testimonio es otra palabra clave de este libro. Hay diferencia entre predicar y testificar. Juan predicaba, pero aquí se enfatiza su testimonio. "Lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos" (3:11); Juan testificó lo que vio: "Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio que éste es el Hijo de Dios" (1:33, 34). "Y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio" (15:27). El autor de este libro dice, "Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis ... Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero" (19:35, 21:24). Los dos Juan dieron su testimonio de lo que vieron y de lo que recibieron de Dios.

      Mateo, Marcos, Lucas y Juan nos registran el hecho, la realidad, de Cristo, porque la salvación del mundo depende de nuestra creencia en ese hecho. Para confirmar ese hecho, Juan presenta mucho testimonio para confirmarlo.

      Como los apóstoles testificaban de Cristo después de su manifestación, Juan testificaba de El antes de su manifestación. Sobre todo Juan era un testigo de Cristo (1:7; 5:33, 35). En toda la predicación testificaba de Cristo. Cuando predicó el arrepentimiento, dijo que el reino (de Cristo) se había acercado. Cuando bautizaba, decía que "el que viene tras mí ... él os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mat. 3:11). Al ver a Jesús dijo, "He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).

      Juan habla del testimonio del Padre (5:31, 34, 37; 8:18); de Cristo mismo (7:14; 8:14, 18; 18:37); del Espíritu Santo (15:26; 16:13, 14; 1 Jn. 5:6); de las obras de Cristo (5:17, 36; 10:25; 14:11; 15:24. Léase lo que dijeron de Jesús los ciegos, sordos, paralíticos, etc. a quienes El sanó); de las Escrituras (5:39, 46; 1:45); y de los discípulos (15:27; 19:35; 21:24; 1 Jn. 1:2; 4:14).

      --  a fin de que todos (tanto gentiles como judíos) creyesen por él. -- Hech. 19:4. Los todos de este texto incluye a todos los que consideran su testimonio porque como Abel, "muerto, aún habla" (Heb. 11:4). Muchos creen que la fe de nosotros es una confianza ciega y, por eso, ignorancia, mientras que la ciencia es conocimiento verdadero, pero aunque la fe que salva tiene plena confianza en Dios, se basa en la palabra de Dios (Rom. 10:17) que no es mitología sino realidad. Nuestra fe se basa en mucho testimonio (mucha evidencia innegable). Compárese Hech. 1:3. Hay multiplicada evidencia para probar lo que la Biblia dice.

 

1:8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz. -- Jesús dice (5:35) que Juan "era antorcha (ho luchnos, lampara, LBLA) que ardía y alumbraba; y vosotros quisisteis regocijaros por un tiempo en su luz", pero no era la luz (ho phos), sino el testigo de la luz; sin embargo, esa lámpara que brillaba en la oscuridad era una luz de suma importancia. Siempre se hace preparación debida para la venida de algún rey, presidente u otro personaje importante. La importancia del ministerio de Juan se ve en el hecho de que era necesario aclarar que él no era el Cristo, la verdadera "luz del mundo" (8:12; 9:5; 12:46). Jesús mismo dijo, "Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista" (Mat. 11:11). Juan tenía muchos seguidores (Mat. 3:5; 21:26)), y algunos creían que posiblemente Juan era el Mesías (1:19-27; Luc. 3:15). Había discípulos de Juan muchos años después de ascender Cristo a los cielos (Hech. 19:1-3).

 

1:9 Aquella luz verdadera, -- Juan no dice alethes que significa verdadero (no falso), sino alethinos, real, genuino. Por eso, la palabra verdadera no contrasta la verdad con el error, sino la realidad con lo irreal, lo que no es realidad, lo substancial con lo imaginario. Lo que la Biblia dice es cierto, es realidad. Se trata de hechos, de lo que existe o existirá. Por ejemplo, Rom. 1:25, "cambiaron la verdad de Dios por la mentira", es decir, ídolos, porque "un ídolo nada es en el mundo" (1 Cor. 8:4); 1 Tes. 1:9, "os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero".

      Heb. 9:24, "Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo" (el tabernáculo era sombra, "el cielo mismo" es la realidad, el tabernáculo verdadero).

      Cristo no es "una luz falsa de piratas de costa que atraen barcos a los escollos, sino el faro fiable que conduce a un puerto seguro" (AB; ATR). La creación (Gén. 1) fue una realidad. Gén. 1 no es mitología, pero la evolución es ficción y fantasía, producto de la imaginación de hombres opuestos a Dios. La moralidad bíblica es práctica; tiene que ver con la realidad y trae bendición y felicidad, pero la religión del humanismo se basa en caprichos humanos y produce miseria de toda clase. La religión humana ofrece una salvación imaginaria, pero la del Nuevo Testamento ofrece la salvación verdadera (el perdón de Dios ahora y la promesa de vida eterna).

      -- que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. --  Algunos (por ejemplo, los cuáqueros) citan este texto para probar que todo el mundo posee una "Luz interior" que le guía, pero todo texto tiene que ser interpretado a la luz de otros textos. La Biblia no enseña que todo el mundo tiene la mente iluminada espiritualmente aunque no lo quiera. En este mismo contexto Juan habla de los que rechazan a Cristo. El punto es que Cristo es la verdadera luz, la única fuente de toda luz moral y espiritual para toda la humanidad.

 

1:10 En el mundo estaba, y el mundo (el universo) por él fue hecho; -- 1:3; Col. 1:17; Heb. 1:3.

      -- pero el mundo no le conoció. -- Isa. 53:1; Rom. 10:18; 1 Cor. 2:8. El vocablo mundo es usado por Juan para hablar de los alejados de Dios (7:7; 15;18; 17:9, 14; 1 Jn. 2:15-17).

      Para los judíos Jesucristo era como un desconocido, un extranjero que hablara idioma desconocido. Ellos esperaban otra clase de Mesías, un Mesías guerrero como el rey David que vendría para quitar el yugo de Roma y hacerles independientes otra vez.

      Para los gentiles la predicación de Cristo crucificado era locura (1 Cor. 1:23).

 

1:11 A lo suyo vino, -- Un modismo (hebraísmo) que significa que vino a su casa (16:32, "por su lado", a su propia casa, LBLA, margen; 19:27); probablemente significa que vino a su pueblo, el pueblo escogido de Dios (Deut. 7:6), o sea, los que lógicamente deberían recibirlo. Mat. 15:24.

      -- y los suyos no le recibieron. -- "El contraste trágico" (Bonnet). El tema de esta línea es el rechazo. No lo recibieron en su propia casa. No le dieron la bienvenida. No aceptaron o no reconocieron que El era la persona que profesaba ser. Mat. 13:57, 58; 15:24; 21:33-46; 23:37; Luc. 4:28; 19:41; 20:14. Jesús fue aceptado por los samaritanos (Juan 4), buscado por los griegos (12:20), pero rechazado por los representantes de su propio pueblo. Estos decían que eran hijos de Dios sin Cristo (8:42-47).

      Después Juan habla de los discípulos como     "los suyos" (13:1; 14:3).

      Cuando algún discípulo o iglesia de Cristo comete pecado, Cristo está a la puerta y llama (Apoc. 3:20, 21). Los que no se arrepienten no le reciben.

 

1:12 Mas a todos los que le recibieron, -- No todos lo rechazaron, porque algunos le recibieron. 4:45; Mat. 10:41; Hech. 13:48.

      -- a los que creen en su nombre, -- 8:30. Los que reciben a Cristo creen en Cristo; los que creen en Cristo son los que lo reciben. ¿Qué significa la frase creen en su nombre? "En ti confiarán los que conocen tu nombre" (Sal. 9:10), es decir, los que conocen la verdadera naturaleza de Dios. "Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria" (Sal. 20:7). Confiamos en Dios porque sabemos quién es y cómo es. Creer en el nombre de Cristo significa creer en su naturaleza, aceptar que El es Dios y someternos a su divina voluntad. Creer o creer en su nombre no significa que el hombre es justificado por la fe sola; más bien, equivale a nacer del agua y del Espíritu (3:3-5). Significa obedecer al evangelio (como se ve claramente a través del libro de Hechos). "Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos" (Gál. 3:26, 27).

      ¿Qué dirán los que no creen en El? ¿Que solamente era un buen hombre? Si no es Dios, no es buen hombre porque dice que es Dios. Los que no creen en Cristo están obligados a explicar la evidencia presentada por Juan y los otros escritores que claramente prueba la deidad de Jesús.

      -- les dio potestad (derecho, LBLA) -- Potestad, autoridad legítima, libertad de acción; por eso, derecho.

      -- de ser hechos hijos de Dios; -- "Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios", 1 Jn. 3:1. Todos los hombres son "linaje de Dios" (Hech. 17:28), pero Juan se refiere a los que son hijos por haber nacido otra vez (1:13; 3:3, 5;). Al nacer otra vez imitamos a Dios (Mat. 5:45; Efes. 5:1). El hijo pródigo entendía que no era digno de ser llamado hijo, pero el padre le perdonó y lo recibió como hijo; de esta manera el Padre nos da el derecho de ser hijos si recibimos a Cristo.

      Desde luego, esto es por la gracia de Dios, pues el hombre no lo merece. Dios nos da el derecho de ser sus hijos, como nos da la oportunidad para creer (Hech. 14:27), nos da el privilegio de arrepentirnos (Hech. 11:18), etc. Dios no está obligado a recibirnos como sus hijos. "Porque por gracia sois salvos" (Efes. 2:8).

 

1:13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne (la naturaleza humana), ni de voluntad de varón (humanamente, el que engendra), sino de Dios. -- Este lenguaje excluye todo aspecto del proceso natural de tener hijos. Bajo la ley de Moisés los judíos llegaban a ser hijos de Dios por la generación, es decir, por el nacimiento físico, y creían que de esa misma manera (por ser hijos de Abraham) serían hijos de Dios en el reino mesiánico (Mat. 3:8-10; Jn. 8:31-44), pero Juan enfatiza que nuestra relación con Dios no tiene nada que ver con lo físico, sino que se realiza a través del evangelio de Cristo (3:1-5). Todo nacimiento físico se realiza por la voluntad humana, pero no podemos hacernos hijos de Dios por nuestra propia voluntad (por nuestros propios medios o fuerzas). Muchísimas personas aceptarían ser hijos de Dios si pudieran hacerlo según su propia voluntad.

 

1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, -- Mat. 1:23, "Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros".  Para los filósofos griegos era imposible que el Cristo fuera hecho carne, porque creían que el cuerpo es malo, pero los que dicen que Cristo no vino en carne son anticristos (1 Jn. 4:1-3). Cristo es Dios y también llegó a ser hombre, "nacido de mujer" (Gál. 4:4). "El que fue manifestado en carne, vindicado en el Espíritu, contemplado por ángeles, proclamado entre las naciones, creído en el mundo, recibido arriba en gloria" (1 Tim. 3:16, LBLA). Juan afirma la deidad de Jesús y la humanidad de Cristo. En Luc. 24:39 y otros textos la palabra carne se refiere al cuerpo, pero en este texto (Jn. 1:14) la palabra carne significa humanidad (Mat. 16:17; 24:22; Rom. 3:20; 1 Cor. 1:29; Gál. 1:16). Al afirmar su humanidad él refuta a los gnósticos (docetistas) que decían que Cristo no ocupó un verdadero cuerpo de carne sino que solamente parecía ser humano.

      La humanidad de Cristo se observa en los siguientes textos: 4:6, 7 (cansancio); 6:53 (tenía carne y sangre); 8:40 (querían matarle); 11:33, 35 ("se estremeció en espíritu y se conmovió ... lloró"); 12:27 ("está turbada mi alma"); 13:21 ("se conmovió en espíritu"); 19:28 ("tengo sed").

      ¡Cristo llegó a ser hombre para morir por nosotros! "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte, al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Heb. 2:14, 15). Logró este propósito al morir por nosotros (10:5-12). Cuando Pablo habla de la justicia de uno y de la obediencia de uno (Rom. 5:18, 19), no se refiere a la vida perfecta de Jesús sino a su muerte, un acto de justicia, o de obediencia. Cristo no llevó una vida perfecta para que su obediencia perfecta sea imputada al creyente (como algunos suponen), sino para ser un sacrificio perfecto para expiar nuestros pecados.

      Cristo, siendo Dios, tuvo que ser hombre también para poder ser nuestro Mediador o sumo sacerdote (mediador) (Heb. 2:18; 4:15; 7:26; 1 Tim. 2:5).

  Esta gran verdad fue enseñada por Pablo: "Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Col. 2:9); "ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos" (2 Cor. 8:9).

      Cristo llegó a ser hombre y murió por nosotros para dejarnos un ejemplo perfecto de cómo humillarnos para que Dios nos exalte (Fil. 2:5-11).      "Cristo Jesús, el cual siendo (existiendo) en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres" (Fil. 2:6, 7). Es importantísimo que se entienda que la expresión se despojó a sí mismo se refiere a la encarnación de Cristo, y que de ninguna manera dejó de ser igual a Dios. En seguida se presenta el estudio de Fil. 2:5-7 para recalcar esta verdad.

      Filipenses 2:5 -- "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús". Mat. 11:29, "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón". Cristo Jesús es el perfecto ejemplo de la humildad enseñada en los vers. 1-4. El dejó su habitación celestial y su gloria inefable para nacer en un pese­bre, tomando la forma de hombre. Fue criado en Nazaret, una ciudad desprecia­da por los de Judea (Jn. 1:46), era galileo y algunos de sus apóstoles también eran galileos. Llevó una corona de espinas, murió sobre una cruz romana como mal­hechor, y fue sepultado en un sepulcro ajeno. De esta manera nuestro Señor Je­sucristo tomó la forma más humilde de la humanidad para salvarnos y para dejarnos el ejemplo perfecto de la humildad.

      2:6 -- "el cual, siendo en forma de Dios". La Deidad de Jesús se enseña claramente en este texto (los vers. 6-11).

      -- "siendo". Esta palabra enfatiza la rea­lidad de la existencia (Hech. 16:20, "siendo judíos"; Gál. 2:14). Por eso, indica lo que se expresa más ampliamente en Juan 1:1. La Biblia de las Américas está muy equivocada en la traducción de esta palabra (hupárkon), pues esta versión dice existía en lugar de existiendo (gerundio, tiempo presente). Cristo no dejó de existir en forma de Dios cuando tomó la forma de siervo.

      -- "forma".      La palabra "forma" viene de morphe que solamente aparece en este texto (vers. 6,7) y en Marcos 16:12, "se apareció en otra forma a dos de ellos". Según los léxicos significa "forma, figura" (Mckibben-Stockwell-Rivas); "la forma en la cual una persona o cosa se ve; la apa­riencia externa ... la forma en la cual él apareció a los habitantes del cielo" (Grimm-Thayer); "forma, apariencia externa, figura" (Arndt-Gingrich).

      Pero Thayer admite que otros eruditos (como Lightfoot y Trench) dicen que "morphe forma difiere de schema figura, forma, apariencia, como aquello que es intrínseco y esencial difiere de lo que es externo y accidental" y agrega que "la dis­tinción es rechazada por muchos". (La palabra schema traduce la palabra "condición" o forma, LBLA, del ver. 8).

      El Diccionario Expositivo de Vine dice, "Morphe denota la forma o rasgo distin­tivo especial o característico de una per­sona o cosa. Se usa con un significado par­ticular en NT, sólo de Cristo, en Fil. 2:6,7, en las frases 'siendo en forma de Dios' y 'tomando forma de siervo'. Una excelente definición de esta palabra es la dada por Gifford: 'morphe es así propiamente la naturaleza o esencia, no en abstracto, sino tal como subsiste realmente en el indi­viduo, y retenida en tanto que el individuo mismo existe ... Así, en el pasaje ante nosotros morphe Theou es la naturaleza divina real e inseparablemente subsistente en la Persona de Cristo ... Para la inter­pretación de 'la forma de Dios' es sufi­ciente decir que (1) incluye toda la natu­raleza y esencia de la Deidad, y que es in­separable de ellas, ya que no podrán tener existencia real sin ella; y (2) que no in­cluye en sí misma nada 'accidental' o sepa­rable, tal como modos particulares de manifestación, ni condiciones de gloria o majestad, que pueden en un momento es­tar junto con la 'forma', y en otro mo­mento separados de ella ... El verdadero significado de morphe en la expresión 'forma de Dios' queda confirmada por su repetición en la frase correspondiente, 'forma de siervo'. Se admite univer­salmente que las dos frases son directa­mente antitéticas, y que por ello 'forma' tiene que tener el mismo sentido en am­bas' (Gifford, The Incarnation, págs. 16, 19, 39). La definición anteriormente men­cionada se aplica a su utilización en Mr 16:12, en cuanto a las maneras particu­lares en que el Señor se manifestó a Sí mismo".

      The Expositor's Greek Testament dice que la palabra morphe se refiere a la naturaleza de Cristo, es decir, que El era divino (y llegó a ser humano). Cita 2 Cor. 8:9 como el paralelo más cercano a Fil. 2:6 y dice que en ambos Pablo se refiere al "contraste inefable entre el estado celes­tial y el estado terrenal".

      Por lo tanto, vemos que algunos erudi­tos dicen que morphe significa la forma esen­cial e intrínseca de Cristo como Dios y también como hombre, y otros eruditos dicen que la palabra significa simplemente su apariencia. Lo importante es que se afirme enfáticamente la Deidad de Cristo, antes y después de llegar a ser hombre. Los que definen la palabra "forma" como figura o apariencia no niegan la Deidad de Cristo, sino solamente aplican la palabra al "aspecto" (Juan 5:37) o gloria (Juan 17:5) de su estado preencarnado.

      Nadie puede negar que había contraste entre su estado celestial y su estado terre­nal. Recuérdese sobre todo que el punto principal de Pablo es la humillación de Cristo. La encarnación de Cristo es el ejemplo supremo de la humillación, y Pablo habla de ella para que sirva de ejemplo para los cristianos (ver. 5, "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús ...").

      "Siendo en forma de Dios" se refiere, pues, o al estado divino (su Deidad) y o a la gloria que Cristo tenía con el Padre "antes que el mundo fuese" (Juan 17:5). Posiblemente la palabra se refiera a las dos cosas, porque los dos conceptos no chocan. Hay un contraste aquí entre "forma de Dios", morphe theou y "forma de siervo" morphe doulou. Cuando Cristo llegó a ser hombre, no se despojó a sí mismo de su Deidad; no dejó de ser Dios. En el cielo Cristo tuvo el aspecto de Dios (Juan 5:37); en la tierra, sin embargo, tuvo el aspecto de un siervo. Su conducta era la de un siervo, aunque demostraba ampliamente que era Dios.

      -- "no estimó el ser igual a Dios ..." Jesu­cristo siempre era y siguió siendo igual a Dios aquí en la tierra (Juan 5:18) porque El es Dios (Dios el Hijo). Véanse Rom. 9:5; Col. 2:9; Tito 2:13; 2 Ped. 1:1; 1 Jn. 5:20.

      -- "como cosa a que aferrarse". Cristo no estimó el ser igual a Dios en cuanto a la majestad celestial como cosa a qué afe­rrarse o asirse fuertemente como a un premio o tesoro demasiado precioso para ser dejado aun por un tiempo corto, es decir, Cristo no rehusó humillarse. Al con­trario, estaba dispuesto a llegar a ser un hombre para morir por nosotros. Muchos (como los "testigos" del Atalaya) quieren robar a Jesús de su Deidad. Dicen que El no es todopoderoso, y que no es eterno (estos son atributos de la Deidad). Pero nuestra salvación depende de la verdad afirmada tantas veces en la Biblia de que Cristo es eterno, y que cuando llegó a ser hombre (aceptó la naturaleza humana), no dejó de ser Dios (no dejó ni su naturaleza divina, ni sus atributos divinos). Un mero hombre no podía salvarnos.

      2:7 -- "se despojó a sí mismo". Este texto se refiere simple y sencillamente a la en­carnación de Cristo (Mat. 1:23; Juan 1:14; Col. 2:9). En el resto del versículo Pablo emplea dos gerundios para explicar clara­mente cómo Cristo se despojó a sí mismo: "tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres". "Se despojó a sí mismo"; ¿cómo? "tomando forma de siervo". ¿Cuándo? cuando fue "hecho semejante a los hombres".

      Como dice Lenski, "'Se despojó a sí mismo' es un pensamiento incompleto que nos deja con una pregunta. Pablo com­pleta el pensamiento, pero no con una declaración acerca de algo que Cristo se hubiera despojado (vaciado) fuera de sí mismo, sino por un participio (gerundio) que define el acto de despojarse: 'en que él tomó la forma de siervo', e inmediatamente dice cuándo todos estos actos ocurrieron: 'cuando llegó a ser semejante al hombre', cuando se encarnó. Todos los aoristos ... ex­presan acción simultánea" (énfasis mío, wp).

      Vine dice la misma cosa al comentar sobre la palabra kenoo (despojarse): "Las cláusulas que siguen al verbo dan la exége­sis de su significado, especialmente las frases 'forma de siervo', y 'semejante a los hombres'" (énfasis mío, wp).

      También Lange dice la misma cosa: "Es el llegar a ser hombre, o sea, la encar­nación, que se indica, como declara lo que sigue, y ya que labon (que es contem­poránea con ekenose como en Efes. 1:9, 13) debe entenderse como un límite modal del verbo (ekenose), este despojamiento de sí mismo es la encarnación del Señor".

      Dejó el ambiente celestial, la majestad y gloria que tenía con el Padre (Jn. 17:5) y llegó a ser hombre. ¿Cómo se vio Jesús aquí en la tierra? Como hombre, como in­ferior a los ángeles. ¿Por qué aceptó esta forma humilde? Para dar su cuerpo por nuestros pecados (Heb. 2:14,15; 10:4-10).

      Pero su humillación no afectó en lo más mínimo su Deidad. Se refiere únicamente a su gran humillación en la encarnación, de que vino a ser hombre para poder morir por nosotros y así salvarnos de los pecados. Dios no podía morir por nosotros, porque Dios no puede morir. Los ángeles no podían morir por nosotros. El hombre no podía morir por sus propios pecados porque todos los hombres han pecado (Rom. 3:23). La sangre de animales no puede quitar los pecados (Heb. 10:4). En­tonces, ¿cuál era la solución? Dios llegó a ser hombre para poder morir por nosotros. No había y no hay otro plan de salvación. Los que rechazan el sufrimiento vicario de Cristo terminantemente re­chazan la salvación de sus almas.

      La gran verdad de la humillación de Je­sucristo, una verdad tan sublime, es usada por los "testigos" como arma contra Cristo para atacar su Deidad y blasfemar su santo nombre. (Todo "testigo" se arrepentirá de su blasfemia cuando muera).

       Cristo no menospreció en ninguna manera la exaltación que gozaba con el Padre, pero su misión terrenal era de tanta importancia que estaba dispuesto a hacer este sacrificio.

 

* * * * * * * * * *

 

La Deidad de Cristo

Sus atributos divinos

 

      Algunos hermanos que profesan ser hermanos "conservadores" (porque que se oponen al institu­cionalismo, la iglesia patrocinadora, etc.) están enseñando (1990-1995) que cuando Cristo llegó a ser hombre, "se despojó" a sí mismo de sus atributos divinos; es decir, que desde su nacimiento y hasta su resu­rrección siguió siendo "la persona de Dios" (la esencia de Dios) pero sin los atributos de la Deidad. Este error se ha enseñado en dos periódicos: Faith and Facts, y With All Boldness. La edición de octubre, 1990 de Faith and Facts se dedica a este tema, y las citas dadas en la revisión ésta son de la misma. (No afirmo que todo hermano que escriba artículos en estos dos periódicos enseñan este error, pero para ser breve digo "los hermanos ff/wab" para indicar a los que sí lo enseñan.)

      ¿Cómo se explica la Deidad? ¡Cuántas veces hemos explicado la Deidad enu­merando los atributos de Dios, Deidad! ¿Cuáles son sus atributos? Su eternidad, inmutabilidad, omnipotencia, omniscien­cia, omnipresencia, perfecto amor, per­fecta justicia, perfecta santidad, perfecto amor, perfecta fidelidad, que es el Creador, el único que es adorado, el único que perdona pecados, etc.

      El error principal de los hermanos ff/wab se basa en una interpretación erró­nea de Fi­lipenses 2:6, 7. Dice Pablo que Cristo "siendo en forma de Dios, no es­timó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho seme­jante a los hombres". La expresión "se des­pojó a sí mismo" se explica inmediata­mente en los dos gerundios que siguen; es como si Pablo hubiera dicho "es decir, tomando forma de siervo" y luego diciendo cuándo lo hizo: cuando fue "hecho seme­jante a los hombres".

      El texto no dice que Cristo se despojó a sí mismo de sus atributos. Es increíble que nuestros hermanos en Cristo -- hermanos que profesan ser hermanos "conservadores" -- afirmen que Cristo podía ser Deidad y al mismo tiempo des­pojarse a sí mismo de los atributos de la Deidad. (Estos hermanos son culpables de "doble hablar", 1 Tim. 3:8, porque dicen que Cristo no dejó de ser Dios y luego se contradicen afirmando que se despojó a sí mismo de los atributos de la Deidad).

      La palabra "atributo" significa "cada una de las cualidades de un ser ... Teol. Cualquiera de las perfecciones propias de la esencia de Dios: la omnipotencia es un atributo de Dios" (Larousse). ¡Es absurdo decir que Cristo era Dios sin los atributos de Dios! ¿Puede alguno ser "hombre" sin los atributos de hombre? Hablar así es hablar locura.

 

Lo que la Biblia enseña acerca de la Deidad de Cristo

 

      Mat. 1:23, "Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros". Cons­tantemente Jesu­cristo lo demostró a través de su vida al demostrar sus atributos divinos.

      Juan 1:1,14 "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios ... Y aquel Verbo fue he­cho carne, y habitó entre nosotros (y vi­mos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad". El mismo Verbo que era con Dios y era Dios fue hecho carne. No era el Verbo sin sus atributos, sino el mismo Verbo que era con Dios y era Dios desde la eternidad.

      Col. 2:9, "Porque en él habita corpo­ralmente toda la plenitud de la Deidad". Con esta afirmación Pablo refuta a los fal­sos maestros que decían que Cristo no podía ocupar un cuerpo físico porque, según ellos, el cuerpo es pecaminoso y, por lo tanto, (decían) que Jesús era simple­mente un hombre. Ahora algunos de nues­tros propios hermanos que profe­san ser "conservadores" han caído en la misma trampa diciendo que Cristo, en cuanto a sus atributos, era simple­mente un hombre (que no poseía ningún atributo divino durante su vida terrenal).

      Estos hermanos están divididos sobre esta cuestión: algunos dicen que Cristo poseía los atributos divinos cuando estuvo en la tierra, pero que nunca los de­mostraba, es decir, que no hizo ni siquiera un solo acto de Deidad aquí en la tierra. Entonces, ¿con qué propósito afirman que los poseía?

     

      El Inmutable Cristo

 

      Heb. 13:8 dice, "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos"; es decir, Jesu­cristo es inmutable (no cambia). Pero la implicación y consecuencia de la doctrina de los hermanos ff/wab son que el in­mutable Cristo fue el "mutable Cristo" durante unos treinta y tres años de su exis­tencia; que el "eterno Cristo" dejó de ser eterno durante ese tiempo. Re­cuérdese que la eternidad y la inmutabili­dad son dos atributos inherentes de la Deidad; por lo tanto, si Cristo dejó sus atributos divinos cuando vino a la tierra, dejó su eternidad y su inmutabilidad. Que yo sepa no hay ningún hermano liberal que acepte tal in­sensatez. Estos hermanos "conservadores" son más liberales que muchos de los her­manos liberales.

      Los hermanos ff/wab dicen que el único poder sobrenatural poseído por Je­sucristo fue el poder recibido del Espíritu Santo y del Padre; es decir, Jesucristo no tenía ni autoridad ni poder inherentes du­rante su vida terrenal, sino que solamente com­partía el poder sobrenatural con los profe­tas, apóstoles y otros que recibieron poder de Dios. Dicen que a pesar de lo que Juan 2:24, 25 afirma, Jesucristo no era más om­nisciente que Pedro (Hech. 5:1-11; 8:21-23), y que a pesar de lo que Mar. 2:5-7 afirma, Jesucristo no podía per­donar pecados como Dios, sino sola­mente como lo hacían los apóstoles (Jn. 20:22, 23). Parece que estos hermanos "conservadores" han estudiado con los "testigos", porque comparten su deseo de menospreciar -- y aun blasfemar -- a Cristo.

      Juan 20:30, 31 dice, "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están es­critas en este libro. Pero éstas se han es­crito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre". Jesús hizo señales para demostrar sus atributos de Deidad. El no hizo señales para probar que El era "la persona de Dios", como afirman los hermanos ff/wab Esta expresión humana usada por estos hermanos no significa nada. No es bíblica. La Biblia dice que Cristo es Dios (Mat. 1:23; Jn. 1:1, 2; Rom. 9:5; Tito 2:13; 2 Ped. 1:1). Cristo hizo señales para de­mostrar los verdaderos atributos divinos, las cuali­dades inherentes e inseparables de Dios.  Así también El sabía los pen­samientos de los hombres y El perdonó pecados para demostrar los atributos de Dios que El poseía estando aquí en la tierra.

 

El propósito de los hermanos ff/wab es combatir el calvinismo en la iglesia

 

      El periódico Faith and Facts ha tomado la de­lantera en la lucha contra el calvi­nismo en la iglesia de Cristo y, por esto, tiene mucha influencia. (El periódico With All Boldness es más nuevo). Este servidor también ha participado en esta lucha. He predi­cado pública y privadamente, en el púlpito y por la hoja impresa, contra el calvi­nismo. No solamente he expuesto los errores del calvinismo original, sino tam­bién las doctrinas secundarias aceptadas por algunos hermanos, tales como "el perdón automático", "la limpieza con­tinua", "que los pecados de la flaqueza y de la ignorancia no se cargan al cristiano", "que el hombre tiene que pecar por causa de su naturaleza pecaminosa", "que tiene que pecar para cumplir la Escritura", etc. Por lo tanto al exponer la herejía de los hermanos ff/wab no me identifico de ma­nera alguna con los que simpatizan con al­gunos aspectos del calvinismo.

      Se explica esto porque una táctica car­nal de los hermanos ff/wab es la de acusar a los que resisten su nueva doctrina de ser "closet calvinists" (calvinistas a escondi­das), pero estoy dedicado a una lucha fuerte y continua contra todo aspecto del calvinismo, y también contra toda doctrina que niega la Deidad de nuestro Señor Je­sucristo.

      Estos hermanos enfatizan mucho la humanidad de Cristo y afirman que El fue tentado como hombre, para negar la doc­trina calvinista de que el hombre tiene que pecar por haber nacido con naturaleza corrupta. La Biblia enseña claramente la humanidad de Cristo (Fil. 2:7; Heb. 2:14, 17; 4:15, 16; 1 Tim. 2:5). El "fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado" (Heb. 4:15).

      Pero es en extremo absurdo negar la Deidad de Jesucristo para enfatizar su hu­manidad.

 

Algunas citas del periódico "Faith and Facts" (oct., 1990)

 

Afirman que Cristo se despojó a sí mismo de los atributos de la Deidad

 

      Dice un hermano (comentando Fil. 2:7): "He was still 'himself.' But he 'divested' (Macknight) himself of the at­tributes, powers, rights or characteristics of deity. Some brethren, along with de­nominational exegetes, are wont to argue that this emptying is only partial; that there are some things which he did while upon the earth that were the result of his deity, beyond the powers and attributes of humanity. I take it that the passage means just what it says, nothing more or less. I have no right to list excep­tions where the Lord has given none" (página 25).

      Traducción: "El era todavía 'él mismo'. Pero él 'desvistió' (Macknight) a sí mismo de los atributos, poderes, derechos o ca­racterísticas de la deidad. Algunos her­manos, junto con exegetas denomina­cionales, suelen argumentar que este vacia­miento es solamente parcial; que había algunas cosas que él hizo durante el tiempo que estaba en la tierra que fueron el resultado de su deidad, más allá de los poderes y atributos de la humanidad. Yo entiendo que el pasaje significa justa­mente lo que dice, ni más ni menos. No tengo el derecho de alistar excepciones donde el Señor no las ha dado".

      Fil. 2:5-7 es el texto principal usados por los hermanos ff/wab. Dice Pablo, "Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres". Este texto no dice que Cristo se despojó a sí mismo "de" algo, ni mucho menos que "vació" los atributos de Deidad. El hermano dice que "el texto significa justamente lo que dice", pero ¡el texto no dice lo que él dice! El concepto del hermano es total­mente ajeno a lo que Pablo dice en este texto. Pablo usa el verbo "se despojó" y luego inmediatamente emplea dos gerun­dios para explicar lo que significa el verbo "se despojó" y para probar su afirmación. Cristo "se despojó a sí mismo". ¿Cómo? "tomando forma de siervo". ¿Cuándo? cuando fue "hecho se­mejante a los hom­bres". La expresión "se despojó a sí mismo" no es un pensamiento completo; tiene que explicarse, y Pablo mismo lo ex­plica en la misma frase.

      Además, el verbo ekenosen (se despojó) es seguido por dos gerundios (morphen doulou labon, tomando forma de siervo y en omoiomati anthropon genomenos, hecho semejante a los hombres), los cuales expli­can y limitan el verbo (se despojó) y lo prue­ban. Los gerundios son "gerundios de modo" que explican cómo o en qué sen­tido Jesús se despojó a sí mismo. Una ver­sión inglesa introduce los gerundios con la palabra "by" (por): "by taking the nature of a servant" ("por tomar la naturaleza de un siervo") (The Twentieth Century New Testament). Esta versión expresa la idea correctamente, pues los gerundios expli­can y limitan cómo Jesús se despojó a sí mismo.

      Compárese Efes. 1:7- 9, "... su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia", ¿cómo? ver. 9, "dándonos a conocer el misterio de su vo­luntad". El gerundio explica y limita el verbo.

      Es una violación grave de este texto afirmar que Cristo se despojó a sí mismo de sus atributos divinos (una cosa comple­tamente imposible). Los gerundios expli­can el límite de la acción del verbo.

      Este texto es simplemente una hermosa declaración de la encarnación de Cristo, y Pablo dice esto para ilustrar la humildad que debemos manifestar unos para con otros (Fil. 2:1-14).

      Cristo, el Verbo, fue hecho carne, llegó a ser hombre y siervo de hombres, humi­llándose al máximo para salvarnos, pero los "testigos" del Atalaya y algunos hermanos "conservadores" usan este mismo texto para negar la Deidad de Cristo. ¡Increíble!

      Obsérvese que el hermano dice que "Algunos hermanos, junto con exege­tas denominacionales, suelen argumentar que este vaciamiento es solamente par­cial; que había algunas cosas que él hizo du­rante el tiempo que estaba en la tierra que fueron el resultado de su deidad, más allá de los poderes y atributos de la hu­manidad"; es decir, según el hermano, Je­sucristo no demostró aquí en la tierra ningún atributo divino ni hizo cosa al­guna en calidad de Dios; que cuando conoció lo que había en el hombre (Jn. 2:24, 25) lo hizo como hombre; que cuando perdonó pecados (Mar. 2:5), lo hizo como hombre; que cuando la gente vio a Cristo como un mero hombre vio al Padre (Jn. 14:9); que cuando calmó la tempestad, lo hizo como hombre, como los apóstoles que recibieron poder sobre­natural del Padre o del Espíritu Santo. Todo el propósito de estos hermanos es reducir a Jesucristo al estado de un mero hombre.

      El propósito principal de Mateo, Mar­cos, Lucas y Juan se expresa en Juan 20:30, 31; registran las señales que Jesús hizo probar que El es el Hijo de Dios (Dios el Hijo). Las señales de Jesús son una demostración amplia de sus atributos divinos (los atributos de Deidad). Mucha gente que vio esta de­mostración de sus atributos divinos se convenció de que Je­sucristo es el Hijo de Dios (Dios el Hijo) y varias personas lo confesaron. Sin em­bargo, dicen los hermanos ff/wab que la gente creía que Jesús es el Hijo de Dios simplemente porque El decía que lo es, y que las señales lo confirmaron. Según es­tos hermanos, Jesús no hizo señal alguna como Dios, sino solamente como hombre. ¿Cómo, pues, podía la gente creer en El como Dios si no hizo nada como Dios?

 

      Enseñan los hermanos ff/wab que Jesús era -- en cuanto a sus obras y en­señanzas -- igual a los apóstoles y profe­tas.

 

             "Jesucristo perdonó pecados, pero solamente como lo hicieron los apóstoles"

 

      Dice el mismo hermano: "Furthermore, through God's will the apostles, men, not deity, were told: 'Receive ye the Holy Ghost: whosoever sins ye forgive, they are forgiven unto them' (Jno 20:23). If men could do so, I deem it possible that Christ as a man could do it." (Página 27).

      Traducción: "Además, por la voluntad de Dios los apóstoles, hombres, no deidad, fueron dichos: 'Recibid al Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos' (Jn. 20:23). Si los hombres podían hacerlo así, yo considero que es posible que Cristo como hombre podía hacerlo".

      El hermano trata de ser consecuente. Habiendo afirmado que Cristo se despojó a sí mismo de todos los atributos de Deidad, y sabiendo que la autoridad de per­donar pecados es un atributo de Dios, él se siente obligado a decir, "Sí, Cristo se despojó a sí mismo de este atributo tam­bién". El hermano tiene que admitir que para ser conseucente tiene que enseñar que cuando Cristo vivió en la tierra, El no podía perdonar pecados por su propia au­toridad.

      Pero los judíos entendieron perfecta­mente que Jesucristo hizo el papel de Dios cuando perdonó al paralítico. "Cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?" (Mar. 2:6, 7). Es verdad que solamente Dios puede per­donar pecados. Los após­toles pudieron atar y desatar (Mat. 16:19; 18:18) en el sentido de predicar el evan­gelio de Dios inspirado por el Espíritu Santo. Las pala­bras "atar y desatar" equi­valen a perdonar o no perdonar. Pedro podía emplear las llaves del reino para "abrir" las puertas del reino por medio de la predicación inspi­rada por el Espíritu Santo en el día de Pentecostés (Hechos 2:4). Los apóstoles podían "perdonar pecados" solamente en el sentido de ser embajadores de Cristo (2 Cor. 5:20) que nombraron los requisitos enseñados por Dios para poder obtener el perdón. Ellos no podían perdonar peca­dos por su propia autoridad, pero Cristo sí podía hacerlo. Los apóstoles nunca fueron acusados de blasfemar porque nunca di­jeron a nadie, "te perdono".

      El tenía la autoridad inherente de Dios para perdonar. Los que niegan esto nie­gan a Cristo (Mat. 10:32, 33), porque nie­gan esta demostración de un verdadero atributo de Dios.

      En seguida se examina la doctrina de los hermanos ff/wab, punto por punto. Los siguientes encabezados, escritos entre comillas, presentan la doctrina de ellos:

 

"Cristo no podía resucitar por su propio poder"

 

      Sigue la afirmación del hermano: "The record clearly states that it was not Jesus' own power of deity which raised him from the tomb. One passage is sufficient on the point. 'This Jesus did God raise up, whereof we all are witnesses'. (Acts 2:32). When Jesus emptied himself to come in human flesh he depended upon God to give him life after death, and not on his own power as deity to rise up. He was a human, a man, that he might be mediator between God and man (1 Tim. 2:5)." Página 28.

      Traducción: "El registro dice clara­mente que no fue el poder propio de Jesús de deidad que lo resucitó del sepul­cro. Un pasaje es suficiente sobre el punto. 'A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos' (Hechos 2:32). Cuando Jesús se despojó a sí mismo para venir en carne humana él dependió de Dios para darle vida después de la muerte, y no sobre su propio poder de deidad para resucitar. El era un ser humano, un hombre, para que pudiera ser mediador entre Dios y el hombre (1 Tim. 2:5)".

      Es increíble que el hermano dijera esto después de leer y citar tantas veces lo que Jesús dice en Jn. 2:19, 21 ("Destruid este templo, y en tres días lo levantaré ... Mas él hablaba del templo de su cuerpo") y Juan 10:17, 18 ("yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo: Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre").

      El Padre y el Hijo siempre eran y son uno en su propósito y en su obra (Jn. 17:21). Cristo se identificó con el Padre repetidas veces durante su ministerio per­sonal. La voluntad del Padre siempre era y es la voluntad del Hijo. La comunión en­tre los dos era perfecta cuando Jesucristo vivió en la tierra; nunca fue destruida ni por un momento. Gozaban de una per­fecta unidad.

      Por lo tanto, el Hijo hace lo que el Padre hace. El Hijo hace la obra del Padre. El Padre levantó el cuerpo de Cristo y Cristo levantó su propio cuerpo. Es en ex­tremo absurdo afirmar que Cristo no tenía el poder de levantar su cuerpo del sepul­cro.

      En cuanto a ser Jesucristo nuestro Me­diador, hubiera sido imposible que El -- como un mero hombre -- llegara a ser nuestro Mediador. El es Emanuel, Dios con nosotros. Dios llegó a ser hombre para ser nuestro Salvador y nuestro Media­dor. Como un mero hombre, aunque hombre perfecto, no pudiera habernos salvado ni tampoco hubiera po­dido servir como nuestro Mediador.

      No es posible que comprendamos la encarnación de Cristo, pero podemos aceptarlo por fe. Esta doctrina no debe causar problema alguno para nosotros. Cristo tenía todos los atributos de Dios y todos los atributos de hombre. El ver­dadero Dios vino a ser verdadero hombre también.

 

"La Deidad de Jesús no fue confirmada por sus milagros"

 

      Dice otro hermano: "Brother ____________ makes a reasonable case from John 3:34 that Jesus at His baptism was endowed with the Spirit and by the Spirit was able to work miracles, discern men's hearts, give revelation, etc. To sub­stantiate his case __________ offers the follow­ing verses as proof that Jesus at­tributed His miraculous powers to a divine power outside of Himself (Jn. 5:30; 6:38; 7:16, 28; 8:28; 12:49; 14:10; 17:7-9). The fact that Jesus had certain of these powers no more substantiated His deity, than the fact that Moses, Elijah or Peter having these miraculous powers established they were divine." (Página 33).

      Traducción: "El hermano ___________ hace un argumento razonable sobre Juan 3:34 que cuando Jesús fue bautizado El fue dotado con el Espíritu y por el Es­píritu podía obrar milagros, discernir corazones de hombres, dar revelación, etc. Para confirmar su caso _______ ofrece los siguientes versículos como prueba de que Jesús atribuyó sus poderes milagrosos a un poder divino aparte de sí mismo (Jn. 5:30; 6:38; 7:16, 28; 8:28; 12:49; 14:10; 17:7-9). El hecho de que Jesús tenía cier­tos de estos poderes no confirmó su deidad más que el hecho de que Moisés, Elías o Pedro tenían estos poderes mila­grosos confirmó que ellos eran divinos".

      Estos textos enfatizan la unidad per­fecta entre el Padre y el Hijo. La comu­nión entre el Padre y el Hijo siempre ha sido perfecta. Cristo se identificó con el Padre repetidas veces para afirmar su propia Deidad. La expresión "Hijo de Dios" significa que Cristo es Dios el Hijo, que es lo mismo que el Padre, igual al Padre, de la misma naturaleza que el Padre (Heb. 1:3). Cristo es eterno y no tuvo origen; no es "Hijo" en el sentido de descendiente. "Hijo" significa "lo mismo", la misma naturaleza, teniendo todos los atributos de Dios. "En él habitó corporal­mente toda la plenitud de la deidad" (Col. 2:9).

      Los judíos sabían que el Padre es Dios y, por lo tanto, era necesario convencerles que el Hijo tam­bién es Dios. Cristo hizo las obras del Padre (Jn. 10:37), demostrando los atribu­tos de Deidad, para convencer a los judíos y a todo el mundo que El es Dios. Si Cristo hubiera estado en el mundo sin los atributos de Deidad (cosa imposible desde luego), no pudiera haber probado que era Deidad. No bastaba con simplemente decir que era Dios. La única manera de probar su Deidad era de­mostrar que El poseía los atributos divi­nos, y lo hizo repetidas veces. Cristo era y es igual al Padre (Jn. 5:18), fue adorado por hom­bres y ángeles como el Padre (Jn. 5:23) y los que vieron al Hijo vieron al Padre (Jn. 14:9). Los judíos entendieron que cuando Jesucristo llamó a Dios "Padre" se hizo a sí mismo igual a Dios (Jn. 5:18), que siendo hombre se hizo Dios (Jn. 10:33).

      Los milagros de Moisés, Elías y los apóstoles confirmaron su mensaje (Mar. 16:20; Heb. 2:3, 4), pero ellos no podían hacer las obras del Padre como las hizo Jesucristo. Los profetas y apóstoles no sabían los pensamientos de los hombres (Jn. 2:24, 25; Mat. 9:4; 12:25; Luc. 5:22; 11:17) ni mucho menos podían perdonar pecados por su propia autoridad como lo hizo Jesús (Mar. 2:5). ¿Qué profeta o apóstol jamás ha dicho, "El que ha visto a mí, ha visto al Padre"? (Jn. 14:9). Los pro­fetas y apóstoles no eran eternos e in­mutables como Cristo (Heb. 13:8); no vinieron desde el cielo como El. "El que de arriba viene, es sobre  todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre to­dos. Y lo que vio y oyó, esto testifica" (Juan 3:31,32). Los apóstoles y profetas no vinieron del cielo y no habían visto cosas celestiales, pero Cristo era testigo ocular de lo que El testificaba.

      Este hermano cita varios tex­tos para probar que Jesucristo era sim­plemente un hombre que recibió ciertos poderes del Padre. El cree que Juan 3:34 dice que el Espíritu Santo fue dado a Je­sucristo sin medida. El texto no dice esto, pero varios textos afirman que Cristo recibió poder, enseñanzas, etc. del Padre y del Espíritu Santo, pero el hermano no cita Juan 16:7 que dice que Jesucristo envió al Espíritu Santo. Si los textos citados por el hermano indi­can que Cristo, por recibir algo del Padre o del Espíritu Santo, no tenía los atributos de Deidad, entonces Juan 16:7 indica que tampoco los tiene el Espíritu Santo, porque Cristo lo envió. Tal con­clusión es absurda como también el argu­mento del hermano es absurdo.

      La palabra "Dios" es plural. Gén. 1:26, "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen". "Dios en tres personas, bendita Trinidad". La palabra "Trinidad" no está en la Biblia (como la palabra "Biblia" no está en la Biblia), pero sim­plemente quiere decir que hay tres per­sonas en la Deidad y esta verdad no se puede refutar. Cada Persona de la Deidad tiene su función pero son uno en su divino propósito y obra.

 

"Jesucristo era un ser híbrido"

 

      Dice un hermano (página 49): "They insist that he did not live among us as a man, but as some hybrid being - 'God/man'."

      Traducción: "Ellos insisten en que él no vivió entre nosotros como un hombre, sino como algún ser híbrido - 'Dios/hombre'".

      Los "testigos" usan esta palabra ("híbrido") para despreciar a Cristo: "Neither was Jesus a combination of the two natures, human and spiritual. The blending of two natures produces neither the one nor the other, but an imperfect, hybrid thing." (Studies in the Scriptures, Volume V, p. 179).

      Traducción: "Tampoco era Jesús una combinación de las dos naturalezas, hu­mana y espiritual. El armonizar las dos naturalezas no produce ni la una ni la otra, sino una cosa imperfecta, híbrida".

      El "Cristo" de los "testigos" y de estos hermanos nunca existió.

 

Un diagrama preparado por otro

 escritor de ff/wab

 

      En la página 88 del periódico aparece un diagrama que afirma abierta y clara­mente que Cristo se despojó a sí mismo de los atributos de Deidad cuando llegó a ser hombre. El especifica los siguientes atri­butos: los poderes de Dios, la igualdad, la gloria, la imposibilidad de ser tentado, la omnipotencia, la omnisciencia y la om­nipresencia. En seguida el hermano pre­senta algunas objeciones a la doctrina de él con su respuesta.

 

Algunas objeciones a la enseñanza de este hermano citadas por El, junto con la respuesta de El.

      Objeción (no. 1): "Christ is called God" ("Cristo es llamado Dios").

      Respuesta del hermano: "Yes, Christ was, is and ever will be God, the very per­son of deity. To accept Paul's statement that Christ emptied himself of his divine at­tributes does not deny the fact that Christ was the person of God in the flesh."

      Traducción: "Sí, Cristo era, es y siem­pre será Dios, la misma persona de deidad. Aceptar la afirmación de Pablo que Cristo se despojó a sí mismo de sus atribu­tos divinos no niega el hecho de que Cristo era la persona de Dios en la carne".

      Estos hermanos se engañan solos creyendo que no están negando la Deidad de Cristo porque afirman que Cristo siguió siendo "la persona de Dios" pero sin sus atributos de Deidad. La expresión "la persona de Dios" no es lenguaje bíblico. Ellos afirman algo que no pueden probar con la Biblia. La Biblia no dice lo que ellos dicen. La Biblia no habla de "la persona de Dios" aparte de los atributos de Dios. Tal concepto es completamente erróneo. Es simplemente otro diseño de Satanás para negar a Cristo.

      Objeción (No. 2): "Christ could not be God without the attributes or powers of God." Traducción: "Cristo no podía ser Dios sin los atributos o poderes de Dios".

      Respuesta del hermano: "This presump­tion contradicts Paul's plain statement concerning Christ Jesús, ... (Phil. 2:6-7). Further, it contradicts the plain and sim­ple statements of Christ in the gospels, which affirm that Christ did not have all the divine attributes or pow­ers in the flesh on earth (glory, John 17:5; omniscience, Mk. 13:32; omnipotence, Mt. 28:18 (the power over all things was given to him af­ter his resurrection); omnipres­ence, Eph. 4:10)."

      Esta objeción a la doctrina del hermano es perfectamente legítima. Es la pura ver­dad. Cristo no podía ser llamado Dios si no tenía (por treinta y tres años) los atri­butos de Dios. En primer lugar el in­mutable Cristo no podía y no puede cam­biar; lo que afirman estos hermanos es una verdadera imposibilidad. Cristo no podía y no puede dejar de ser lo que es. ¿Puede Dios el Padre despojarse a sí mismo de sus atributos de Deidad? ¿Puede el Espíritu Santo despojarse a sí mismo de sus atributos de Deidad? Si Dios deja de tener sus atributos de Dios ¿todavía será Dios? ¿Puede el hombre des­pojarse de los atributos humanos y seguir siendo hombre?

      Pablo no dijo en Fil. 2:7 que Cristo se despojó a sí mismo "de" algo, ni mucho menos de sus atributos divinos. La expre­sión "se despojó a sí mismo" no es un pen­samiento completo, sino que tuvo que ser explicado, y Pablo lo explicó inmediata­mente, empleando dos gerundios para ex­plicar el verbo "despojarse", diciendo, "tomando forma de siervo, hecho seme­jante a los hombres". El simplemente se refiere a la encarnación de Cristo y lo hace en forma bien clara.

      En seguida examinaremos los atributos que, según el hermano, Cristo dejó:

      La gloria. Cristo no se despojó a sí mismo de la gloria que es un atributo in­herente de la Deidad; tal cosa hubiera sido imposible. El no estaba sin gloria aquí en la tierra (Jn. 1:14; Mat. 17:2, etc.). Pero El dice en Jn. 17:5, "Ahora, pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese", dando a entender que ahora pronto dejaría el cuerpo físico que por cierto no era tan glorioso como su es­tado celestial. Pablo dice, "el cual trans­formará el cuerpo de la humillación nues­tra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya" (Fil. 3:21).

      La omnisciencia. El hermano cita Mar. 13:32 ("Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre") para probar que Jesucristo había abandonado su omnisciencia. El hermano no toma en cuenta que si este texto niega la omni­sciencia del Hijo, también niega la omni­sciencia del Espíritu Santo, porque Cristo dice "nadie sabe". Lo que prueba dema­siado no prueba nada. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno en su propósito y en su obra, pero cada Quien tiene su función. Cristo dice claramente (Hech. 1:7) que la prerrogativa del Padre fija "los tiempos y las sazones". Lo que Jesús dice en Mar. 13:32 no tiene nada que ver con la omnisciencia, sino con el papel de cada Persona de la Deidad.

      La omnisciencia de Jesucristo se ha afirmado clara y enfáticamente en Jn. 1:47; 2:24, 25; 4:17, 18; 6:70, 71; 11:14; 13:38 (y a través del libro de Juan); Mat. 9:14; 12:25; Luc. 5:22; 11:17, etc. Los hombres inspirados no eran omniscientes. No había "don de om­nisciencia" entre los nueve dones del Es­píritu Santo (1 Cor. 12:8-10).

      Pedro dijo la pura verdad cuando dijo, "Señor, tú lo sabes todo" (Jn. 21:17). El no dijo "Señor, tú y yo lo sabemos todo". Los hermanos ff/wab citan Hech. 5:3; 8:21-23, y afirman que Pedro era tan omnisciente que Cristo. Obviamente el Espíritu Santo reveló a Pedro lo que hicieron Ananías y Safira, y en cuanto a Simón, su misma pregunta indicó lo que pensaba y qué clase de carácter tenía. Pero estos textos no afirman que Pedro era omnisciente, ni que sabía los pen­samientos y conocía el carácter de Ananías y Safira. Todo el mundo sabe los pen­samientos y hechos de otros cuando se demuestran en su con­ducta, pero Cristo no tenía que ver ningún hecho para saber los pensamientos de los hombres, porque El era y es omnisciente.

      La omnipotencia. A través de su minis­terio Cristo demostró claramente los atributos de Deidad. El no hizo señales que eran simplemente "señales de após­tol" (2 Cor. 12:12), sino las señales que demostraron su Deidad. Los apóstoles no  perdonaron pecados por su propia autori­dad, ni sabían los pen­samientos de los hombres, ni fueron adorados. Cuando los judíos vieron a Cristo vieron al Padre (Jn. 14:9), pero cuando vieron a los apóstoles, no vieron al Padre.

      Los "testigos" leen Mateo, Marcos, Lu­cas y Juan y concluyen que Jesucristo no era Dios, sino solamente "un dios". Los hermanos ff/wab leen Mateo, Marcos, Lu­cas y Juan y  dicen que Jesucristo no hizo un solo acto de Deidad en la tierra. Tanto la enseñanza de estos hermanos como la de los "testigos" hacen burla de los cuatro libros inspirados que enseñan que Jesu­cristo demostró claramente -- en su vida, en su doctrina, y en sus obras -- los atribu­tos de Deidad.

      ¿Qué diferencia había entre las obras de Cristo y las de los apóstoles? Según los hermanos ff/wab, no había diferencia al­guna. Afirman que  las señales de Jesu­cristo probaron que El era el Hijo de Dios porque El dijo ser el Hijo de Dios, y que las señales de los apóstoles probaron que fueron enviados por Dios, porque es lo que ellos dijeron. Recuérdese que estos hermanos afirman que Jesucristo no podía hacer señal alguna por su propia autori­dad como Hijo de Dios, sino que El -- al igual que los apóstoles y profetas -- ac­tuaba solamente como hombre que recibió poder del Padre y del Espíritu Santo.

      La omnipresencia. El hermano cita Efes. 4:10 ("El que descendió ... también subió") y Mat. 8:24 (Cristo estuvo en una barca) para probar que Cristo no era om­nipresente cuando estuvo en la tierra. Desde luego el cuerpo de Jesús estuvo en un sitio a la vez, pero Cristo, Dios el Hijo, no estaba limitado a un cuerpo físico. Nuestra mente finita no puede compren­der cómo la presencia de Dios (Padre, Hijo, Espíritu Santo) llena el universo, pero lo aceptamos por fe. Cristo nunca dejó de ser Dios cuando llegó a ser Jesús de Nazaret y uno de sus atributos es la omnipresencia. El libro de Juan destaca la omnisciencia de Jesús y la omnisciencia implica la omnipresencia. No se afirma que el cuerpo de Jesús era omnipresente, sino que Cristo (siendo Dios y, por eso, siendo Espíritu) era omnipresente.

      Sería bueno volver a leer 1 Reyes 8:27, "Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?" Dice Cristo (Mat. 18:20) cuando todavía estaba en la carne, "Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos". El usa verbos del tiempo presente: "están" y "estoy". ¿Quieren estos hermanos afirmar que Jesucristo no podía hacer lo que prometió hacer (estar con dos o tres de sus discípulos congregados en cualquier sitio) durante su ministerio personal?

      Obsérvese lo que dice Juan 1:18, "A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" y Juan 3:13, "Nadie subió al cielo, sino que el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo". En cuanto a su Deidad, Cristo no dejó de estar en el cielo cuando ocupó el cuerpo de Jesús. El es omnipresente, pre­sente en todo lugar. (Dice La Biblia de las Américas en el margen que "Los mss. más antiguos no incluye: que está en el cielo", pero aun así incluye esta frase en el texto porque coincide con todo lo que Juan afirma acerca la Deidad de Jesu­cristo).

      Comentario adicional por el hermano: "Does a man stop being a man because he loses the human attribute of locomotion, of manual manipulation and a host of other powers. Although a paraplegic loses these human attributes or powers, he re­mains the same person and he is still a man. The powers or attributes of God do not make the person of God. Christ's emptying himself of these powers, did not extinguish his person and identify as God."

      Traducción: "¿El hombre deja de ser hombre porque pierde el atributo humano de la locomoción, de la manipulación manual y una hueste de otros poderes? Aunque un parapléjico pierde estos atri­butos o poderes humanos, él sigue siendo la misma persona y todavía es un hombre. Los poderes o atributos de Dios no hacen la persona de Dios. El despojarse Cristo de estos poderes no extinguió su persona e identidad como Dios".

      En este párrafo el hermano se atreve -- con plena impudencia -- a pintar la ima­gen exacta de su concepto de Cristo. Según él la "deidad" de Cristo es una "deidad" parapléjica o paralizada; es de­cir, Jesucristo no podía -- por su propio poder o autoridad -- hacer ninguna cosa divina. No podía hacer ningún milagro, ni echar fuera demonios, andar sobre el agua, saber pensamientos humanos, per­donar pecados, etc. porque aunque era "deidad" ("la persona de Dios") estaba paralizado y sin poder. ¿Este es el Cristo que llegó a ser nuestro Salvador y Media­dor?

      Pero en realidad la condición del "Cristo" de estos hermanos es aun más triste que la de un parapléjico, porque éste no está totalmente paralizado. El to­davía tiene uso de la mente, los ojos, la lengua, etc. Por lo tanto, la condi­ción de Cristo -- según los hermanos ff/wab -- era aun peor que la del hombre parapléjico, porque el "Cristo" de ellos no tenía ninguna facultad divina, y no podía hacer cosa alguna como Dios. Era Dios pero des­provisto de todo atributo de Dios. Era peor que un parapléjico. Era una es­pecie de "dios muerto", sin fuerza alguna. Les conviene escribir la palabra "Dios" con le­tra miníscula ("dios") como lo hacen los "testigos".

      Tal "Cristo" no podía haber salvado a nadie. Gracias a Dios, no existe el "Cristo" de estos hermanos que estaba más para­lizado que un parapléjico.

      Objeción (No. 3): "Christ's miraculous powers shows he did not give up divine at­tributes." ("Los poderes milagrosos de Cristo muestran que El no dejó atributos divinos").

      Respuesta del hermano: "Those who raise this objection refer in passing to the miracles Jesus performed, but they particu­larly refer to John 2:25, 'He knew what was in man' ... If the apostle Peter could know the thoughts and intents of Ananias and Sapphira and Simon by the power of the Holy Spirit (Acts 5:1-10; 8:21-23), so could Christ in the flesh (Mt. 12:28; Lk. 4:14, 18; Acts 10:38)."

      Traducción: "Los que levantan esta objeción se refieren de paso a los milagros que Jesús hizo, pero en particular se re­fieren a Juan 2:25, 'él sabía lo que había en el hombre' ... Si el apóstol Pedro podía saber los pensamientos e intentos de Ananías y Safira y Simón por el poder del Espíritu Santo (Hech. 5:1-10; 8:21-23), también Cristo, en la carne, podía hacer lo mismo (Mat. 12:28; Luc. 4:14, 18; Hech. 10:38)".

      Según esta doctrina falsa, las obras de Jesucristo eran exactamente como las de los apóstoles y profetas. El apóstol Pedro tenía la misma capacidad para saber los pensamientos de los hom­bres que Jesús tenía. Nos preguntamos: ¿Por qué no dice Juan (2:24, 25) que Pe­dro "sabía lo que había en el hombre"? ¿Por qué no dice Mateo (9:4), "Y cono­ciendo Pedro los pensamientos de ellos"? Lucas escribió Hech. 5 y 8. ¿Por qué no dijo "Pedro, en­tonces, conociendo los pen­samientos de ellos"? (Luc. 5:22; 11:17).

      Según estos hermanos los milagros de los apóstoles eran iguales a los de Cristo. Por lo tanto, si Pedro hubiera dicho que él también era divino, entonces le convenía al pueblo creerlo, porque hacía las mismas señales que Jesús hacía. De esa manera Pedro pudiera haber confesado que él mismo era el Cristo y Tomás pudiera haber dicho a Pedro, "Señor mío, Dios mío". El argumento de los hermanos ff/wab ayuda al clero romano para probar que Pedro era, por lo menos, la cabeza de la iglesia aquí en la tierra.

      Objeción (No. 4): "The authority to for­give sins shows he retained his divine at­tributes in the flesh." ("La autoridad de perdonar pecados muestra que él retuvo sus atributos divinos en la carne".)

      Respuesta del hermano: "Jesus, in turn, delegated the power of the forgiveness of sins to his apostles (Jn. 20:23). The power of the apostles was a delegated authority as Christ's power had been delegated." (Traducción: "Jesús, en turno, delegó el poder de perdonar pecados a sus após­toles, Jn. 20:23. El poder de los apóstoles fue una autoridad delegada como el poder de Cristo le había sido delegado".)

      Los judíos entendieron este asunto mu­cho mejor que estos hermanos. Cuando Cristo dijo al paralítico, "Hijo, tus pecados te son perdonados", algunos escribas "cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?" (Mar. 2:5-7). Los judíos entendieron per­fectamente que solamente Dios puede perdonar pecados; por eso, el perdonar pecados es un acto de Dios (Deidad). Cristo, por su propia autoridad, perdonó pecados cuando vivió como hombre en la tierra, y este acto de perdonar pecados fue una demostración de sus atributos de Deidad.

      Los apóstoles podían atar y desatar (Mat. 16:19; 18:18) y perdonar pecados solamente en el sentido de predicar bajo la dirección del Espíritu Santo los requisi­tos para obtener el perdón. De esta ma­nera Pedro usó las "llaves del reino" (Hech. 2, 10). El clero romano dice que los apóstoles podían perdonar pecados, y los hermanos ff/wab están de acuerdo con los católicos, pero Dios no ha "delegado" a ningún hombre la autoridad de perdonar peca­dos. Tampoco le da a hombre alguno el poder de conocer el corazón de la gente. Los apóstoles no eran confesores con el poder de absolver pecados.

      Objeción (No. 5): "Christ retained his di­vine attributes because he accepted wor­ship." ("Cristo retuvo sus atributos divinos porque él aceptó la adoración".)

      Respuesta del hermano: "He accepted worship because he was in fact the person of God." ("El aceptó la adoración porque él era en realidad la persona de Dios").

      Este punto es muy importante. Cristo fue adorado muchas veces porque El de­mostraba  los atributos divinos continua­mente durante su ministerio. La Biblia no habla como hablan los hermanos ff/wab (1 Ped. 4:11). No dice que Je­sucristo era "la persona de Dios", sino que es Dios (Jn. 1:1,2; Rom. 9:5; Tito 2:13; 2 Ped. 1:1). Al­guna "persona" sin los atributos de Deidad no es Deidad, y no puede ser adorado (Mat. 4:11), pero Cristo de­mostró día tras día, en toda manera posi­ble, los atributos de Deidad.

      Objeción (No. 6): "Col. 2:9, 'For in Him dwelleth all the fulness of the Godhead bodily." ("Col. 2:9, 'Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad'".)

      Respuesta del hermano: "In Col. 2:9 Paul describes the glorified Christ, his state after his resurrection and exaltation. Paul is not describing the divine attributes of Christ in the flesh on earth." ("En Col. 2:9 Pablo describe al Cristo glorificado. Pablo no está describiendo los atributos divinos de Cristo en la carne en la tierra".)

      ¿Dónde aprendió esto el hermano? El niega lo que Pablo afirma. ¿Sabrá más que Pablo? ¿Dónde dice Pablo que la plenitud de la Deidad no habitó corpo­ralmente en Cristo antes de su resurrec­ción, sino solamente después. Es precisa­mente lo que los gnósticos creían. Ne­garon que Cristo podía ocupar un cuerpo físico (1 Jn. 4:1-4). El argumento de Pablo hubiera sido completamente inútil si lo hubiera aplicado solamente a Cristo des­pués de su resurrección.

      La verdad es que la plenitud de la Deidad habita eternamente en Cristo y es en extremo absurdo decir que ésta dejó de habitar en El durante treinta y tres años.

      Otra objeción a esta falsa doctrina (no mencionada por el hermano): ¡Cristo es eterno! El dice (Jn. 8:24, 58), "si no creéis que yo soy, en vues­tros pecados moriréis ... antes que Abra­ham fuese yo soy". El nombre YO SOY es el nombre de Dios (Ex. 3:14). Indica su naturaleza eterna e in­dependiente. Existe por sí solo. "Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso" (Apoc. 1:8, 17; 22:13). Cristo no dejó de ser eterno du­rante unos treinta y tres años. No era eterno "de vez en cuando". ¿Cómo podía Cristo ser eterno y dejar de ser eterno por treinta y tres años y luego volver a ser eterno? Cristo es eterno e inmutable (Heb. 13:8).

      Otra objeción a esta falsa doctrina (no mencionada por el hermano): Cuando el pueblo conoció a Cristo, conoció al Padre (Jn. 8:19), cuando vio a Cristo, vio al Padre (Jn. 14:9).

      Los hermanos ff/wab simple y sencilla­mente no entienden el nombre "Hijo de Dios". Cristo no es "Hijo" en el sentido de "descendiente". El no fue creado como di­cen los "testigos". El no comenzó a existir cuando Jesús nació de María. Cristo es eterno. "Hijo de Dios" significa "lo mismo" que Dios, o "igual" a Dios" (Jn. 5:18). Al decir que Dios era su Padre decía que El (Cristo) era (es) Dios. Los judíos en­tendieron esto. "Yo y el Padre uno somos. Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle ... te apedreamos ... por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios" (Jn. 10:30-33). Cuando Cristo dijo que Dios era su Padre, El decía que El (Cristo) era Dios, y así los judíos le entendieron.

      ¿Con qué "prueban" estos hermanos su teoría? No la prueban y no la pueden pro­bar. El argumento entero de ellos se basa en una interpretación torcida de Fil. 2:7. Que el Señor permita que examinen con más cuidado lo que están diciendo y que se arrepientan de esta herejía. Estos her­manos no traen la doctrina de Cristo y no debe haber comunión con ellos (2 Jn. 9-11) hasta que abandonen su error. La di­visión es cosa terrible y triste, pero el error o divide la iglesia o la corrompe. Por lo tanto, Pablo dice, "Mas os ruego, her­manos, que os fijéis en los que causan di­visiones y tropiezos en contra de la doc­trina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos" (Rom. 16:17). Espe­ramos que este error nunca se enseñe en los países latinos, pero lamentablemente casi todo error originado en la iglesia de los Estados Unidos llega tarde o temprano a otros países. Por lo tanto, es necesario enseñar la verdad sobre este tema y de­nunciar fuertemente la herejía de los hermanos ff/wab.

      "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Je­sucristo está en vosotros, a menos que es­téis reprobados?" (2 Cor. 13:5).

 

Posdata (agosto de 1995)

 

      En un debate público que se llevó a cabo en junio de 1995 el principal proponente de esta herejía (John Welch) va de mal en peor, afirmando (1) (20-6-95) que Jesús fue creado (doctrina de los testigos del Atalaya); (2) (23-6-95) que sólo Dios es inmortal; que Cristo era inmortal antes de venir a la tierra, pero que llegó a ser mortal cuando vino a la tierra; y (3) (23-6-95) que el espíritu de Cristo murió en la cruz. Esta herejía ha llevado a estos hermanos muy lejos de la verdad.

 

"Dios no puede morir"

      Se afirmó que el "espíritu" de Cristo murió para probar que El había dejado sus atributos divinos (por ende, su inmortalidad) en el cielo. Se afirmó que Dios no puede morir, pero que Cristo sí murió. Lo que han "probado" con este argumento, sin embargo, es que Cristo no es Dios (niegan su Deidad).

      Desde luego, Dios no puede morir porque El es Espíritu (4:24). El cuerpo de Jesús murió, pero su Espíritu no murió. Tampoco puede morir el espíritu del hombre (Mat. 10:28), pues la muerte es solamente la separación del espíritu del cuerpo (Sant. 2:26).

 

Cristo no tuvo dos espíritus

      Cristo -- el Verbo, Dios, Espíritu -- fue hecho carne (llegó a ser hombre). Para esto no era necesario que El tuviera espíritu humano, porque ya era Espíritu. Dios es Espíritu (4:24) y el hombre es espíritu (con cuerpo). ¿De dónde vino el espíritu del hombre? "Creó Dios al hombre a su imagen" (Gén. 1:27). Somos "linaje de Dios" (Hech. 17:29). Dios es el "Padre de los espíritus" (Heb. 12:9). Dios "forma el espíritu del hombre dentro de él" (Zac. 12:1). Al morir el cuerpo del hombre, su espíritu vuelve a Dios quien lo dio (Ecles. 12:7). Los que mueren en el Señor son "los espíritus de los justos hechos perfectos" en el cielo (Heb. 12:23).

      Al entender y creer esta verdad (que el hombre es espíritu), no es difícil creer en la encarnación de Cristo. Cristo (Espíritu) vino a ser hombre (que es espíritu con cuerpo físico). Algunos dicen que Jesús tuvo que tener dos espíritus, que aparte de tener Espíritu divino también tuvo espíritu humano, pero la encarnación de Cristo no requería dos espíritus.

      Debido a la estrecha identidad y afinidad entre Dios y el espíritu del hombre, no era nada difícil que Cristo desempeñara el papel humano. Cristo es el Creador (1:3) del espíritu humano; ¿le sería difícil, pues, hacer el papel de ese espíritu que El mismo creó? Claro que no. Desde luego, este es un tema muy profundo que la mente finita no puede comprender a fondo, pero lo importante es que todos crean en la encarnación de Cristo y que no salgan con teorías y especulaciones humanas. "Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí" (Mat. 11:6).

     

      -- y habitó entre nosotros -- En Cristo Dios llegó a ser hombre, vivía y trabajaba entre los hombres, enseñaba a las multitudes, discutía con los líderes religiosos, sanaba a los enfermos, consolaba a los dolientes, lloraba porque tenía mucha compasión de la gente ... y de esa manera reveló al Padre. Al conocer a Cristo conocemos a Dios. El es Emanuel, Dios con nosotros.

      Literalmente, El levantó su tienda o tabernáculo entre nosotros. El tabernáculo del Antiguo Testamento era la morada de Dios en el desierto. Esta expresión era muy significativa para el pueblo de Israel, porque Dios habitó entre ellos en ese tabernáculo y después en el templo (Ex. 40:34; 1 Reyes 8:11). Jesús dijo que su cuerpo era el templo (2:19-21).

      -- (y vimos su gloria, -- Los apóstoles y discípulos de Jesús vieron su gloria en su vida perfecta y en todas sus obras, y Juan, Jacobo y Pedro vieron una manifestación especial de la gloria de Cristo cuando fue transfigurado (Mat. 17:1, 2; Luc. 9:32; 2 Ped. 1:16-18).

      -- gloria como del unigénito del Padre), -- 1:14, 18; 3:16, 18). La palabra unigénito no tiene nada que ver con su nacimiento de María. Desde luego, no tiene nada que ver con el concepto de origen, porque siendo Dios eterno no tuvo origen. Es término significativo empleado por Juan para afirmar la relación es­trecha y única que Cristo gozaba con el Padre. El está y siempre ha estado "en el seno del Padre". "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios" (1:1).

      Así pues, el término monogenes, unigénito, no se refiere a la encarnación sino a la relación eterna de Cristo con el Padre. Significa el único de esa clase. Abraham "ofrecía su unigénito" (Heb. 11:17), es decir, a Isaac, porque éste era el único heredero. Ismael nació primero pero no era el heredero. Al hablar de Cristo Juan dice monogenes y los sinópticos usan la palabra agapetos, amado (Mat. 3:17; 17:5; Mar. 1:11; 9:7; Luc. 3:22), pero Lucas dice monogenes al hablar del "hijo único" de la viuda de Naín (7:12), de la hija de Jairo ("hija única") (8:42), y del muchacho endemoniado, "pues es el único que tengo" (9:38). Cristo, pues, es el único Hijo de Dios porque demostraba los atributos de Dios. Dios no tiene otro hijo como Cristo. Los cristianos son hijos de Dios, pero Cristo es el unigénito Hijo de Dios.

      -- lleno de gracia (en su obra redentora) y de verdad (de su enseñanza). -- 1:16, 17.

 

1:15, 16 Juan dio testimonio de él, y clamó diciendo: Este es de quien yo decía: El que viene después de mí, es antes de mí (o, tiene un rango más elevado que yo, LBLA, margen); porque era primero que yo. Porque de su plenitud (Efes. 1:23; Col. 1:19; 2:9) tomamos todos, (estando unidos con El, Gál. 3:26, 27, tenemos comunión con El, 1 Cor. 1:9), y gracia sobre gracia (plenitud de gracia).

 

1:17 Pues la ley (con sus tipos, sombras y figuras, Col. 2:16, 17; Heb. 8:4, 5; 10:1, que era un ministerio de muerte, 2 Cor. 3:7) por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad (el evangelio, el ministerio de justificación, 2 Cor. 3:9) vinieron por medio de Jesucristo. -- Este texto enfatiza que el evangelio ("la gracia y la verdad") es superior a la ley de Moisés, pero la ley nunca compitió con el evangelio. Más bien, Cristo y los apóstoles explican ampliamente el papel importante de Moisés y de la ley de preparar al pueblo para la venida de Cristo. "Si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él" (5:46).

      Aunque gracia era una de las palabras favoritas de Pablo, Juan no vuelve a usarla, pero repetidas veces habla de la verdad. La verdad estaba manifestada en Cristo quien estaba "lleno de gracia y de verdad" (1:14); "la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (1:17); "digo la verdad" (8:45; 16:7); "Yo soy ... la verdad" (14:6); "para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad" (18:37); "conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (8:32); "el que practica la verdad viene a la luz" (3:21); Cristo enviaría al "Espíritu de verdad" (14:17; 15:26); "él os guiará a toda la verdad" (16:13) (FP).

 

1:18 A Dios nadie le vio jamás (Deut. 4:12; 1 Jn. 4:12, 20); el unigénito Hijo (el unigénito Dios, LBLA), que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. -- La traducción de LBLA tiene más apoyo de los manuscritos. "El unigénito Hijo ... Esta es la lectura del Textus Receptus ... Pero los más antiguos y mejores MSS. griegos (Alef, B, C, L) leen monogenes theos (Dios unigénito), que es indudablemente el verdadero texto" (ATR).

      Dios es conocido por sus maravillosas obras (Rom. 1:20; Sal. 19), pero Cristo "le ha dado a conocer" perfectamente (8:19; 12:45; 14:9).

 

1:19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? -- Juan habla de la multitud (los habitantes en total de Palestina, principalmente los galileos) y de los judíos, los de Judea y en particular de Jerusalén que se oponían a Jesús. La multitud, menospreciada por los judíos (7:49), escuchaba a Jesús y muchos creían en El; aun querían obligarle a ser su rey (6:15), y cuando Jesús entró en la ciudad de Jerusalén "clamaban: ¡Hosanna! ¡ ... rey de Israel!" (12:13). Los judíos (los escribas y fariseos, los saduceos, los ancianos, los principales sacerdotes y los doctores o intérpretes de la ley) eran tenaces en su expectación de un Mesías nacional. Eran los instigadores y líderes de la oposición contra Jesús que resultó en su crucifixión. (MRV).

      Esto judíos querían saber más acerca de Juan. Tenían que investigar tales movimientos porque tenían que dar cuenta a los romanos de cualquier amenaza a la paz. Los romanos daban mucha libertad a las naciones sojuzgadas, pero insistían en que los gobernantes mantuvieran el buen orden. Muchísimas personas habían salido de Jerusalén y de toda Judea para escuchar a Juan y para ser bautizados por él. Entonces ¿quién sería este bautizador?

      -- Este es el testimonio de Juan -- En una ocasión Jesús preguntó, "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" (Mat. 16:13). El testimonio de la gente que vio y escuchó a Jesús era muy importante. He aquí el testimonio acerca de Jesús registrado por Juan en este libro:

      Juan (el autor de este libro) (21:24): "Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero" (19:34, 35).

      Juan el bautista: "el Cordero de Dios ... " (1:29, 36).

      Andrés: "Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo)" (1:41).

      Felipe: "Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas"(1:45).

      Natanael: "Tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel" (1:49).

      María, la madre de Jesús: "Haced todo lo que os dijere" (2:5). ¿Creía ella que Jesús era simplemente un huésped más? No, sino que creía que El podía hacer algo extraordinario. También hay que tomar en cuenta el silencio de María. Ella dio su testimonio no solamente en lo que decía, sino también en lo que no decía. ¿Qué madre fiel y amorosa no haría todo lo posible para salvar a su hijo? ¿Qué madre dejaría que su hijo muriera por causa de una mentira cuando ella sabía la verdad? Cuando "los judíos le respondieron (a Pilato): Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios" (19:7), ¿qué dijo María? Si Jesús no era (es) el Hijo de Dios, entonces María podía haber testificado que lo que los judíos decían no era cierto, que ella, su madre, sabía perfectamente quién era su padre y que no era Dios. Con ese testimonio habría salvado la vida de su hijo.

      Nicodemo: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él" (3:2). No hay nada que indique que después de este incidente Nicodemo cambiara de opinión, pues aludió que Jesús tenía derecho a defenderse (7:50, 51), y ayudó a José de Arimatea en la sepultura del cuerpo de Jesús (19:39).

      Los samaritanos. La mujer: "Señor, me parece que tú eres profeta" (4:19); "Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?" (4:29); "Me dijo todo lo que he hecho" (4:39). Los samaritanos: "Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo" (4:42).

      Pedro: "Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. Dijo entonces Jesús a los doce: ¡Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna" (6:66-68). Es cierto que en un momento de flaqueza él negó a Cristo, pero inmediatamente se arrepintió y dedicó su vida a la proclamación de estas "palabras de vida eterna".

      La multitud estaba dividida. Algunos eran influenciados por el prejuicio de los líderes de los judíos, pero otros podían dar un testimonio más objetivo.

      -- Después del milagro de alimentar a los 5000, algunos decían, "¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?" (6:42). Aceptaron su milagro pero no podían aceptar su deidad.

      -- "le buscaban los judíos en la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél? Y había gran murmullo acerca de él entre la multitud, pues unos decían: Es bueno; pero otros decían: No, sino que engaña al pueblo" (7:11, 12).

      -- "Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido en verdad los gobernantes que éste es el Cristo?" (7:26).

      -- "Y muchos de la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que éste hace?" (7:31).

      -- Algunos decían: "Verdaderamente éste es el profeta. Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo? ¿No dice la Escritura que del linaje de David, y de la aldea de Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo?" (7:40-43). Estaban divididos pero todos entendían que Jesús no era como los demás rabinos.

      -- La entrada triunfal: "Grandes multitudes que habían venido a la fiesta, al oír que Jesús venía a Jerusalén, tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!" (12:12, 13). En esto llegó al colmo de su popularidad.

      -- Los judíos "gritaron: ¡Fuera, fuera, crucifícale! ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los principales sacerdotes: No tenemos más rey que César" (19:15).

      Los judíos. Al decir judíos Juan hablaba de los de Jerusalén, principalmente de los líderes hostiles.

      -- "Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?" (7:15). Esto indica que ellos reconocían su conocimiento superior.

      -- "Volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras. Muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís? Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado. ¿Puede acaso el demonio abrir los ojos de los ciegos?" (10:19-21). En esto se condenaban solos, porque reconocían que Jesús había hecho el milagro de abrir los ojos de los ciegos.

      Los fariseos. también éstos estaban divididos cuando abrió los ojos del ciego. "Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos?" (9:16).

      -- después de la resurrección de Lázaro, "Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales" (11:47). No hablaron de una sola señal (la de levantar a Lázaro) sino de "muchas señales".

      -- testifican de la influencia de Jesús sobre el pueblo, y del temor que sentía en cuanto al resultado de sus obras. "Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación" (11:48).

      -- reconocían que no podían hacer frente a la situación causada por la influencia de Jesús. "Pero los fariseos dijeron entre sí: Ya veis que no conseguís nada. Mirad, el mundo se va tras él" (12:19). Estaban muy frustrados.

      En resumen, los fariseos testificaron que Jesús había hecho muchas señales, que su influencia crecía, y que ellos no habían podido hacer nada para evitarlo. Estaban persuadidos que su último recurso era matarle. Por eso, desde entonces comenzaron a llevar a cabo su plan diabólico.

      Los alguaciles.  "Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre!" (7:45-52). Estas palabras provocaron una reacción fuerte de parte de los fariseos. "Entonces los fariseos les respondieron: ¿También vosotros habéis sido engañados? ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos? ... Escudriña y ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta".

      El hombre que nació ciego. 9:17, "¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta". Los padres confirmaron que su hijo había nacido ciego. Entonces los fariseos dijeron, 9:24, "Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. 9:25, Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo".

      Marta: "Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará" (11:22).

      -- "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo" (11:25-27).

      Los discípulos. Después del discurso final de los capítulos 14-16, 16:30, "Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que has salido de Dios".

      Pilato.  18:38, "Yo no hallo en él ningún delito". 19:4, "ningún delito hallo en él". 19:6, "yo no hallo delito en él".

      Tomás. 20:25, "Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré". 20:28, "¡Señor mío, y Dios mío!" (Esta lista preparada por HH).

 

1:20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. -- Si hubiera dicho que era el Profeta o el Mesías, muchos lo habrían aceptado. El que los oficiales hubieran enviado para investigarlo testifica de su popularidad. Recuérdese que años después, aun en Efeso, Juan tenía discípulos (Hech. 18:25; 19:3).

 

1:21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. -- En base a Mal. 4:5, los judíos esperaban que Elías volviera en persona. El sí vino en persona cuando Jesús fue transfigurado (Mat. 17:10), pero este evento no fue el cumplimiento de la profecía de Malaquías. Jesús dijo acerca de Juan que "él es aquel Elías que había de venir" (Mat. 11:14; 17:12, 13), porque iba "delante de él con el espíritu y el poder de Elías" (Juan era, pues, Elías en espíritu) (Luc. 1:17), pero no le tocó a Juan contestar que "Sí, yo soy Elías, y yo cumplí la profecía de Mal. 4:5", porque él no era literalmente Elías (Elías en persona).

      -- ¿Eres tú el profeta? (Deut. 18:15, 18) Y respondió: No. -- No Juan sino Cristo cumplió esta profecía (Hech. 3:22, 23).

 

1:22-25 Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías (40:3, Esta profecía fue citada por Mateo, Marcos y Lucas). Y los que habían sido enviados eran de los fariseos. (Los fariseos tenían mucho interés en los lavamientos externos como se ve en Mateo 15:2; 23:25; tal vez por esa razón querían saber más acerca del bautismo de Juan). Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? -- Estos hubieran tenido plena autoridad para bautizar, pero ¿con qué propósito bautizaría Juan y cuál sería la naturaleza de este lavamiento? Esta pregunta muestra que consideraban el bautismo de Juan como un nuevo rito, desconocido por ellos. Algunos comentaristas hablan del bautismo de prosélitos pero, en primer lugar, no hay evidencia clara de que tal práctica existiera y, en segundo lugar, Juan no bautizaba a los gentiles sino a los judíos.

 

1:26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. -- Omítase la palabra mas; LBLA dice pero (con letra cursiva para indicar que no traduce una palabra griega). Ellos preguntan "¿Por qué, pues, bautizas?" El significado de su respuesta es que él bautizaba porque el Mesías estaba allí en medio de ellos, y el bautismo de Juan lo anunciaba. El bautismo de Juan era autorizado, pues, por el Mesías.

 

1:27 Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado. -- Cuando "Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él", éste no sabía que Jesús era el Mesías, pero sí sabía que no era un pecador y, por eso, no se sentía digno de bautizarlo (Mat. 3:13, 14). Jesús también bautizaba (3:22; 4:1) y con todo gusto Juan hubiera aceptado que Jesús lo bautizara a él ("yo necesito ser bautizado por ti", Mat. 3:14). Estos textos enfatizan que Jesús no tenía pecado (1 Ped. 2:22; Heb. 4:15), y que aunque Juan gozaba de mucha aceptación con el pueblo, Jesús era mayor que él).

 

1:28 Estas cosas sucedieron en Betábara (Betania, LBLA, pero no la Betania en donde vivían Lázaro y sus hermanas), al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.

 

1:29 El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. -- 1:36; Apoc. 5:6, 8, 13; 6:16; 7:9; 12:11). Cristo fue llamado "el Cordero de Dios" porque, como los textos del Apocalipsis explican, sería inmolado. Esto cumplió la profecía de Isa. 53:7, 10, 12, pero el pueblo no entendía ese texto. El etíope "había venido a Jerusalén para adorar" y, sin duda, había leído Isa. 53 muchas veces, pero no sabía de quién hablaría el profeta (Hech. 8:30-34).

 

1:30 Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón (hombre, LBLA; este término enfatiza la humanidad de Cristo), el cual es antes de mí; porque era primero que yo. -- 1:15. En cuanto a su obra, Juan vino primero, pero aquí otra vez enfatiza la preexistencia de Jesús (su eternidad).

 

1:31 Y yo no le conocía; -- Desde luego le conocía (Luc. 1:36), pero no le conocía como el Mesías, el Hijo de Dios.

      -- mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. -- Aquí vemos otro propósito del bautismo de Juan. No solamente bautizaba a la gente para remisión de pecados, sino que también era testigo de la deidad de Cristo.

 

1:32 También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. -- Mat. 3:16; Mar. 1:10; Luc. 3:22. Recibió instrucción de "el que me envió a bautizar" y vio al Espíritu que descendía del cielo como paloma. Por eso, el testimonio de Juan no se basó en su opinión, sino en una revelación de Dios y en lo que vio.

 

1:33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. -- Mat. 3:11; Luc. 3:16. Era necesario que formal y oficialmente Dios le confirmara a Juan la deidad de Jesús. Sin duda, Juan y otros sabían mucho acerca de Jesús (Juan sabía que Jesús no tenía pecado), pero era indispensable que Dios le indicara de manera indubitable que Jesús era el Hijo de Dios. Ahora, con esta experiencia, Juan estaba sumamente calificado como testigo y, por eso, un representante de El.

      Cristo bautizaría con el Espíritu Santo después de ascender al cielo (Hech. 1:5, 8; 2:1-4; 10:44; 11:15-17).

 

1:34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios. -- Juan era el precursor y pregonero de Cristo, pero no lo anunció como Mesías político, sino como el Hijo de Dios. No predicó que el Mesías conquistaría los ejércitos de los romanos, sino que sería ofrecido como Cordero por los pecados del mundo. Los que escuchen a Juan aceptarán a Jesucristo como el Salvador del mundo.

 

1:35, 36 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. -- Juan ya había dicho públicamente que Jesús era el Cordero de Dios (1:29), pero ahora lo dice a dos de sus discípulos, porque el éxito del ministerio de Juan dependía de que sus discípulos llegaran a ser discípulos de Cristo.

 

1:37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. -- Esto fue precisamente el plan y propósito de Juan. Si los discípulos de Juan hubieran insistido en ser "bautistas" en lugar de cristianos, él habría fallado completamente. ¿Qué significa ser discípulo de Cristo? (1) Oírle hablar y (2) seguirle.

 

1:38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? ( o ¿Qué queréis?) Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), -- Juan traduce los términos judaicos y arameos para el beneficio de los lectores gentiles. Al principio los discípulos le llamaron Rabí, pues todavía no le conocían bien, pero después le llamaron Señor (FP).

¿dónde moras? --

 

1:39 Les dijo: Venid y ved (Mat. 7:7). Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima -- Al comparar los otros textos en los que Juan especifica el tiempo (4:6, 52; 11:9; y, en particular, 19:14) concluimos que Juan daba la hora según el tiempo romano. Mar. 15:25 dice que "Era la hora tercera cuando le crucificaron", pero Jn 19:14 dice, "Era ... como la hora sexta. Entonces (Pilato) dijo a los judíos: ¡He aquí vuestro rey!" Pilato entregó a Jesús para ser crucificado a la hora sexta, tiempo romano, es decir, a las seis de la mañana, y fue crucificado a "la hora tercera", tiempo judío, es decir, a las nueve de la mañana.

 

1:40, 41 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. Este halló primero a su hermano Simón, -- ¿primero que qué? ¿era el primero que encontró a Pedro? o ¿que lo encontró antes de que el otro discípulo -- que no se nombra aquí -- encontrara a su hermano?

      -- y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo, palabra griega; en castellano, ungido). -- Al hallar a su hermano y decirle de Cristo, Andrés hizo una obra muy importante.

 

1:42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón (su nombre hebreo), hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro, nombre griego). -- Su verdadero nombre (Cefas) se usaba poco (1 Cor. 1:12; 9:5; 15:5; Gál. 2:9). Desde este momento sería Pedro, aunque le costara mucho trabajo merecer el nombre.

 

1:43, 44 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme (Mat. 4:19-22; 8:22; 19:21). Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. -- Mat. 8:14; Mar. 1:29; Luc. 4:38 dicen que eran de Capernaúm, pero originalmente eran de Betsaida.

 

1:45, 46 Felipe halló a Natanael (como Andrés encontró a Pedro), -- Puesto que en los sinópticos Felipe se menciona con Bartolomé (Mat. 10:3; Mar. 3:18; Luc. 6:14), probablemente Natanael (nombre) es Bartolomé (Bar o hijo de Tholmai, que es como apellido; los que se designaban como bar (hijo) de alguien, comúnmente tenían otro nombre (Mat. 16:17, Simón, hijo de Jonás). Juan no menciona a Bartolomé. y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? (¿El Mesías podría venir de un lugar tan insignificante?) Le dijo Felipe: Ven y ve. -- 4:23. La investigación quita el prejuicio (JWM).

 

1:47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita (Rom. 2:28, 29), en quien no hay engaño (Luc. 8:15). -- Este es otro de los muchos textos que revelan la omnisciencia de Cristo. Los que dicen que al venir a la tierra Cristo se despojó de sus atributos divinos y, por eso, que Cristo no era omnisciente. Pero véanse 2:24, 25; 4:29; 7:64; 11:14; Mat. 9:4; 12:25; Luc. 5:22; 11:17, y muchos otros semejantes.

 

1:48-50 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. -- De lejos, y sin haber sabido nada de él, Jesús lo conocía perfectamente (2:24, 25). Tenía conocimiento perfecto (21:17). Era omnisciente. Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel (es decir, el Mesías que restituiría el reino de Israel, Hech. 1:7). Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. -- Natanael llegó a ser un fiel apóstol de Cristo y era testigo de sus maravillosas obras y enseñanzas.

 

1:51 Y le dijo: De cierto, de cierto (amén, amén) os digo: -- Esta es la primera de las veinte cinco veces que este doble amén se usa en este libro para enfatizar alguna verdad. De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden (Gén. 28:12, Jacob "soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella". Cristo es la escalera entre el cielo y la tierra. Estando aquí en la tierra Jesús tenía comunicación continua con el Padre, y toda comunicación entre los cristianos y Dios tiene que ser a través de Cristo, 14:6) sobre el Hijo del Hombre (Dan. 7:13sig.) -- Este es el nombre favorito de Jesús para sí mismo. Es el nombre del Mesías y enfatiza que como hombre Cristo representaba al Padre.

      Juan dijo que Cristo era el Cordero de Dios y el Hijo de Dios; Andrés dijo que era el Mesías; Felipe dijo que era aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas; Natanael dice que El es el Rey de Israel. Jesús se refiere a sí mismo como el Hijo del Hombre.

 

* * * * * * * * * *

 

Juan 2

 

2:1 Al tercer día -- después de llamar a Felipe y Natanael (1:43, 47).

      -- se hicieron unas bodas (fiesta de bodas, véase Mat. 22:2, 8) en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. -- Juan no dice que María fue invitada, sino que "estaba allí". Obviamente María era muy amiga (tal vez pariente) de la familia que celebró la boda, porque compartió la responsabilidad de servir a los invitados.

 

2:2 Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. -- Jesús no practicaba la vida monástica; en lugar de aislarse, El era "el Hijo del Hombre, que come y bebe" (Mat. 11:19). Desde luego, no era "un hombre comilón y bebedor de vino", como le acusaron, pero estos textos indican que Jesús no llevaba una vida ascética como monje, sino que libremente se asociaba con la gente. ("Ascetismo, Vida consagrada a los ejercicios piadosos. Doctrina que prescribe una vida austera, la renuncia a las cosas terrenas y a los placeres", Larousse; compárese Col. 2:20-23). En esta ocasión El y sus discípulos fueron invitados a las bodas y aceptaron la invitación (compárese Luc. 5:29). Después el apóstol Pablo escribió, "Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran" (Rom. 12:15). Jesús dio instrucciones a sus discípulos en cuanto a su conducta "cuando fueres convidado por alguno a bodas" (Luc. 14:8-11).

      En esta ocasión Jesús honró el matrimonio con su presencia y con un milagro. El matrimonio es de Dios (Gén. 2:24; Mat. 19:4-6) y es una de las más grandes bendiciones que Dios ha dado al hombre. Pablo compara la relación entre el marido y su esposa con la de Cristo y su iglesia (Efes. 5:22-32).

      Muchas personas aceptan la invitación a las bodas de personas que no deben casarse (Mat. 5:32; Mat. 19:9), pero Jesús no habría aceptado la invitación a esa boda si hubiera sido una relación adúltera. Los que quieran invitar a Jesús a sus bodas deben respetar sus enseñanzas sobre el matrimonio.

 

2:3 Y faltando el vino, -- ¡Fue una emergencia social! En esa cultura si el vino se hubiera acabado totalmente, habría sido un desastre social, un insulto para los convidados, y los anfitriones habrían sido arruinados socialmente.

      -- la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. -- María tenía mucha confianza en Jesús. ¿Por qué no despachó a los que servían para que pidieran vino de los vecinos? Recordemos tales textos como Luc. 1:26-38; 2:41-51 y como "su madre guardaba todas estas cosas en su corazón"; sin duda ella habrá sabido del testimonio de Juan el bautista acerca de Jesús; del descenso del Espíritu Santo como paloma sobre El, y la voz del cielo que proclamó que "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia" (Mat. 3:16), como también del testimonio de sus discípulos que ahora le acompañaban. Seguramente ella no esperaba ayuda ordinaria de Jesús.

 

2:4 Mujer -- Si esto nos suena irrespetuoso, recordemos Jn. 19:26, cuando en la cruz Jesús dijo a su madre, "Mujer, he ahí tu hijo". No había falta de respeto en llamarle "mujer". Véanse también 20:13, 15; 4:21.

      -- ¿qué tienes conmigo? -- literalmente, "¿qué a ti y a mí?" ¿Qué tenemos en común con respecto a esto? Jesús "estaba sujeto" a José y María (Luc. 2:51), pero El está entrando de lleno a lo que sería su ministerio y ahora ella tiene que estar sujeta a El como su Señor y Salvador. Ella no tenía nada que ver con el uso de sus poderes divinos, y durante todo su ministerio Jesús nunca recibió directivas de ella. Jesús "sabía lo que había de hacer" (compárese 6:6).

      -- Aún no ha venido mi hora. -- En algunos textos (7:30; 8:20, 12:23; 13:1) esta expresión se refiere a la crisis y clímax de su vida, la hora de su muerte. Hasta que llegara su hora los judíos no pudieron prenderle ("Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas", Luc. 22:53). Sin embargo, aquí (2:4) parece que su hora se refiere a la hora de manifestar su gloria (ver. 11). En el momento apropiado El haría lo que quería hacer, pero su madre no tenía nada que ver con esa decisión.

 

2:5 Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. -- Para los que servían Jesús era simplemente uno de los convidados y no hubieran esperado recibir órdenes de El. Por eso, María les instruye de esta manera, indicando que esperaba la intervención de Jesús.

      Moisés dijo la misma cosa que María: "A él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo" (Hech. 3:22, 23).

      Sobre todo, el Padre lo dijo: "A él oíd" (Mat. 17:5).

      ¡Qué buen consejo, pues, dio la madre de Jesús! ¡Qué bueno si todo el mundo aceptara su consejo! Si queremos sus favores, debemos obedecer sus órdenes. Cada palabra de María tuvo importancia y contiene una lección para nosotros:

      1. "Haced". Los que han caído bajo la influencia del calvinismo enseñan que el hombre obtiene la salvación por medio de la fe sola y, por eso, no quieren saber nada de "hacer". El consejo de María es bueno: "Haced" lo que Jesús manda.

      2. "todo". "Haced todo lo que os dijere". Los discípulos de Cristo no deben escoger ciertas partes de la enseñanza de Jesús para obedecerlas y dejar las que no les convengan. La obediencia parcial no es obediencia, sino desobediencia.

      3. "lo que". No "algo semejante" y no "el espíritu de lo que El dice", sino "lo que" que El dice. No nos toca substituir "lo que" Jesús enseña por lo que opinemos o por lo que los hombres enseñen (Mat. 15:8, 9).

      4. "os". En cuanto a la enseñanza de Jesús el pronombre "os" abarca a todo el mundo.

      5. "dijere". Cristo nos ha hablado para revelarnos su voluntad; el Nuevo Testamento es su palabra. Lo que no ha dicho no tiene autoridad. Algo semejante a lo que El dicho no tiene autoridad. "Dios ... nos ha hablado por el Hijo" (Heb. 1:1, 2). Por eso, "Haced todo lo que os dijere". Cristo habla a todos. Da instrucciones para todos: en cuanto al plan de salvación, la vida cristiana, los deberes domésticos; en fin, El nos instruye en todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad (2 Ped. 1:3).

 

2:6 Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, -- Mat. 15:2; Mar. 7:3, 4. Estas tinajas no eran "para vino" sino "para agua"; es decir, no había algo de vino en el fondo de ellas que pudiera haber dado el sabor de vino al agua.

      -- en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. -- "Un cántaro equivale a unos 40 litros" (LBLA, margen). Este detalle se menciona para enfatizar la gran cantidad de agua que Jesús convirtió en vino (unos 150 galones aproximadamente). Compárese el milagro de alimentar a los 5000 varones, 6:10.

 

2:7 Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. -- Esto es un ejemplo de obedecer sin entender. Los que hicieron esto no eran esclavos, sino "los que servían" (diakonois, ayudantes, asistentes). Las tinajas no fueron llenadas por los discípulos de Jesús, sino por "los que servían" (personas escogidas por el esposo u otros encargados). El agua no vino de alguna fuente desconocida. Estos detalles sirven para eliminar cualquier duda en cuanto a la veracidad del milagro.

      -- Y las llenaron hasta arriba. -- ¿Con qué propósito habrían de llenar las tinajas de agua? De esa manera no sería posible agregar nada al agua.

 

2:8 Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. -- Sin ceremonia, con la pura fuerza de su divina voluntad, Jesús cambió el agua en vino, demostrando que El es Dios de la naturaleza, Dios de la materia.

      Moisés hizo la señal de transformar el agua en sangre. Jesús hizo la señal de transformar el agua en vino.

 

2:9, 10 Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora. ¿Qué habrá respondido el esposo? Juan no dice, pero obviamente él habrá dicho, "Pero, yo no hice tal cosa, y no puedo explicar este fenómeno".

      -- el buen vino -- ¡He aquí el testimonio de un hombre que confirmó el milagro sin saber que fue milagro! El maestresala no sabía lo que había pasado. No sabía nada de la orden de llenar las tinajas con agua. Lo que sí sabía fue que lo que tomaba no solamente era vino sino "buen vino". Con esto él autentificó o acreditó el milagro. Las obras de Jesús hablan por sí solas. Por su parte el maestresala creía que alguien había cometido un error. Pero ¿qué habrá pensado el esposo? No entendería este fenómeno, pero sí sabía que no había guardado el mejor vino para servirlo después de que los huéspedes hubieran bebido mucho.

      El maestresala probó el agua hecha vino; es decir, él se dio cuenta de la substancia y el sabor del vino. Ya no era agua sino vino. (No es así en la llamada transubstanciación, porque cuando el sacerdote prueba el vino -- que, según la Iglesia Católica Romana, al ser bendecido llega a ser literalmente la sangre de Cristo -- no tiene sabor de sangre sino de vino).

      -- ya han bebido mucho -- Algunos han concluido que los que "ya han bebido mucho" no podían distinguir entre vino bueno y vino malo por estar medio ebrios, pero en realidad él simplemente habló de la práctica común y conocida por todos, de que normalmente el mejor vino se sirve primero y el inferior después. Así era la costumbre, pero en esa ocasión no se siguió la costumbre, sino que no se sirvió el buen vino al principio de la celebración.

      El que predique sobre este evento debe tener cuidado de no acusar a Jesús de promover la borrachera. El Espíritu Santo describió la maldad y la maldición de bebidas intoxicantes (Prov. 20:1; 23:31; Isa. 22:12-14). ¿Hemos de creer que Jesús hizo vino de esa clase? La Biblia habla de la bendición que trae el vino (Sal. 104:15; Isa. 55:1; 65:8), pero no se puede probar que el vino que Jesús hizo era intoxicante.

      ¡Tenga cuidado! Si se afirma (1) que la expresión "ya han bebido mucho" significa que los huéspedes estaban medio ebrios, y (2) que Jesús produjo vino intoxicante, entonces (3) la conclusión ineludible sería que Jesús produjo más vino intoxicante para que los huéspedes medio ebrios se emborracharan más.

      La palabra oinos puede significar la uva misma (como también el jugo de uva o el vino fermentado). Véanse Joel 3:18 y Amos 9:13, (LBLA), "los montes destilarán vino dulce"; Jer. 48:33, "el vino de los lagares". La palabra hebrea yayin se usa de la uva y del jugo de la uva en cualquier estado.

      Para mucha gente moderna "el buen vino" es el más intoxicante, pero esto solamente demuestra su prejuicio. Para la gente de aquel tiempo el buen vino era el vino más puro, más fresco y dulce.

      Varios escritores antiguos (no judíos ni cristianos) hablan del vino que no es intoxicante y también hablan de métodos de conservar el jugo de uva para evitar la fermentación.

 

2:11 Este principio de señales hizo Jesús -- Jesús mismo era el milagro más grande de todos (MH), pero este fue el principio de las señales que hizo Jesús. Este milagro fue el principio de las señales, y la última (y principal) señal fue su sepultura y resurrección (Mat. 12:39, 40).

      Las obras apócrifas del catolicismo que hablan de los milagros de la niñez o juventud de Jesús son puras fábulas y deben ser rechazadas. Dice Juan que este milagro fue el "principio" de las señales que Jesús hizo. Sus señales comienzan ahora porque su predicación comienza ahora, pues las señales convencían a los sinceros de que Jesús era el Hijo de Dios y, por eso, debería ser escuchado y obedecido.

      La palabra "señal" quiere decir "marca, indicación, prenda". Las señales de Jesús eran prendas de autoridad y poder divinos. Sus señales dicen algo: ¡manifiestan su gloria! Tienen su mensaje (que Cristo es el Hijo de Dios), y este mensaje debe ser oído, creído y obedecido, pero el mensaje de las señales no fue escuchado por los que tenían sus ojos cerrados y sus oídos tapados (Mat. 13:15).

      Juan relata siete señales hechas por Jesús: 2:1-11, convirtió el agua en vino; 4:46-54, sanó al hijo de un noble; 5:1-9, sanó al paralítico; 6:1-14, alimentó a los 5000; 6:12-21, anduvo sobre el mar; 9:1-12, restauró la vista al ciego; y 11:39-44, levantó a Lázaro de entre los muertos. Las señales físicas demostraban verdades espirituales: p. ej., Jesús sanó el cuerpo enfermo para que la gente creyera que El es Buen Médico del alma enferma; dio pan físico a la multitud para que creyeran que El es el Pan de vida; levantó a los muertos para que la gente creyera que El era la "resurrección y la vida", etc.

      -- en Caná de Galilea, -- un lugar nada prominente ni importante según los judíos (los de Judea).

      -- y manifestó su gloria; -- su potencia divina, 1:14. Cristo, el Creador (1:3) que hizo la vid por la cual el agua pasa para formar la uva, puede transformar el agua en vino sin la vid.

      -- y sus discípulos creyeron en él. -- Juan no registró este evento simplemente como una historia interesante, pues ni siquiera escribió los nombres de los novios, sino como una señal, para que la gente creyera en El (1:12; 2:23; 20:30, 31). Lamentablemente, "a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él" (12:37).

     

2:12 -- Después de esto descendieron a Capernaum, -- Mateo habla de Capernaum como la ciudad de Jesús (Mat. 9:1, "vino a su ciudad"). Hizo muchas señales en esta ciudad (Mat. 11:23).

      -- él, su madre, sus hermanos (adelphoi) -- La lectura objetiva de estas palabras bíblicas convencerá a cualquiera que, como Jesús tenía madre, también tenía hermanos uterinos. Sus nombres eran Jacobo (Santiago), José, Judas y Simón (Mar. 6:3). Pero la Iglesia Católica Romana, para "comprobar" su dogma de la supuesta virginidad perpetua de María enseña que la palabra hermanos significa parientes o primos. Sin embargo, Mateo no dice anepsioi (primos) ni sungeneis (parientes), sino adelphoi (hermanos). Mateo 1:24, 25, hablando de José, dice, "recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito", dando a entender que después de nacer Jesús, José y María fueron esposos en el sentido normal del matrimonio. ¿Cuál es el propósito del dogma de la supuesta virginidad perpetua de María? Obviamente es para probar que el celibato es más santo y piadoso que el matrimonio. La Biblia no enseña tal doctrina (Mat. 19:4-6; Heb. 13:4; 1 Cor. 7:2).

      -- y sus discípulos; y estuvieron allí no muchos días.

 

2:13 -- Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, -- Juan habla de la pascua en este texto, posiblemente en 5:1, otra vez en 6:4 y finalmente en 11:55. De esta manera se concluye que el ministerio de Jesús duró tres años y unos meses. También Jesús estuvo en Jerusalén para la fiesta de los Tabernáculos (7:2, 10), y para la fiesta de la Dedicación (10:22). Mateo, Marcos y Lucas relatan ampliamente el ministerio de Jesús en Galilea, mientras que Juan enfatiza su ministerio en Judea. Mateo (23:37-39) registra, sin embargo, la lamentación de Jesús sobre Jerusalén, y esto indica que le había hecho muchos llamados.

      La pascua era una de las tres fiestas solemnes celebradas anualmente en Jerusalén, a la cual a todo varón judío se le obligaba que asistiera. La pascua se celebraba como recordatorio de la liberación del pueblo de Israel de Egipto. La fecha de esta fiesta era el día catorce del mes de Nisán (Abib). En ese día, entre las tres y las seis de la tarde, cada familia mataba un cordero macho de un año, sin defecto. Luc. 22:1 dice, "Estaba cerca la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la pascua". Esta fiesta duraba desde el quince hasta el veintiuno de Nisán (Núm. 28:17).

 

2:14 -- y halló en el templo -- No en el naos (el santuario, que contenía el lugar santo y el lugar santísimo), sino en el hieron, todo el espacio (unas 7.5 hectáreas o 19 acres) que rodeó el santuario que estaba dividido en cuatro atrios. Para ir hacia el santuario desde el este se atravesaba primero el atrio de los gentiles, luego el atrio de las mujeres y, por último, el atrio de los sacerdotes. El mercado estaba en el primer atrio (el de los gentiles). Solamente hasta este atrio podrían entrar los gentiles. En ese lugar podrían orar, meditar y aprender del único Dios Vivo. Como dice Marcos 11:17, "Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones".

      -- a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, -- Núm. 28:19-25 habla de los sacrificios que Dios requería durante la fiesta de los panes sin levadura. El texto habla de becerros, carnero, corderos, y macho cabrío. Judíos de todas las naciones (2:5) llegaban a Jerusalén para estas fiestas y, en lugar de traer animales, palomas, etc., traían dinero para comprarlos al llegar a Jerusalén. De esto habla este texto. Algunos judíos, aprovechándose de esta necesidad de la gente, no sólo vendían animales y aves para los sacrificios en el templo mismo, sino que también como ladrones, defraudaban al pueblo (Mat. 21:13). Así es que el templo -- el atrio de los gentiles -- se convertía en un corral de ganado.

      -- y a los cambistas allí sentados. -- Según Ex. 30:13 todo varón judío tenía que pagar el impuesto anual de medio siclo (compárese Mat. 17:24-27). En realidad lo que los cambistas hacían era necesario, porque solamente dinero judío era aceptable para los usos del templo y, por eso, el dinero romano tenía que cambiarse.

 

2:15, 16 -- Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; -- Este es el Cristo desconocido por muchísimas personas que profesan ser sus discípulos, porque su concepto de Cristo es el de las pinturas católicas de un alto, rubio, europeo con cabello de mujer, cargando un corderito en los brazos. Tal "cristo" no existe excepto en la ignorancia de los que no aman la verdad. Los tales deben leer con cuidado este texto y también 18:4-6; Luc. 4:29, 30; y Apoc. 1:12-18. Cristo recibe con toda ternura a los pecadores arrepentidos, y tiene paciencia con sus discípulos aunque tengan muchas debilidades (con tal que sean sinceros), pero es "el León de la tribu de Judá" (Apoc. 5:5) para con los rebeldes, obstinados e hipócritas (Mat. 23).

      -- y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado (emporiou, emporio, centro comercial). -- Según Mat. 21:12 (Mar. 11:15-19; Luc. 19:45-48) Jesús hizo la misma cosa otra vez cerca del fin de su ministerio. Zac. 14:21, "y no habrá en aquel día más mercader en la casa de Jehová de los ejércitos". De esta manera Jesús condenó el espíritu mundano y carnal de los judíos. Según Mat. 21:12 Jesús dijo que hacían de la casa de Dios una cueva de ladrones (Marcos y Lucas dicen lo mismo). Esto indica que no solamente hacían mercadería de las cosas de Dios, sino que eran avaros, deshonestos, y chuecos y que defraudaban a la gente. Se aprovechaban de la necesidad de la gente de conseguir los animales apropiados para los sacrificios y de cambiar su dinero romano en dinero judío. Por todo esto les cobraban precios exorbitantes.

      Mar. 11:17, "Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones". Llegaban los gentiles (como Cornelio) al único lugar que podían ocupar, y al llegar ¿qué veían, oían y olían? El bramido o mugido de bueyes y vacas, balido de ovejas, el arrullo de las palomas, los gritos de los vendedores, el regateo, y el tintineo de las monedas. ¿Y el olor? ¿Qué impresión habrá tenido todo esto sobre el gentil que buscaba a Dios? ¡Qué bienvenida! Cristo denunciaba a los que impedían la llegada de la gente a Dios (Mat. 23:13; Luc. 11:52), como a todos los que causan tropiezos (Mat. 18:6, 7).

      Es interesante observar otro detalle narrado por Marcos (11:16), "Y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno". Parece que algunos usaban los atrios del templo como travesía, y esto también era acto de desprecio.

      Jesús limpió el templo dos veces: al iniciar su ministerio y terminarlo. Sin embargo, al concluir su ministerio Jesús vio el templo como una "causa perdida" y lo llama "vuestra casa" (Mat. 23:38) y dice que "os es dejada desierta" (sería destruida) (24:2).

      Muchas iglesias -- católicas, evangélicas, etc., y hasta algunas iglesias de Cristo -- no deben criticar a estos judíos, porque sus propios "templos" se han convertido en casas de mercancía, o de diversión (teatro, películas, bailes) o, en algunos casos, aun de campañas políticas.   El clero romano ofrece rifas, juegos de bingo, para competir con los casinos y la lotería. Entre las iglesias hay muchas casas de comercio. Muchas iglesias cometen el mismo error que los que vendían ganado y cambiaban dinero en el templo, porque venden pasteles, tamales, ropa usada, etc. para sufragar gastos de la iglesia (principalmente los del pastor). Aun piden donativos a los inconversos, mayormente a los comerciantes.

      Si hoy en día Cristo escribiera cartas a las iglesias de Cristo como las de Apoc. 2 y 3, limpiaría otra vez su templo. Si visitara a las iglesias de Cristo de Estados Unidos y de otros países, ¿qué encontraría? Que muchos hermanos han aceptado el evangelio social que, según ellos, es el evangelio completo, el evangelio para el hombre entero (espiritual, mental, físico, social). Por lo tanto, han dejado el patrón bíblico y han establecido escuelas, clínicas, asilos, etc., para imitar a los sectarios.

      "Harán mercadería de vosotros", 2 Ped. 2:3. Pedro habla de aquellos que abusan de su posición religiosa para la ganancia personal. Sobre todo, se aprovechan de la ignorancia de la gente. Los que rehúsan estudiar para aprender la voluntad de Dios para probar a los espíritus (1 Jn. 4:1) llegan a ser víctimas de los tales.   Pablo habla de aquellos que "toman la piedad como fuente de ganancia" (1 Tim. 6:3). "No sirven al Señor sino a sus propios vientres" (Rom. 16:18). "Se han lanzado por lucro en el error de Balaam" (Judas 11). "Cazan las almas de mi pueblo para mantener así su propia vida" (Ezeq. 13:18). "Se apacientan a sí mismos" (Ezeq. 34, Judas 12). "Devoráis las casas de viudas y como pretexto hacéis largas oraciones" (Mat. 23:14).

      El diezmo es el medio más efectivo para sacar fondos de la gente. El diezmo era para el mantenimiento de los levitas porque esta tribu no tenía herencia en la tierra (solamente tenían ciudades) (Lev. 27:30-34; Núm. 18:21; Mal. 3:10). ¿De qué tabernáculo hablan estos textos? ¿de los tabernáculos de los evangélicos? ¿los pastores evangélicos son levitas?

      Los televangelistas se desvelan para idear y maquinar medios de separar a sus oyentes de su dinero (para que llegue al bolsillo del televangelista). Ofrecen un surtido casi sin límite de artículos que ellos "regalan" (libros, música grabada, estudios) a los que les envíen ofrendas. Prometen orar por todos los que apunten en un papelito sus problemas, enfermedades, etc. con tal que envíen su ofrenda.

      Sería bueno volver a leer los textos (Jn. 2, Mat. 21) que demuestran el celo de Jesús por la casa de Dios. ¿No tendrá aun más celo por la limpieza de la iglesia que es su esposa? Los que promueven toda clase de mercadería desprecian a la iglesia. Para ellos la iglesia es simple y sencillamente un mercado conveniente. Sin embargo, las víctimas del sistema son responsables por su ignorancia y por dejar que los falsos maestros abusen de su confianza. En cualquier momento la gente puede rechazar la mercadería religiosa y gozar de la libertad en Cristo.

 

2:17 -- Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume. -- Sal. 69:9, "Porque me consumió el celo de tu casa". Los discípulos de Jesús eran estudiantes serios de las Escrituras. Este texto (Sal. 69:9) estaba bien grabado en su memoria, y vieron su cumplimiento en esta acción de Jesús. "Se acordaron" porque habían estudiado las Escrituras cada sábado en la sinagoga. Si los que asistan a los servicios y clases bíblicas de la iglesia ponen atención, podrán acordarse de importantes textos en el momento oportuno (p. ej., como lo hizo Jesús, Mat. 4:1-11).

      Seis de los salmos son citados en el Nuevo Testamento y aplicados a Cristo (Sal. 2, 22, 89, 110, 118). Se les llaman, pues, salmos mesiánicos. El Salmo 69 es citado varias veces en el Nuevo Testamento: Mat. 27:34, 48; Jn. 15:25; Rom. 15:3, etc.

 

2:18 -- Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? -- Mat. 16:1. ¿Con qué autoridad haces esto? ¿Cuáles son sus credenciales? Es de extrañar que no resistieran a Jesús. ¿Cómo fue posible que permitieran que El hiciera lo que hizo? Tenían espíritu de cobardía, porque su propia conciencia les acusaba (compárese 8:9). En varias ocasiones los judíos mostraron su debilidad delante de Jesús: p. ej., Juan 18:4-6, en el huerto Cristo preguntó a los que habían llegado para prenderle, "¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy ... Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra". La presencia de Jesús era augusta e imponente.

      Ahora sólo preguntan, "¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto?" No entendían que lo que El hacía era una señal, porque no solamente cumplió la profecía de Sal. 69:9, sino también la de Mal. 3:1-3. Lo que El ya había hecho en su presencia era suficiente para confirmar que El era el Mesías, el Hijo de Dios, que había venido para limpiar la casa de Dios.

 

2:19 -- Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo -- Jesús emplea la palabra para el santuario (naos), porque el santuario literal era figura o símbolo del cuerpo de Cristo. Predice que como los judíos profanaban el templo literal, también destruirían el cuerpo de Cristo, en el cual habitaba la Deidad (Col. 2:9).

      -- y en tres días lo levantaré. -- Iba a resucitar en tres días. Jesús habló por parábolas a los que voluntariamente ignoraban la verdad (2 Ped. 3:5) y amaban la mentira (2 Tes. 2:10-12). "Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden" (Mat. 13:13). su respuesta en esta ocasión nos recuerda de Mat. 12:38-40. Le pidieron una señal y les dijo, "La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches". En los dos casos la única señal prometida fue la de su propia muerte, sepultura y resurrección.

      Juan registra esta frase ("Destruid este templo y en tres días lo levantaré") y Mateo (26:61) y Marcos (14:58) relatan cómo este dicho fue tergiversado por los judíos. Cuando Jesús estuvo delante del concilio la última vez, dos testigos falsos dijeron, "Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres días reedificarlo" (Mat. 26:60, 61).

     

 

2:20 -- Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, -- Los judíos estaban enamorados del tipo (el templo físico), y no les interesaba el antitipo (el cuerpo de Cristo). Aparte de los 46 años, podían haber hablado también del ejército de trabajadores que lo estaban construyendo, el costo de materiales, etc. Todavía no lo habían terminado. De hecho, seguían con la construcción del templo hasta el año 64 (aprox.), y en otros seis años fue destruido por los romanos. Para los judíos el templo no era tipo de nada, porque para ellos el propósito del templo era el templo mismo, y creían que existiría para siempre. Confiaban de todo corazón en su templo (Jer. 7:4) y no se imaginaban que sería destruido.

      -- ¿y tú en tres días lo levantarás? -- Imagínese con qué desprecio decían esto.

 

2:21 -- Mas él hablaba del templo de su cuerpo. -- Ese templo literal era tipo del cuerpo de Cristo, porque el templo simbolizaba la presencia de Dios entre su pueblo. "Dios no habita en templos hechos por manos humanas" (Hech. 17:24), sino que vino en la persona de Jesucristo para estar con su pueblo (1:14; Mat. 1:23). Cristo era el verdadero templo.

      A veces, como en esta ocasión, Juan explica las palabras de Jesús: p. ej., en otra ocasión (7:39) explicó la frase, "de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él".

 

2:22 -- Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho. -- La implicación necesaria es que también nosotros debemos creer la Escritura (Luc. 24:44, en particular, Sal. 16:10). Véanse Hech. 2:31; 13:35).

      En ese momento los discípulos no entendieron las palabras de Jesús, pero las guardaron en su corazón; después las entendían. Esto sirve como ejemplo para nosotros: nos conviene estudiar la Palabra y, aunque a veces haya textos difíciles de entender, si los guardamos en la memoria y los meditamos, después los entenderemos mejor.

 

2:23, 24 -- Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. (2:23; 4:45; 20:31) Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, -- La gente seguía a Jesús por varias razones: (1) algunos eran sinceros y buscaban los beneficios espirituales que El les ofrecía; (2) otros le seguían porque querían ver más señales (Mat. 16:1-4); (3) algunos querían más panes y peces (6:26); (4) los que tenían ambiciones políticas querían que El fuera su rey (6:15); y (5) sin duda, muchos les seguían simplemente porque otros le seguían. Nadie engañó a Jesús. El sabía perfectamente lo que los judíos harían con El y que sería desamparado aun por sus discípulos más cercanos.

      El conocía a las multitudes que le seguían. Muchos creían en El porque hacía señales, pero tenían que entender que el discipulado requiere la abnegación de sí, que sería la causa de graves problemas con los seres amados, y que deberían buscar primeramente el reino de Dios y su justicia. ¿Qué pasaría con estos creyentes cuando verdaderamente se dieran cuenta de lo que El requería de ellos? Algunos seguirían con El, pero otros volverían atrás (6:60, 68). Muchos le escucharían y seguirían solamente "hasta aquí"; es decir, pondrían límites a su aceptación de Jesús. ¿Cristo debería fiarse de los tales?

 

2:25 -- y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre. -- Todo lo que había visto en el templo (mercaderes llenos de avaricia, extorsionadores) no le sorprendió; tampoco se fiaba de estos que habían visto sus señales y creían en El, porque ¡Cristo es Dios y conoce al hombre! Ya había demostrado que conocía a Simón (1:42), y a Natanael (1:47, 48), y a Nicodemo (3:2-5).      Sabía los pensamientos de la gente (Mat. 9:4; 12:25; Luc. 5:22; 6:8; 9:47; 11:17). Sabía la vida íntima de la mujer samaritana; sabía de sus esposos y de su condición actual (4:16-18). He aquí el testimonio de esta mujer: "Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho", 4:29. Jesús "sabía lo que iba a hacer" con respecto a la alimentación de los 5000 (6:6), y sabía lo que la gente tenía en mente cuando le buscaba el día siguiente (6:25, 26). "Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar" (6:64, 70, 71; 13:11). Sabía que los judíos procuraban matarle sin que nadie se lo dijera (7:19). Tenía conocimiento perfecto de Dios (7:29). Sabía cuándo llegó "su hora" (12:23). Sabía cómo iba a morir (12:32, 33). Como dijo Simón Pedro, "Señor, tú lo sabes todo" (21:17).

      No fue engañado ni sorprendido por Pedro o Judas. ¡Esto demuestra que cuando Cristo estaba aquí en la tierra era omnisciente! ¡Imagínese que otra persona conociera no solamente lo que usted haya hecho o dicho, sino también aun sus pensamientos! Solamente Dios tiene este poder. Al leer estos y otros textos semejantes ¿quién puede dudar de la omnisciencia de Jesús? Pero, lamentablemente, algunos de nuestros propios hermanos (que profesan ser conservadores) enseñan erróneamente que cuanto Cristo vino a la tierra se despojó a sí mismo de sus atributos divinos.

 

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Juan 3

 

3:1 -- Había un hombre de los fariseos -- Nos informa Juan que Nicodemo era fariseo. De todas las sectas de los judíos, esta era la más estricta (Hech. 26:5). Eran muy celosos de la ley de Moisés y, basándose en ella, habían formulado un número infinito de reglamentos para gobernar toda actividad de la vida de la gente. Jesús denunció aquellos reglamentos como "tradiciones de los hombres" (Mat. 15:3, 8, 9). Para ellos las tradiciones eran ley, porque decían lo mismo de ellas que los católicos dicen de las suyas, es decir, que fueron entregados oralmente por hombres de Dios, y que a través de los siglos se han conservado. Desde luego, después de algún tiempo, las tradiciones orales llegan a ser tradiciones escritas. Jesús dijo que los fariseos eran hipócritas porque "atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas" (Mat. 23:4).

      Los fariseos no se preocupaban por los pecados internos, sino solamente por los externos. También la purificación era externa (Mat. 23:25, 26). Jesús les dijo que aunque oraban, ofrendaban y ayunaban, lo hacían para ser vistos de los hombres (Mat. 6:1-18).

      El Talmud es la "Biblia" de los judíos, porque contiene sus comentarios sobre la ley de Moisés, y de allí sus tradiciones que eran tan importantes para ellos. Según el Talmud había siete clases de fariseos: (1) el fariseo hombro, que llevaba sus buenos hechos sobre el hombro, que obedecía los preceptos de la ley, pero no con sinceridad, sino por conveniencia; (2) el fariseo esperar-un-poco, quien pedía más tiempo para cumplir con sus obras meritorias; (3) el fariseo sangriento, que para no mirar a una mujer para codiciarla cerraba sus ojos y, por eso, tropezaba y se golpeaba contra la pared; (4) el fariseo pintado, quien anunciaba su piedad, para que nadie le tocara y que, por eso, quedara contaminado; (5) el fariseo calculador quien siempre preguntaba, "¿qué deber puedo hacer para deshacer cierto pecado que he cometido?"; (6) el fariseo temeroso cuya relación con Dios era la de temor temblante; (7) el fariseo de amor, el único que era sincero (que no estaba fingiendo la piedad).

      Muchos fariseos eran muy orgullosos, 7:49.

      Sus leyes tradicionales eran muy arbitrarias: por ejemplo, según ellos, no era pecado montar asno el día sábado, pero si llevaba azote, era pecado, porque de esa manera ponía carga sobre la bestia.

      Hacían distinción entre el extender su mano fuera de la puerta para ayudar al mendigante o que el mendigante extendiera su mano hacia adentro de la casa para recibir limosna.

      He aquí algunos ejemplos de las leyes de los fariseos y escribas: "Hacían este tipo de cosas: atar un nudo en el día sábado era trabajar. Pero hay que definir lo que es un nudo. 'Estos son los nudos que convierten en culpable al hombre que los hace: el nudo de quienes conducen camellos y el de los marineros; y así como se es culpable por atarlos, también se está en falta al desatarlos'. Por otro lado, los nudos que podían atarse con una sola mano eran legales ... Tomemos el caso de alguien que viajaba en el día sábado. Exodo 16:29 dice, 'Estése, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día'. De manera que los viajes en el día sábado se limitaban a dos mil codos, es decir, unos 900 metros. Pero si se ataba una soga que cruzara el extremo de una calle, toda esa calle se convertía en una casa  y cualquier hombre podía caminar un centenar de pasos más allá del extremo de esa calle ... Tomemos el caso de alguien que carga un bulto. Jeremías 17:21-24 decía: 'Guardaos por vuestra vida de llevar carga en el día de reposo'. De manera que se hacía necesario definir lo que era una carga. Se la definía como 'comida que equivalga al peso de un higo seco, la suficiente cantidad de vino para mezclar en un vaso, leche suficiente para un trago, miel suficiente para poner sobre una herida, la suficiente cantidad de aceite como para untar un miembro pequeño, la suficiente cantidad de agua como para humedecer un apósito en un ojo y así seguía" (WB).

      -- que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. -- Era miembro del Sanedrín, la corte suprema del judaísmo. Solamente Juan nos dice de la conversación entre Jesús y Nicodemo. Después de esto Nicodemo defendió a Jesús diciendo, "¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?" (7:51), y cuando Jesús murió y José de Arimatea pidió su cuerpo, "También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras" (19:39).

 

3:2 -- Este vino a Jesús de noche, -- Juan no explica el por qué, pero lo repite después (7:50). De lo que sabemos de Nicodemo es fácil suponer que él no quería comprometerse mucho con Jesús (9:22; 12:42), pero por lo menos él quería hablar con Jesús (que sepamos, no había ningún otro del Sanedrín con ese deseo). También es posible que él simplemente haya buscado el tiempo más oportuno y de menos interrupción para la entrevista, pues durante el día Jesús estaba siempre rodeado de gente.

      -- y le dijo: Rabí (título respetuoso), sabemos que has venido de Dios como maestro; -- Jesús no era de las escuelas de los rabinos; por eso, tuvo que haber sido enviado por Dios.

      -- porque nadie puede hacer estas señales que tú haces (2:25), si no está Dios con él. -- Sabían que Cristo era, por lo menos, algún profeta. Esto demuestra cómo las señales llamaban la atención de la gente y les motivaban a investigar a Jesús y su obra.

 

3:3 Respondió Jesús -- A veces, al leer la respuesta de Jesús a las preguntas que se le hacían, nos preguntamos, ¿qué tiene que ver lo que El dice con lo que se le preguntó o dijo? Jesús conocía los corazones de todos (2:24, 25) y, por eso, sin hacer caso de lo que Nicodemo dijo, Jesús le enseñó lo que él debería saber.

      -- y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo (O, de arriba, LBLA, margen) -- Para Nicodemo los judíos ya eran miembros del reino de Dios simplemente por haber nacido hijos de Abraham (Mat. 3:9).

      -- no puede ver el reino de Dios. -- ¿Quería Nicodemo saber más acerca del reino de Dios? Para todos los judíos este tema era importante. De una vez, pues, Cristo le habló de ese tema. En esos días Juan el bautista y Jesús predicaban acerca del reino: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mat. 3:2; 4:17). La palabra ver se explica en el ver. 5 (significa entrar en). Desde luego, nacer de nuevo significa la conversión.

 

3:4, 5 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. -- Jesús no habla de dos nacimientos sino de uno sólo. Describe la conversión como un nuevo nacimiento (o una regeneración, que es la misma cosa) y este concepto es ampliamente explicado e ilustrado en el resto del Nuevo Testamento:      Pablo engendró a los corintios con el evangelio (1 Cor. 4:15). "El de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas" (Sant. 1:18). "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (1 Ped. 1:23-25). El proceso del nuevo nacimiento es, pues, que la simiente incorruptible (la palabra) se siembra en el corazón de la gente, produce fe, arrepentimiento y obediencia para obtener el perdón de Dios y para participar de todas las bendiciones espirituales en Cristo.

      Los pasos de esta obediencia al evangelio son (1) oír, Rom. 10:17; (2) creer, Jn. 3:16; (3) arrepentirse, Luc. 13:5; (4) confesar la fe en Cristo como el Hijo de Dios, Rom. 10:10; y (5) bautizarse en agua para perdón de pecados (Hech. 2:38). El que hace esto "de corazón" (Rom. 6:17, con sinceridad y amor) nace otra vez (es regenerado), se convierte en cristiano, entra en el reino de Dios (Col. 1:13), o es agregado al Señor (Hech. 11:24) y su iglesia (2:47).

      Sin lugar a dudas el agua de este texto se refiere al bautismo en agua. En ese tiempo Juan bautizaba a muchos judíos para la remisión de pecados: 1:26, "Yo bautizo con agua"; 3:23, "Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados"; "Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados" (Mat. 3:5, 6; Mar. 1:4; Luc. 3:3). "El Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan" (Jn. 4:1; 3:22). Tomando esto en cuenta, no hay duda de que el agua de este texto es el agua del bautismo.

      Además de eso, el problema principal con los hombres eminentes como Nicodemo era su rechazo al bautismo: "Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan" (Luc. 7:30). Obviamente Nicodemo era uno de los que lo había rechazado. Si el Espíritu Santo habla de esta manera acerca de los que rechazaron el bautismo de Juan, imagínese lo serio de rechazar el bautismo enseñado por Jesús en la gran comisión (Mat. 28:19; Mar. 16:16).

      El nuevo nacimiento está bien ilustrado en el libro de Hechos que nos revela unos ejemplos claros del proceso de la conversión (2:37-41, los tres mil el día de Pentecostés; 8:12, los samaritanos; 8:35-37, el etíope; 9, 22, 26, Saulo de Tarso; 10, 11, Cornelio y su casa; 16:15, Lidia; 16:30-34, el carcelero; 18:8, los corintios; 19:1-5, los efesios). No hay tema bíblico que sea mejor explicado o ilustrado que el del nuevo nacimiento. No es aceptable ninguna explicación del nuevo nacimiento que no esté en completa armonía con estos textos. Aparte del bautismo en agua no hay nada conectado con la religión de Cristo a lo cual la frase, nacer de agua, pueda aplicarse.

      El agua y el Espíritu están unidos aquí, y también en Mat. 28:19; en Hech. 2:38; y en Tito 3:5. El nacer del agua y del Espíritu es ampliamente explicado en estos textos, pero el calvinismo hace todo lo posible por eliminar el bautismo del nuevo nacimiento. "Le indica los únicos medios por los cuales puede realizarse el nacimiento espiritual de que le ha hablado. Esos medios son el agua y el Espíritu. El uno es el símbolo, el otro la realidad" (B-S). Este autor tiene un símbolo dentro de otro símbolo. El nuevo nacimiento es un símbolo o figura de la conversión. Jesús no usa símbolos para presentar otros símbolos; más bien habla del agua del bautismo (literal) y del Espíritu (literal) que efectúan la conversión bajo la figura de un nuevo nacimiento.

      "El significado evidente es éste: el ser bautizado con agua no es suficiente. La señal ciertamente, es de gran valor. Tiene mucha importancia como una representación visible y como sello. Pero la señal debe ir acompañada de la cosa significada: la obra purificadora del Espíritu Santo" (GH). Pero ¿qué texto dice o implica que Nicodemo había sido bautizado con agua por Juan o por Jesús (o que pensaba hacerlo)? No hay ninguno. Esto es exactamente lo que "los fariseos y los intérpretes de la ley" rehusaron hacer (Luc. 7:30). Y ¿qué texto dice que el bautismo es señal o sello? Muchos evangélicos dicen que el bautismo es la señal o sello de la salvación, pero la Biblia no dice tal cosa. Desde luego, en el bautismo hay una semejanza; nuestro bautismo es "como" la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (Rom. 6:4; Col. 2:12), pero no es una señal o sello de la salvación. Más bien, la Biblia enseña claramente que el bautismo es necesario para salvación (Hech. 2:38; 22:16; 1 Ped. 3:21).

      Parece que el mismo autor (citado arriba) duda de su interpretación, pues al concluir su comentario sobre el ver. 5 él dice, "En un sentido, el llegar a ser hijo de Dios es un proceso que dura toda la vida (cf. 1:12), pero en el presente pasaje se trata de la limpieza inicial derivada de la implantación de una nueva vida en el corazón del pecador, y esto se deduce claramente de la afirmación hecha de que uno no puede entrar en el reino de Dios si no ha nacido de agua y del Espíritu".

      "Jesús dice a Nicodemo justamente lo que pide, el cómo de la regeneración. ¿Cómo es posible? ¡Por el bautismo!" (RCHL). Este comentarista (Lenski) enseña la aspersión en lugar de la inmersión y también enseña el "bautizo" infantil, pero a pesar de todos sus errores, él no elimina el bautismo de Juan 3:5.

      Dice otro bautista: "Existen muchas teorías. Una de ellas hace del bautismo ... esencial para el nacimiento del Espíritu ... Si es así, ¿por qué sólo se menciona el agua una vez en las tres demandas de Jesús (3, 5, 7)?" (ATR); es decir, Jesús dijo nacer de nuevo dos veces y dijo nacer de agua una sola vez. Dos son más que uno; por eso, se debe eliminar el bautismo. ¡Así es lo "profundo" de los argumentos sectarios para rechazar el bautismo! Verdaderamente su prejuicio contra el bautismo ha bajado al nivel del fanatismo.

      Lo que los evangélicos desean denunciar es la llamada "regeneración bautismal" del catolicismo, pero no pueden ver la diferencia entre la enseñanza católica y la enseñanza obvia del Nuevo Testamento. Nadie es regenerado por el bautismo solo, pero no puede ser regenerado sin obedecer a Cristo. El que obedece a Cristo no merece la salvación; no la gana como salario. Más bien, simplemente obedece los requisitos nombrados por el Señor para aceptar la salvación que es "dádiva de Dios". Dicen los bautistas: "El bautismo no es esencial para la salvación, porque nuestras iglesias completamente rechazamos el dogma de 'la regeneración bautismal'; pero es esencial para la obediencia, puesto que Cristo lo ha mandado. Es esencial para una confesión pública de Cristo ante el mundo, y para membresía en la iglesia que es su cuerpo" (así dice el Credo llamado Standard Manual for Baptist Churches por Edward Hiscox, páginas 20, 21). ¡Imagínese! Admiten que el ¡ser miembro de la iglesia bautista no es esencial! Según este credo, uno puede ser salvo y puede ir al cielo sin ser miembro de la iglesia bautista, pero para ser miembro de la iglesia bautista tiene que ser bautizado; es decir, es más fácil ir al cielo que ser miembro de la iglesia bautista. Pero ¿qué dice este credo acerca de la obediencia y la confesión? Según este credo, no son esenciales para la salvación. El bautismo es esencial para la obediencia pero no es esencial para la salvación; el bautismo es esencial para la confesión, pero no es esencial para la salvación. Según esta teología, pues, ¡la obediencia y la confesión no son esenciales para la salvación!

     

3:6 -- Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. -- En el nuevo nacimiento no la carne sino el espíritu tiene que ser regenerado.

 

3:7, 8 -- No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu -- "La carne, en la mente de Nicodemo, es la dificultad que Jesús está tratando de remover. Introduce el viento y su soplar, lo cual no se puede ver. Sopla donde quiere, nadie puede saber por vista de donde viene o adonde va, y luego dice que así es el que es nacido del Espíritu; es decir, es el espíritu del hombre -- invisible como el viento --, y no la carne, que ha de ser engendrado por el Espíritu de Dios. Quería enseñar a Nicodemo que es la parte espiritual y no la parte carnal del hombre que ha de renacer" (CEWD). "Se puede ver los efectos de este nuevo nacimiento por el cambio que sigue en la conducta del individuo, precisamente como se puede ver los efectos del viento por los objetos movidos por él (compárense Rom. 6:4-14; Efes. 4:24-32). Sin embargo, no se puede ver literalmente el nuevo nacimiento del espíritu, como no se puede ver el viento mismo" (RH).

      "Así como el viento sopla sin el control del hombre y su sonido puede ser oído, pero no se puede ver, ni se puede saber su origen o destino, así el Espíritu de Dios obra invisiblemente como El quiere, pero la evidencia se ve en todo aquel que es nacido del Espíritu" (FP). Compárese Ecles. 11:5, "Como tú no sabes cuál es el camino del viento".

      "Pneuma se traduce Error! Reference source not found. en Jn 3:8, 'el sopla' (la R. V. inglesa da, en el margen, 'el Espíritu alienta', su significado probable" (WEV). Comúnmente la palabra que se traduce viento es ánemos. La palabra pneuma se puede traducir viento o espíritu. Algunos eruditos insisten en que en esta frase (la primera parte del ver. 8) debe ser viento. P. ej.: "La traducción usual, viento, se confirma aquí por el uso del verbo pariente pnei, sopla, y por phonen, sonido, voz" (MV).

      Pero en otros textos que dicen que el viento sopla, no aparece la palabra pneuma, sino la palabra ánemos. Juan usa las palabras ánemos (viento) y pneo (soplar); p. ej., 6:18, "un gran viento (ánemos) que soplaba (pneo)". También en Apoc. 7:1: "para que no sople (pneo) el viento (ánemos)". Los mismos términos se encuentran en Mat. 7:25. ¿Por qué, pues, no se encuentran ánemos y pneo en Jn 3:8 si Cristo habló del viento que soplaba? Esto no es, sin embargo, un argumento conclusivo, porque otro problema es la expresión "así es todo aquel que es nacido del Espíritu". La palabra así indica una comparación; por eso, "este término (pneuma) ciertamente tiene el sentido de viento en este texto" (FLG).

      Obviamente Jesús presenta una comparación, y la palabra clave es houtos, así. Los traductores de nuestras versiones y muchos comentaristas creen que Jesús usa la ilustración del viento invisible cuyos efectos son visibles y que El concluye diciendo, "así es todo aquel que es nacido del Espíritu". Si la traducción correcta de la primera pneuma es espíritu, ¿cuál es la comparación? Parece que sería una comparación de lo que hace el Espíritu con lo que hace el Espíritu. Por eso, muchos aceptan la traducción de nuestras versiones: "El viento sopla ... ".

      Dice el Interlineal Griego-Español de Lacueva: "El espíritu donde quiere sopla". Dice otro comentarista: "El Espíritu respira como quiere, oyes su voz pero no sabes de donde viene ni a donde va, así por medio de oír su voz nace el que es nacido del Espíritu. Es decir, el Espíritu respira (se expresa) por medio de la palabra (el evangelio), en completa armonía con su voluntad y recibes la expresión de esta voluntad por medio de esta palabra; y mientras no puedes ver al Espíritu y de esta manera estás sin la evidencia visual de su llegada y salida, es por medio de oír su voz (expresada en su palabra) que naces otra vez. Así (de esta manera) uno nace del Espíritu. Esto es decir simplemente que uno nace del agua y del Espíritu por medio de recibir el mensaje del Espíritu expresado en el evangelio, y por ser bautizado para la remisión de pecados (1 Cor. 4:15; Sant. 1:18; Hech. 22:16; Rom. 6:3, 4). Las palabras de Pedro son un comentario inspirado sobre el significado de la frase, 'así es todo aquel que es nacido del Espíritu' ('siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre'" (GNW).

      Parece que esta interpretación es un poco forzada en cuanto a la expresión "así es todo aquel que es nacido del Espíritu", pero armoniza perfectamente con la enseñanza de Jesús y los apóstoles sobre el nuevo nacimiento.

      "'El Espíritu respira donde quiere', es decir, no hay límite de su poder en cuanto a ciertos individuos, clases o razas. Compárese 5:21, 'el Hijo a los que quiere da vida'. El pensamiento aquí es similar: no debe haber desesperación en cuanto al segundo nacimiento: el Espíritu respira donde quiere ... y oyes su sonido, el Espíritu se hace a sí mismo audible en sonidos articulados y significativos. La respiración del Espíritu es como el aliento del hombre, no mero aire, sino voz articulada y significativa. El Espíritu obra resultados inteligibles. No aulla como el viento y distorsiona al hombre en contorciones inefectivas como el viento distorsiona los árboles. Es una voz y el resultado está lleno de razón, en armonía con la naturaleza humana y vivificándola a una vida más alta" (MD).

      "No puede haber justificación para traducir pneuma como viento, cuando en la última cláusula de la misma frase, y tres veces en el contexto inmediato, se traduce espíritu. No puede haber duda que significa la misma cosa en las dos cláusulas de este versículo, y si traducimos viento en la primera cláusula, tenemos que decir 'nacido del viento' en la última cláusula". Este autor cree que este texto debe ser traducido de la siguiente manera: "El Espíritu respira donde quiere, y oyes su voz. Esto enseña que el hombre nace del Espíritu por medio de oír la voz del Espíritu, respirando como quiere a través de hombres inspirados. Equivale a lo que Pablo dice, que la fe viene por el oír la palabra de Dios" (JWM).

      "En griego, pneuma significa bien viento, bien espíritu ... La palabra pneuma aparece 370 veces en el N. T., y nunca denota viento en ningún otro pasaje, excepto en una cita del A. T. (He. 1:7 del Sal. 104:4), aunque sí comúnmente con este sentido en la LXX. Por otra parte, pneo (sopla, pnei) aparece en otros cinco pasajes en el N. T. y siempre del viento (como Jn. 6:18). Así phone puede bien ser sonido (como de viento) o voz (como del Espíritu). La verdad es que aquí se puede tomar cualquiera de ambos sentidos de pneuma como uno quiera" (ATR).

      -- sopla de donde quiere, -- "la R. V. inglesa da, en el margen, 'el Espíritu alienta', su significado probable" (WEV), pero otros piensan que el verbo soplar usado con el verbo pneuma indica que esta pneuma de la primera parte de este versículo es viento ("soplaron vientos", Mat. 7:25; Luc. 12:55, "cuando sopla el viento"; Apoc. 7:1 "que no soplase viento"; Hech. 27:40, "al viento").

      -- y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; -- Esta descripción de pneuma nos hace pensar en el viento.

      -- así es todo aquel que es nacido del Espíritu. -- El proceso no es físico, externo y visible, sino espiritual, interno e invisible. Lo que sí se puede ver son los efectos del viento y, de la misma manera, se puede ver el efecto del nacimiento del Espíritu.

 

3:9, 10 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? -- Algunos de los maestros de Israel se creían muy conocedores de las cosas de Dios, pero ¿qué sabían de Ezeq. 18:31 que dice, "haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo"? ¿O Ezeq. 36:26, "Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros"? ¿Habían leído y estudiado el Sal. 51:10, "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí"? El concepto básico del nuevo nacimiento no debía haber sido nuevo para Nicodemo.

 

3:11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, -- y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. -- Jesús emplea el plural retórico como en Mar. 4:30, "¿A qué haremos semejante el reino de Dios?" Las palabras de Cristo no se basaban en especulaciones ni conjeturas, sino en la realidad de lo que El sabía (como fiel Testigo, Apoc. 1:5).

 

3:12 -- Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? -- El nuevo nacimiento se incluye entre "cosas terrenales" porque aunque sea de origen divino, tiene que ver con nuestra vida diaria, nuestras actividades y experiencias terrenales.

 

3:13 -- Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, -- Por eso, solamente El puede enseñar las cosas celestiales. En este texto y en otros Juan recalca la preexistencia de Cristo. Descendió del cielo y después de morir y resucitar volvió al cielo (Hech. 1:9-11).

      -- que está en el cielo. -- Dice el margen de LBLA que los mss. más antiguos no incluyen esta frase, pero a través del libro Juan enfatiza que Cristo es Dios y, siendo Dios, es omnipresente; es decir, estando en la tierra todavía estaba en el cielo.

 

3:14, 15 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto (Núm. 21:4-9), así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado (12:31, 32), para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. -- Cuando los israelitas fueron mordidos por las víboras, no podían hacer nada para curarse; por lo tanto, Dios proveyó el remedio. De la misma manera, proveyó el remedio para el mal causado por el pecado. ¿Habrá discutido con Dios algún israelita sobre ese remedio? ¿Habrán tenido diálogo acerca de la eficacia de alzar los ojos para ver la serpiente sobre el asta? ¿Habrá dicho algún israelita moribundo, "Yo sé que Moisés cree que solamente por medio de mirar la serpiente sanaremos, pero no conviene ser extremista, pues hay otros puntos de vista"? ¿Cuántos se habrán quejado diciendo que no podían ver ninguna relación entre la serpiente sobre el asta y las mordidas? Todos saben que si la gente hubiera "razonado" de esa manera, habrían sufrido una consecuencia mortal. ¿No habrá lección en esto, pues, para la gente hoy en día que solamente quiere discutir y "razonar" neciamente con respecto a la necesidad del bautismo para perdón de los pecados? Se puede decir que en el día de Pentecostés los tres mil que obedecieron al evangelio para el perdón de pecados figuradamente alzaron los ojos para ver la serpiente sobre el asta.

 

3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, -- 1 Jn. 4:8. Al contemplar la corrupción del hombre y su rebelión contra Dios, se pregunta, "¿Cómo es posible que Dios haya amado tanto al mundo?" La respuesta es que la palabra amar (agapao) se refiere a su perfecto amor de inteligencia y propósito, un amor deliberado que busca el bienestar espiritual y físico del hombre. Se distingue de phileo, el amor de afecto y amistad (el amor que da gusto). Los dos verbos se usan en 11:3 ("el que amas", phileo) y 11:5 ("amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro", agapao). Dios ama (agapao) a todos, aun a sus peores enemigos, y requiere que hagamos lo mismo (Mat. 5:44-48). Véase Rom. 5:8.

      -- que ha dado a su Hijo unigénito, -- Rom. 5:8; 8:32. En esto se ve la magnitud del amor de Dios. El amor verdadero -- el amor de Dios -- se puede ver en lo que hace. No es "de palabra ni de lengua" (1 Jn. 3:18), sino de hechos.

      -- para que todo aquel -- esto indica lo imparcial de su amor; el evangelio es para todos (Mat. 28:19; Mar. 16:15; Hech. 10:34, 35).

      -- que en él cree, -- lo opuesto de creer no es dudar sino desobedecer (3:36, "El que cree ... el que no obedece" LBLA). La salvación que Dios provee es condicional. Dios provee la salvación y el hombre la acepta. El hombre no podía ni puede hacer lo que Dios ha hecho -- proveer la salvación --, y Dios no puede hacer por el hombre lo que éste tiene que hacer por sí mismo (aceptar la salvación). La salvación es condicional. Todo aquel que en él cree es todo aquel que le obedece, como dice el ver. 36, "el que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él" (LBLA). Por eso, la palabra creer en este texto (y en muchos otros) significa obedecer. Toda la humanidad está dividida en solamente dos grupos: obedientes (salvos) y desobedientes (condenados).

      Al dar lectura superficial a este texto alguno puede suponer que el creer es el único requisito para obtener la salvación, pero compárense los siguientes textos que también nombran un solo requisito: Juan 5:25, "los que la oyeren vivirán" (¿Es el oír el único requisito para ser salvo?); Rom. 10:13, "todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" (¿Es el invocar al Señor el único requisito para ser salvo?); Hech. 11:18, "a los gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida" (¿Es el arrepentimiento el único requisito para ser salvo?); Rom. 10:10, "con la boca se confiesa para salvación" (¿Es la confesión el único requisito para ser salvo?); 1 Ped. 3:21, "El bautismo ... nos salva" (¿Es el bautismo el único requisito para ser salvo?). Al leer estos textos es fácil reconocer que el requisito nombrado representa o abarca los demás requisitos. Así es con el creer de Juan 3:16.

      -- no se pierda, (3:36; Mat. 7:13, 14; 10:28; 18:9, 25:41, 46; 2 Tes. 1:7-9; 1 Ped. 4:17; Apoc. 20:15).

      -- mas tenga vida eterna -- esta expresión aparece 17 veces en este libro.

      Este versículo se ha designado como el texto dorado de la Biblia. Véase Rom. 5:8.

 

3:17 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. -- Cuando Cristo vino al mundo, el hombre ya estaba condenado. La condición del hombre se ilustra en las parábolas de la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo. El pastor quería encontrar su oveja perdida, la mujer quería encontrar su moneda perdida, y el padre quería que su hijo pródigo volviera. Dios es amor (1 Jn. 4:8) y no quiere que nadie perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Ped. 3:9), que venga al conocimiento de su voluntad (1 Tim. 2:4) para ser salvo.

      Esta verdad merece mucha atención y énfasis: ahora Cristo es nuestro Salvador. Actualmente Cristo no es el Fiscal sino nuestro Abogado (1 Jn. 2:1). Desde luego, el juzgar estaba involucrado en la obra de Jesús en su primera venida (3:19-21; 9:39), pero su propósito principal no era juzgar o condenar. Este texto refuta la idea de los judíos que esperaban que al venir el Mesías destruyera a los romanos.

      De hecho los que están condenados se condenan solos. Están muy enfermos pero rehúsan dejar que el Buen Médico les sane (Mat. 9:12; 13:15). Pablo dijo a los judíos que rechazaban el evangelio, "no os juzgáis dignos de la vida eterna" (Hech. 13:46). Muchos juzgan a Cristo y el evangelio sin darse cuenta de que en realidad están juzgando (condenando) a sí mismos. Aun cuando el concilio, Pilato y Herodes juzgaron y condenaron a Jesús, en realidad se juzgaban a sí mismos.

 

3:18 El que en él cree, no es condenado; -- "Habiendo 'pasado de muerte a vida' (cap. 5:24) inmediatamente al creer" (JFB). De esta manera interpretan el texto los comentaristas calvinistas, pero después de leer 5:24, léase también 5:25 que dice, "Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán". Por lo tanto, si Juan 5:24 enseña que uno se salva inmediatamente al creer, entonces Juan 5:25 enseña que uno se salva inmediatamente al oír.

      -- pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. (14:6; Hech. 4:12; 1 Cor. 3:11). El término unigénito significa único y se refiere a la relación especial entre Cristo y el Padre.

 

3:19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas (la ignorancia y superstición, toda clase de pecado, todo lo que se oponga a Dios) que la luz (la verdad, el conocimiento, la justicia, 1:4, 5) porque sus obras (acciones, LBLA) eran malas. -- Jesús no se refiere solamente a la borrachera, el homicidio, el hurto, etc., sino también a las tinieblas religiosas e intelectuales (2 Cor. 10:3-5). Los fariseos, saduceos, escribas y ancianos -- los líderes del pueblo de Israel -- estaban en tinieblas y resistían a Cristo y a los apóstoles porque amaban las tinieblas. Habían aprendido lo que las Escrituras dicen, pero no tenían corazones buenos y honestos (Luc. 8:15; Hech. 17:11). Los hombres que no obedecen al evangelio no pueden disculparse diciendo que no entienden la voluntad de Dios. Su problema no es intelectual sino moral. No aman la verdad, 2 Tes. 2:10-12.

 

3:20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras (acciones, LBLA) no sean reprendidas. -- "Y por ello habla en contra de ella, ridiculizando a Cristo, al cristianismo, a las iglesias, a los predicadores, etc. Y lo hace en conversación, revistas, libros, en un tono pretencioso que encubre una absoluta ignorancia" (ATR). El medio más efectivo empleado por los que aman las tinieblas es la televisión. Las películas que pasan por la televisión presentan a los personajes religiosos como hipócritas, insolentes, ignorantes, extremistas, fornicarios, borrachos, etc. para que la gente desprecie y aborrezca la religión.

 

3:21 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras (acciones, LBLA) son hechas en Dios. -- El que ama y practica la verdad y la justicia es atraído por Cristo y se acerca cada vez más a El.

 

3:22 Después de esto, vino Jesús con sus discípulos a la tierra de Judea, y estuvo allí con ellos, y bautizaba. -- El bautismo practicado por Jesús era preparatorio, como el de Juan. Decían, "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (3:2; 4:17). Frecuentemente se pregunta si los que fueron bautizados por Juan tenían que ser bautizados otra vez. ¿Por qué no se pregunta si los que fueron bautizados por Jesús tenían que ser bautizados otra vez? Los dos practicaron el mismo bautismo.

 

3:23 Juan bautizaba también en Enón, junto a Salim, porque había allí muchas aguas; y venían, y eran bautizados. -- Los que practican la aspersión en lugar de la inmersión dicen que las "muchas aguas" eran manantiales y que Juan había escogido este lugar para bautizar para que la multitud tuviera bastante agua para tomar. Dicen esto porque saben que no se necesita muchas aguas para practicar la aspersión. Tales "explicaciones" necias ilustran el prejuicio de los que no aman la verdad.

 

3:24 Porque Juan no había sido aún encarcelado. -- El ministerio de Juan comenzó primero, pero después de su bautismo y la tentación en el desierto, Jesús comenzó su propio ministerio. Anunciaban el mismo mensaje (Mat. 3:2; 4:17), y los dos bautizaban a mucha gente para el perdón de pecados. Marcos (1:14) dice, "Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios", pero Juan 3:22-24 se refiere a la obra de Juan y Jesús en Judea cuando "Juan no había sido aún encarcelado". Mateo 4:1-11 describe las tres tentaciones de Jesús y dice en el ver. 12, "Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea", pero Jesús ya había comenzado su ministerio. Juan 3:22-24 indica que Juan y Jesús simultáneamente enseñaban y bautizaban a mucha gente. Esto ocurrió, pues, entre Mat. 4:11 y 12.

 

3:25 Entonces -- "oun. No una partícula de tiempo, sino de consecuencia; por lo tanto, porque tanto Jesús como Juan bautizaban" (MV). Hubo discusión entre los discípulos de Juan y los judíos (un judío, LBLA) acerca de la purificación. -- Esta palabra (katharismos) se refiere a la purificación ceremonial de los judíos en 2:6. El verbo (katharizo) se usa del bautismo en Efes. 5:26, "purificado" y Tito 3:5, "lavamiento". Ignoramos los detalles de esta discusión, pero de ella salió el siguiente comentario acerca de la obra de Jesús:

 

3:26 Y vinieron a Juan y le dijeron: Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él. -- Si todos "vienen a él", el ministerio de Juan fue exitoso, porque él quería que la gente siguiera a Jesús.

 

3:27 Respondió Juan y dijo: No puede el hombre recibir nada, si no le fuere dado del cielo. -- Heb. 5:4, 5; 1 Cor. 3:6; 4:7. Juan entendía el papel que había de desempeñar, lo aceptaba y estaba llevándolo a cabo.

 

3:28 Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. -- Juan era muy popular, pues "salía a él Jerusalén, y toda Judea y toda la provincia de alrededor del Jordán" (Mat. 3:5), pero con toda humildad aceptó su lugar subordinándose a Cristo, y dijo, "Yo no soy el Cristo" (1:20).

 

3:29 El que tiene la esposa, es el esposo; -- La palabra esposa se usaba en el Antiguo Testamento para expresar la relación estrecha entre Dios y su pueblo (Isa. 54:5; 61:10; 62:4, 5; Jer. 2:2; 3:20). La esposa pertenece al esposo. La iglesia es la esposa de Cristo (Efes. 5:25-27, 32; Apoc. 19:7, 21:2, 9; 22:17). Juan sabía que la esposa no era de él, sino de Cristo.

      -- mas el amigo del esposo (Mat. 9:15, LBLA, acompañantes del novio; 2 Cor. 11:2, "os he desposado con un solo esposo"), que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así pues, este mi gozo está cumplido. -- En lugar de ser envidioso Juan se gozaba grandemente al ver el progreso del ministerio de Jesús.

 

3:30 Es necesario que él crezca (Dan. 2:44), pero que yo mengüe. -- Este dicho demuestra la grandeza de Juan (Mat. 11:11). Con toda humildad quería exaltar a Cristo. Todo siervo del Señor debe tener esta actitud, porque es indispensable que la gente sea convertida a Cristo y no al evangelista (1 Cor. 1:10-13).

 

3:31 El que de arriba viene, es sobre todos (la supremacía de Cristo se ve en su origen); el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla (aun cosas que no convienen, Mat. 11:2, 3; 18:1; Gál. 2:11-14); el que viene del cielo, es sobre todos. -- Jesús había de crecer porque había venido "de arriba" y, por lo tanto, "es sobre todos". Juan el bautista era un profeta muy importante (Mat. 11:11), pero era "de la tierra".

      Algunos dicen que los vers. 31-36 ya no son las palabras de Juan el bautista, sino las del apóstol (el escritor del libro), pero Juan el bautista era capaz de pronunciar estas verdades (compárense 1:26, 27, 29-36; 3:27-30; Mat. 3:11-12).

 

3:32 Y lo que vio y oyó, esto testifica; -- Cuando Cristo "descendió del cielo" (3:13) para llevar a cabo su misión aquí en la tierra, testificaba lo que había visto y oído en el cielo. "Lo que hemos visto, testificamos" (3:11). Hay hermanos que niegan la deidad de Cristo, reduciéndolo al nivel de los apóstoles, pero éstos no habían visto y oído lo que Cristo había visto y oído.

      Habiendo venido de arriba Jesucristo era "el testigo fiel" (Apoc. 1:5) de cosas celestiales. El tenía conocimiento personal ("vio y oyó"), 3:11, 13. Por lo tanto, su mensaje es la voluntad exacta de Dios para la humanidad (5:19; 7:16, 29; 8:26, 38, 40: 15:15).

      -- y nadie recibe su testimonio. -- Es decir, la mayoría de la gente lo rechazó (1:5, 11), porque el siguiente versículo habla de "El que recibe su testimonio" (Mat. 7:13, 14).

 

3:33 El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz. --

      Cristo vino al mundo como el Embajador del Padre y las palabras del Embajador son las de Aquel que lo envió. 8:26, 28; 15:5. En esto se ve la culpa superlativa de los que rechazan este testimonio (PTB). Lo contrario de este texto es: El que no recibe su testimonio, éste no atestigua que Dios es veraz, y si no es veraz ¿qué será? 1 Jn. 5:10, "el que no cree a Dios, le ha hecho mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado acerca de su Hijo". El llamar a otro mentiroso es un insulto, porque significa que está desprovisto de carácter moral y que su palabra no vale. Compárese Rom. 3:4.

 

3:34 Porque el que Dios envió, -- Juan era enviado por Dios (1:6), pero aquí esta expresión se refiere a Jesús (como en muchos otros textos: 3:17; 5:36; 6:29; 7:29; 8:42; 9:7; 10:36; 11:42, etc.). El ver. 35 lo confirma.

      -- las palabras de Dios habla (véase ver. 32, textos); pues Dios no da el Espíritu por medida -- La expresión por medida significa escasamente: "Quebrantaré el sustento del pan en Jerusalén; y comerán el pan por peso y con angustia, y beberán el agua por medida y con espanto" (Ezeq. 4:16). Como dice el siguiente versículo, "todas las cosas ha entregado en su mano". Juan enfatiza que Jesús era dotado perfectamente, sin límite.

      Algunos citan este texto para afirmar que hay medidas del Espíritu Santo: que los apóstoles recibieron la medida bautismal, que otros recibieron la medida impartida por las manos de los apóstoles, y que los demás cristianos reciben la medida de morar el Espíritu en nosotros. Es cierto que los apóstoles fueron bautizados con el Espíritu Santo, que impusieron sus manos sobre otros para impartirles los dones del Espíritu, y que el Espíritu mora en los cristianos, pero este versículo dice que Dios no da el Espíritu por medida y, por eso, este texto no debe aplicarse de esa manera.

      Los hermanos que enseñan que el error de que Cristo se despojó a sí mismo de sus atributos divinos (véase 1:14) enseñan que Cristo no tuvo poder inherente o intrínseco, porque fue tentado como hombre. Por eso, dicen que El -- al igual que los apóstoles -- tuvo que recibir poder del Espíritu Santo, pero citan este texto que dice que Dios no le dio el Espíritu por medida (es decir, que no tuvo poder limitado). Si Cristo -- con su poder inherente, poder como Hijo de Dios -- no pudo ser tentado como hombre, ¿cómo pudo ser tentado como hombre si era omnipotente, omnisciente, etc. por el poder del Espíritu Santo? Así es la insensatez de los argumentos de los que niegan la deidad de Cristo.

     

3:35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano. -- 5:19, "todo lo que el Padre hace también lo hace el Hijo igualmente"; 5:22, "todo el juicio dio al Hijo"; 5:27, "le dio autoridad de hacer juicio"; 5:26, "ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo"; 17:22, "la gloria que me diste"; 17:8, "las palabras que me diste"; Mat. 11:27 (Luc. 10:22), "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre"; Mat. 28:18 "toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra"; Efes. 1:22, "lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia".

 

3:36 El que cree en el Hijo tiene vida eterna (1 Jn. 2:25); pero el que rehúsa creer (no obedece, LBLA) en el Hijo no verá la vida, -- Este texto muestra claramente que el creer en Cristo equivale a obedecerle. Además, los verbos pisteuon (cree) y apeithon (no obedece) son gerundios y, por eso, no expresan un solo acto, sino una manera de vida. La traducción de La Biblia de las Américas de la palabra apeithön es la correcta. Literalmente significa no persuasible. Compárese Luc. 16:31. Pablo y Bernabé, "hablándoles, les persuadían a que perseverasen en la gracia de Dios" (Hech. 13:43; 19:8). Muchos judíos estaban "persuadidos de que Juan era profeta" (Luc. 20:6).

      Aun el bautista A. T. Robertson dice: "El que rehúsa creer (ho apeithön). 'El que es desobediente al Hijo'". ¿Qué significa creer en el Hijo? Para entenderlo pregúntese ¿cuál es lo opuesto de creer? Ser desobediente. Obviamente, pues, creer equivale a obedecer.

      En Hech. 14:2 este verbo se traduce no creían (desobedecieron, LBLA, margen); Hech. 19:9, no creyendo (desobedientes, LBLA); 1 Ped. 2:7, no creen; Rom. 2:8, no obedecer; 11:30, 31, desobedientes; 1 Ped. 2:8; 3:20, desobedientes; 1 Ped. 4:17, no obedecen; Heb. 3:18, desobedientes (el ver. 19 habla de su incredulidad, es decir, los incrédulos -- los que no creen -- son desobedientes.

      Cuando el pueblo de Israel se rebeló contra Dios, El dijo, "¿Hasta cuándo no me creerán?" Núm. 14:11. "Me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz" (ver. 22). "No verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado (desdeñaron, LBLA) la verá" (ver. 23). Este texto claramente demuestra que la frase "no creer" significa no obedecer.

      Otro ejemplo de lo mismo es Núm. 20:8-13. Dios dio tres mandamientos a Moisés y Aarón: tomar la vara, reunir el pueblo, y hablar a la peña, pero Moisés tomó la vara, reunieron al pueblo y dijeron al pueblo, "¡Oíd ahora, rebeldes! ¿Os hemos de hacer salir aguas de esta peña? y entonces Moisés alzó la mano y golpeó la peña con su vara dos veces". Por su desobediencia Dios les dijo, "Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado". Véase Deut. 32:48-52, "Sube ... mira la tierra de Canaán ... verás ... la tierra; mas no entrarás allá". Ante los ojos de Dios el desobedecer equivale a no creer, y también significa no santificar a Dios, porque al golpear la peña dos veces (Dios había dicho, "hablad a la peña") y dejaron la impresión de que ellos mismos habían sacado el agua de la peña. Moisés "habló precipitadamente con sus labios" (Sal. 106:33). ¿Cómo describe Dios su pecado? "No creísteis en mí" (Núm. 20:12), "fuisteis rebeldes a mi mandamiento" (ver. 24); "pecasteis contra mí ... no me santificasteis en medio de los hijos de Israel" (Deut. 32:51).

      Oramos, "Santificado sea tu nombre" (Mat. 6:9), pero santificamos su nombre cuando escuchamos y obedecemos su palabra.

      Compárese también la palabra hupekousan que aparece en Rom. 10:16. Literalmente, esta palabra significa "no hacer caso, no tener en cuenta" (LBLA), pero se traduce (correctamente) no obedecer. El evangelio fue predicado al pueblo de Israel (véase Gál. 3:8), pero no obedecieron al evangelio (no  escucharon, no hicieron caso al evangelio, no prestaron atención al mensaje); eran rebeldes (ver. 21, la misma palabra; otra vez en 15:31); Heb. 11:31, desobedientes.

      En Hech. 12:13, se traduce simplemente escuchar (así es su sentido radical); Mat. 8:27, "aun los vientos y el mar le obedecen" (le escuchan, le hacen caso); Mar. 1:27, "con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen" (le escuchan, le hacen caso ); Hech. 6:7; 7:39; Rom. 6:17; Efes. 6:1; 2 Tes. 1:8.

      Recuérdese el ejemplo de Abraham quien "creyó a Dios y le fue contada a (para) justicia" (Gén. 15:6, VM). La palabra creer abarca la aceptación de la autoridad del Señor y la obediencia.

      -- sino que la ira de Dios está (permanece, LBLA) sobre él. -- Rom. 2:8; Apoc. 6:16; 19:15. La ira de Dios permanece sobre los que no obedecen al evangelio de Cristo, simplemente porque "él es la propiciación por nuestros pecados" (1 Jn. 2:2). El evangelio es la misericordia de Dios, pero los que rechazan el evangelio rechazan también la misericordia de Dios y "la ira de Dios permanece sobre él".

      Este texto suena como las palabras de Juan el bautista en Mat. 3:10-12.

      En cuanto a seguir a Cristo no hay término medio. Hay solamente dos categorías de gente: los que creen en Cristo (le obedecen) y los desobedientes. Hay solamente dos caminos (Mat. 3:13, 14), dos maneras de construir la casa de la vida (Mat. 7:24-27) y dos destinos (Mat. 25:31-46).

 

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Juan 4

 

      Ahora Juan explica la razón por la que Jesús salió de Judea para volver a Galilea.

 

4:1, 2 Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan -- compárese 3:26, los discípulos de Juan dijeron, "todos vienen a él (Cristo)". Por esta causa, como los fariseos habían investigado a Juan (1:19, 24), ahora harían lo mismo con Jesús, pero la hora de Jesús no había llegado y El no estaba listo para la confrontación con ellos, pues todavía tenía mucho trabajo que hacer tanto en Galilea como en Judea.

 

4:2 (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos), -- No convenía que Jesús bautizara con sus propias manos porque, sin duda, si lo hubiera hecho, los bautizados por El se habrían elevado sobre los demás (compárese 1 Cor. 1:14, 15). La eficacia del bautismo no depende del bautizador, sino del corazón (el entendimiento y la voluntad) del bautizado. Se puede decir, pues, que todos los que se bautizan de acuerdo con la instrucción de Jesús son bautizados por El. El bautismo bíblico no es, pues, una obra de la justicia humana (como el calvinismo enseña) sino una obra de Cristo.

 

4:3 salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea. -- Véase Mat. 4:12; Mar. 1:14. Jesús volvió a Galilea por causa del encarcelamiento de Juan y porque los fariseos se daban cuenta de que Jesús bautizaba más discípulos que Juan. Su popularidad provocaba la envidia de los judíos (Mat. 27:18).

 

4:4 Y le era necesario pasar por Samaria. -- Samaria era una provincia que recibió su nombre de la ciudad de Samaria, la capital del reino de Israel (el reino del norte compuesto de diez tribus). Esta provincia estaba entre Judea y Galilea. Debido a la enemistad entre los judíos y los samaritanos (ver. 9) comúnmente los judíos viajaban unos siete días para ir de Galilea a Jerusalén (evitando Samaria y pasando por Perea al este del Jordán), pero la ruta directa -- a través de Samaria -- era viaje de solamente unos tres días. A Cristo "le era necesario" pasar por Samaria, porque (1) era la ruta más corta; (2) El no tenía prejuicio contra los samaritanos y, por eso, no tenía por qué evitar el país; y (3) de una vez quería romper barreras y abrir campo para la conversión de los samaritanos (compárese Hechos 8:5-12), pero (4) sobre todo, le era necesario pasar por Samaria, como era "necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado" (Luc. 4:43); le era necesario "ir a Jerusalén y padecer ... y ser muerto, y resucitar al tercer día" (Mat. 16:21); y le era necesario "hacer las obras del que me envió" (Jn. 9:4); es decir, le era necesario hacer la voluntad del Padre.

 

4:5, 6 -- Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. -- En este capítulo se observa tanto la humanidad de Cristo ("cansado", tenía sed, 19:28) como también la deidad de Jesús (ver. 18, omnisciente). Jesús llegó a ser hombre "para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo ... y para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo" (Heb. 2:14-18; 4:15, 16). La "hora sexta" era las seis de la tarde (tiempo romano) o las doce del día (tiempo judío).

 

4:7-8 -- Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. (Gén. 24:13, 14; Ex. 2:16). Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. -- Los discípulos hubieran ofrecido dinero para sacar agua, pero Jesús concedió a la mujer la oportunidad de hacerle un favor (JWM).

 

4:9 La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? -- Ella pregunta, "¿Cómo?" y la respuesta fue que Jesús pidió un favor para que le pudiera hacer un favor mucho más grande. De esa manera Jesús abrió la puerta para poder enseñarle, hablando de una cosa que a ella le interesaba. No solamente enseñó a esta mujer, sino que a través de ella enseñó a muchos samaritanos (vers. 39-42).

      -- tú, siendo judío -- esto indica que Jesús tenía la apariencia (ropa, habla, etc.) de judío. Tal vez esta mujer haya creído que Jesús, siendo judío, le odiaba pero que ahora por causa de la sed se humillaba para pedirle este favor. Aunque en otra ocasión prohibieron que sus apóstoles entraran "en ciudad de samaritanos" (Mat. 10:5), El no dejó de demostrar su amor por ellos (Luc. 10:30-37; 17:12-17; Juan 4). Para la samaritana Jesús era "judío", "Señor" (ver. 11), "un profeta" (ver. 19); y "el Cristo" (ver. 29).

      -- Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. -- (1) Porque los antepasados de los samaritanos eran las diez tribus que se rebelaron contra Roboam, hijo de Salomón, para formar el reino del norte llamado Israel con Samaria por capital (1 Reyes 12:25-33), y (2) porque cuando los judíos volvieron de la cautividad en Babilonia, rehusaron que los samaritanos colaboraran con ellos en la construcción del templo (Neh. 2:10, 19; 4:1-3). Para insultar a Jesús los judíos decían, "¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?" (8:48). Para evitar tales insultos (y aun injuria física) de los samaritanos, los judíos de Galilea pasaban por Perea (al este del río Jordán) para ir a las fiestas solemnes de Jerusalén. Cuando los samaritanos no querían recibir a Jesús, Jacobo y Juan dijeron, "Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?" (Luc. 9:53, 54). En cuanto a la vida social los judíos y los samaritanos no se trataban entre sí, pero éstos no rechazaron el dinero de aquéllos (ver. 8).

 

4:10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios (3:16; 2 Cor. 9:15, el supremo don de Dios estaba en ese momento sentado junto al pozo) y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. -- 2:24, 25. En esto comenzamos a ver lo universal del evangelio. Jesús era enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel (judíos), pero tenía mucho interés en los samaritanos (Luc. 10:30-37; 17:11-19) y en los gentiles (Mat. 8:5-13; 15:21-28). No nos sorprende que después de morir Jesús enviara a sus apóstoles a los samaritanos (Hech. 1:8) como también "a lo último de la tierra".

      Jesús, conociendo el corazón de esta mujer, sabía que si ella le hubiera conocido, ya le habría pedido el agua viva. El "agua viva" corre (Gén. 26:19; Lev. 14:5, "aguas corrientes") en contraste con agua almacenada, como en una cisterna. Véase 7:37-39 que trata de la obra del Espíritu Santo, "de su interior correrán ríos de agua viva". Por causa de la sed los dos habían llegado al pozo, pero el alma también tiene sed y todos los que tengan sed espiritual (Mat. 5:6) deben acudir a Cristo (Apoc. 22:17).

      Continuamente Jesús se refería a las cosas naturales para enseñar lecciones espirituales: p. ej., las aves, los lirios, la tormenta, la simiente, la siembra y la cosecha, el pescador, la red, etc.

      Jesús nos deja un buen ejemplo del evangelismo espontáneo. Para iniciar su enseñanza habló de algo de interés común, y pronto introdujo su tema espiritual. Muchas iglesias tienen actividades programadas para la obra personal, pero el mejor evangelismo está ilustrado aquí en Juan 4.

 

4:11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? -- Compárese 3:4. Es normal que la mente humana entienda las palabras en su sentido literal, pero si el sentido literal no es razonable, es necesario que se entiendan en el sentido figurado.

 

4:12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob (compárese Mat. 12:41, 42), que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? -- ¿Cómo podía este extranjero ser mayor que Jacob quien tenía grandes riquezas? Ella dice "nuestro padre" Jacob, pero Jesús hablaba de los samaritanos como extranjeros (Mat. 10:5; Luc. 17:18). Sin embargo, en cuanto al pozo, es cierto que Jacob lo dio a José del cual los samaritanos eran descendientes.

      Cuando Jesús instituyó la cena del Señor, "tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos" (Mateo 26:27). Al leer este texto algunos hermanos insisten en que se use una sola copa y que todo participante toque sus labios al recipiente del fruto de la vid, pero en Juan 4:12 la mujer samaritana, hablando del pozo de Jacob, dijo que "nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados". ¿Quería decir que tocaron el pozo con sus labios? Tampoco significa la expresión "bebed de ella todos" que todos deberían tocar sus labios al mismo recipiente. La copa es el contenido (el fruto de la vid).

 

4:13-14 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; -- El agua es una de las bendiciones más grandes de Dios y, por eso, de muy alta estima, pero junto con toda provisión física, satisface sólo por poco tiempo y volvemos a tener sed. La mejor ropa -- la más costosa -- por deseable que sea, pronto se acaba. Así también las casas, los muebles, los automóviles y todas las cosas terrenales son de poca duración.

      -- mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; -- Compárese 6:27, la comida que perece y la que para vida eterna permanece. Jesús es el pan verdadero que satisface el apetito del alma (6:35). "Venid a mí ... yo os haré descansar" (Mat. 11:28)

      -- sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. -- (Apoc. 21:6).

 

4:15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. -- Todavía le faltaba entendimiento acerca de la naturaleza de esta agua y de lo que le costaría recibirla, pero aunque estuviera confusa ya había comenzado a tener fe en Jesús y ansiosamente pidió el agua que le ofrecía.

 

4:16 Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. -- ¿Con qué propósito le dijo esto? Para que ella entendiera su necesidad del agua que le ofrecía, como también lo que le iba a costar. A millones de personas que están mal en su matrimonio, Jesús dice, "llama a tu cónyuge, y ven acá" para que aprendan la voluntad de El con respecto al matrimonio (Mat. 5:32; 19:9). También dice a todos los demás, "trae lo que te ha separado de Dios, y ven acá".

 

4:17-18 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. -- 2:24, 25. Jesús el Buen Médico entendía perfectamente la enfermedad espiritual de esta persona. Obviamente los samaritanos tenían la misma actitud que los judíos acerca del matrimonio (Mat. 19:3). La samaritana no mintió a Jesús, pero se duda que haya pensado hablarle acerca de su vida matrimonial.

      Otra vez Jesús demostró que era omnisciente. Para El la vida de todos era como un libro abierto (Heb. 4:12, 13).

 

4:19 Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta. -- No negó lo que le dijo, sino que reconoció que lo que El dijo acerca de ella era cierto y, por eso, concluyó que Jesús era profeta. Compárese 1:48, 49; 3:2.

 

4:20 Nuestros padres adoraron en este monte (Monte Gerizim), -- ¡Cuántos millones adoran a Dios (o a sus propios dioses) simplemente porque así "nuestros padres" adoraron! Son pocos los que se apartan de la religión de sus padres. Además, hay peligro de que los hijos de los hermanos fieles tengan solamente una religión "heredada", es decir, que asistan a los servicios, y aun se bauticen, porque es lo que sus padres hicieron.

      -- y vosotros (judíos) decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. -- Parece que ella quería cambiar de tema para no seguir hablando acerca de su vida matrimonial (esta es la actitud de mucha gente que está mal en su matrimonio), pero también es muy posible que al convencerse que Jesús era profeta de Dios, quisiera aprovechar la oportunidad para resolver una cuestión seria entre los judíos y los samaritanos con respecto al lugar correcto para adorar a Dios.

      Los samaritanos basaban su confianza en el monte Gerizim como el lugar donde se debería adorar por las siguientes razones: (1) Dios había aparecido a Abraham en ese sitio (Gén. 12:6, 7); (2) Jacob había vivido allí (Gén. 33:18); (3) José había llegado a ese lugar buscando a sus hermanos (Gén. 37:12, 13); (4) Josué había leído las bendiciones y las maldiciones en ese lugar (Josué 8:33); (5) y había dado allí su discurso final (Josué 24:1); y (6) los huesos de José fueron sepultados allí (Josué 24:32). Sin embargo, todo aquello era razonamiento humano, pues Dios había escogido a Jerusalén (1 Reyes 9:3) "para poner allí su nombre para su habitación" y dijo, "ése buscaréis, y allá iréis" (Deut. 12:5, 11).

 

4:21 Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora (el tiempo) viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. -- ver. 24; 1 Tim. 2:8. Antes de contestar la pregunta de la samaritana, Jesús "llegó al grano", afirmando que un nuevo orden estaba por establecerse en el cual ni Jerusalén ni ese monte tendrían importancia. Esta profecía habrá sido muy agradable para la samaritana, pues este Profeta judío dijo que la hora vendría cuando los samaritanos podrían adorar a Dios sin subir a Jerusalén. Aparte de eso, aunque sus "padres adoraron en este monte", ellos no lo harían; más bien, ellos serían librados de los muchos requisitos externos de su religión nacional.

 

4:22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; -- Jesús no quería insultar a esta mujer, sino que quería ganar su alma, pero solamente la verdad salva; por eso, tuvo que decirle que los samaritanos estaban equivocados. Aunque profesaran adorar al Dios verdadero, en realidad El era para ellos (como lo era para los atenienses) el Dios no conocido. Parte de su culto se basaba en las prácticas paganas (los que tenían más influencia entre ellos eran los magos, Hech. 8:9-11), y parte en el Pentateuco (los primeros cinco libros del Antiguo Testamento), la única sección de las Escrituras hebreas que aceptaban. No aceptaban el resto del Antiguo Testamento por causa de las muchas referencias a Jerusalén como el lugar designado por Dios para la adoración.

      -- nosotros adoramos lo que sabemos -- Muchos judíos también se habían apartado de la revelación de Dios, y seguían las tradiciones de los ancianos (los maestros ciegos, Mat. 15:8, 9, 14), pero la expresión "adoramos lo que sabemos" se refiere a la revelación de la voluntad de Dios en el Antiguo Testamento. Dios no acepta el culto inventado por los hombres (culto voluntario, Col. 2:20-23; Mat. 7:21-23; Lev. 10:1-2; 2 Crón. 26:16-21).

      -- porque la salvación viene de los judíos. -- Por esta razón Dios mantenía su contacto con los judíos por medio de los profetas, porque del linaje de Judá y de la familia de David vendría el Salvador del mundo (4:42). "¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios" (Rom. 3:1, 2). Isa. 2:3, de Jerusalén saldría la Palabra del Señor.

 

4:23 Mas (Pero, LBLA) -- 1:17. El vocablo pero es muy significativo. Enfáticamente Jesús dijo que habría cambio de religión. No dijo que los samaritanos (mucho menos los gentiles) debieran guardar la ley de Moisés, sino que señaló un cambio total de ley (Heb. 7:12; 8:7-13; 10:9, 10). Millones de profesados "cristianos" ignoran este pero e imponen los mandamientos y prácticas de la ley de Moisés que les convienen (p. ej., el diezmo, el instrumento de música, el quemar incienso).

      -- la hora viene, y ahora es (Mat. 3:2; 4:17; Hech. 8:5, 12), cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; --  Como la conversión tiene que ser espiritual (3:5), así también la adoración tiene que ser espiritual. Ahora la morada de Dios no será "ni aquí en este monte ni en Jerusalén", sino en el espíritu (el corazón) del hombre. El lugar (templo o monte) ya no era lo importante, sino la adoración enseñada por Dios (la verdad), ofrecida con toda sinceridad (con el espíritu) de verdaderos hijos. El templo de Dios ahora es la iglesia (Efes. 2:20; 3:21; 1 Cor. 3:17; 6:19, 20).

      -- porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. -- Bajo la dispensación mosaica Dios requería que su pueblo ofreciera sacrificios solamente en Jerusalén, y ahora bajo la ley de Cristo el sitio indicado es el corazón ("alabando al Señor en vuestros corazones", Efes. 5:19). El "sacrificio de alabanza" es "el fruto de labios" (Heb. 13:15), el "hacer bien" (Heb. 13:16), el ofrendar para tener comunión con los que predican el evangelio (Fil. 4:18), etc., pero estos actos de servicio no serán aceptables ante los ojos de Dios a menos que procedan del corazón (2 Cor. 9:7, "como propuso en su corazón").

      Al buscar a los perdidos Cristo buscaba adoradores de Dios. Luc. 19:10. Cristo quería que Nicodemo, la mujer samaritana, y Zaqueo fueran verdaderos adoradores de Dios. Dios nos quiere salvar para que le sirvamos y adoremos.

 

4:24 Dios es Espíritu; -- Por eso, no se limita a un templo hecho por manos humanas (1 Reyes 8:27; Hech. 7:47-50; 17:24-28), sino que siendo Espíritu su presencia llena el universo y se puede adorar en todo lugar. La Biblia habla figuradamente de los ojos, oídos, manos y alas de Dios, pero Dios es Espíritu y, por eso, es eterno, omnipotente, omnipresente, omnisciente, etc., y debe ser adorado con toda reverencia (Isa. 6:2, 3, "Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos"). "Tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor" (Heb. 12:28, 29).

      -- y los que le adoran, en espíritu -- Rom. 1:9 "a quien sirvo en mi espíritu"; Efes. 6:18, "orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu". La adoración que Dios desea no es carnal (para diversión) ni superficial (formalidad fría) sino espiritual. El quiere sacrificios espirituales no solamente en las reuniones de la iglesia, sino también en nuestra vida diaria (Rom. 12:1, 2, "presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo"; 1 Ped. 2:5; Heb. 13:15; Fil. 4:18). "No habita en templos hechos por manos humanas", y "no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres" (Hech. 17:23-31).

      Por eso, es necesario que adoremos de corazón (Rom. 6:17, "habéis obedecido de corazón"); es decir, con entendimiento, de buena voluntad, y con amor y gozo (2 Cor. 8:24, "Mostrad ... la prueba de vuestro amor"; 9:7 "Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre"). Es necesario evitar dos cosas: (1) el culto basado en los mandamientos de los hombres, y (2) el culto que, aunque basado en la verdad, sea una formalidad fría. Todos sabemos acerca de los excesos y abusos de los carismáticos, pero no por eso debemos suprimir la emoción y alegría en el culto.

      Jesús nos enseña que es necesario preparar el corazón para adorar a Dios, para alabar "la misericordia de Dios, y sus maravillas para con los hijos de los hombres" (Sal. 107:8, 15, 21, 31). Antes de  adorar a Dios, debemos perdonar a otros para que Dios nos perdone (Mat. 6:12-14) y buscar la reconciliación con el hermano (Mat. 5:23, 24). "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro" (Heb. 4:16). "Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe" (Heb. 10:22). "Ninguno se presentará delante de Jehová con las manos vacías" (Deut. 16:16).

      ¿Por qué asistimos al culto de adoración? ¿Para ver a otros y para ser vistos por ellos? ¿Para mirar a los infantes y niños y jugar con ellos? ¿Para ver cuántas veces podemos ir al baño o salir para tomar agua? Si de esta manera "adoramos" a Dios en las reuniones ¿cómo le adoramos en casa?

      "Hágase todo decentemente y con orden" (1 Cor. 14:40; 11:20-29).

      Después de cada reunión de la iglesia debemos preguntarnos, ¿alabé a Dios de todo el corazón? ¿soy edificado y más animado para el servicio de Dios? ¿Cómo ha influido en mí el culto?

      -- y en verdad es necesario que adoren. -- no solamente con toda sinceridad, sino también conforme a las enseñanzas del Nuevo Testamento (1 Cor. 2:11-13). ¿Cómo alababan y adoraban a Dios los discípulos de Cristo? (1) Enseñaban la Palabra de Dios (Hech. 5:42), (2) oraban a Dios, en el nombre de Cristo (Hech. 4:24-31; Col. 3:17); (3) cantaban himnos (Efes. 5:19; Col. 3:16); (4) cada primer día de la semana participaban de la cena del Señor (Hech. 2:42; 20:7); y (5) ofrendaban (1 Cor. 16:1, 2). Esto es el patrón (2 Tim. 1:13) dejado por los apóstoles.

      Dios no permite que el hombre substituya esta adoración con "culto voluntario" (Col. 2:20-23), es decir, culto inventado por los hombres. Véanse Mat. 7:21-23; 15:1-14; Heb. 11:4 (Gén. 4:4, 5); Lev. 10:1, 2; 2 Crón. 26:16-21.

      La lista de los actos de culto inventados por los hombres es interminable: la confesión auricular, el "bautizo" de infantes, el "bautizo" por aspersión, el "bautizo" por los muertos, el quemar incienso, el canonizar a los "santos", el celibato del "clero", la extrema unción, la invocación a María y los santos, las oraciones por las almas en el purgatorio, la penitencia, el rosario, la misa, la señal de la cruz, el uso de instrumentos de música, el rociar agua "bendita", y muchas otras cosas.

      Ahora bien, ¿quién negaría que por lo menos algunas de estas cosas son tradiciones de hombres? Si alguna o algunas de estas cosas son tradiciones de hombres, todas estas cosas son tradiciones de hombres y son rechazadas por el Señor (Mat. 15:1-14).

     

4:25 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. -- Al decir esto admitía que el conocimiento de los samaritanos era defectuoso. Ella anhelaba la iluminación perfecta. Recuérdese que los samaritanos aceptaban el Pentateuco y, por eso, esperaban al Profeta anunciado por Moisés en Deut. 18:15-18. Al parecer, los samaritanos no hablaban del Mesías como un rey o libertador, sino como el Profeta. El concepto que esta mujer tenía de Cristo como Maestro  de "todas las cosas" era mejor que el de los judíos que solamente esperaban un conquistador militar.

 

4:26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo. -- Comúnmente no habló con tanta franqueza de su identidad. Vuelve a hacerlo con el que nació ciego (9:37). Cuando Pedro lo confesó "mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era el Cristo" (Mat. 16:16, 20), porque en Galilea le sobraba fama. Tuvo que suprimir y controlar el entusiasmo del pueblo para evitar la confrontación prematura con los oficiales de Jerusalén, pues en ese tiempo no había llegado su hora.

 

4:27 En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; -- Los rabinos decían, "Que nadie hable con mujer en la calle, ni siquiera con su esposa".

      -- sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella? -- Esto indica el gran respeto que los discípulos tenían por Jesús. Aceptaron su acción aunque no la entendieron.

 

4:28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres: -- ¿Por qué Nicodemo no salió con el mismo entusiasmo para invitar a otros a escuchar a Jesús? (1 Cor. 1:26). Esta mujer fue al pozo para sacar agua, agua literal, que es de suma importancia a todo ser humano y para llevarla a su casa. No pensaba llegar al pozo y volver sin el agua. Solamente algo muy importante podría afectarle de esa manera. Después de oír palabras de Jesús acerca del agua viva, por el momento se le olvidó el agua del pozo de Jacob y, dejando allí su cántaro, volvió a la ciudad para proclamar la más importante verdad que jamás se había escuchado. Había encontrado el agua viva y quería que otros también la descubrieran. De la misma manera los apóstoles dejaron sus redes y Mateo dejó el banco de tributos para seguir a Jesús.

 

4:29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. -- Si queremos convencer a otros que Jesús es el Cristo, debemos recordar las palabras "Ven y ve" (1:39, 46; Mat. 28:6). De esta manera, tienen que investigar, estudiar y pensar por sí mismos. Los que tienen verdadera fe en Cristo la proclaman a otros (1:46). Parece que esta mujer consideraba que su experiencia con seis hombres era "todo cuanto he hecho".

      Algunos han comentado sobre la obra de Jesús en Samaria diciendo que El no hizo milagros allí. Que sepamos no sanó a los enfermos ni echó fuera demonios, pero demostró un atributo divino (la omnisciencia) al decir a la mujer todo cuanto había hecho.

      -- ¿No será éste el Cristo? -- Para esta mujer la omnisciencia de Cristo era suficiente evidencia para probar que El era el Cristo, y quería que otros la tomaran en cuenta y que juzgaran por sí mismos.

 

4:30-32 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él. Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis. -- Ellos tenían su comida y El tenía la suya. ¿Qué era la comida de Cristo? Ver. 34. En estos momentos recibía alimento mejor que la comida ordinaria al observar el entendimiento y la fe de esta mujer, y la llegada de otros de la ciudad para escucharle. En otra ocasión había aguantado cuarenta días sin comer (Mat. 4:2); por eso, no le sería difícil soportar el hambre para dar de comer a los samaritanos. Véase 6:27.

 

4:33 Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer? --  Los discípulos -- al igual que Nicodemo y la mujer samaritana -- entendían las palabras de Jesús en su sentido literal. ¿Cómo podían creer que alguien de Samaria le hubiera traído comida?

 

4:34 Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. -- 5:30; 6:38; 15:10. Este texto revela claramente que la obra de Cristo era espiritual; como ahora andaba enseñando y convirtiendo gente, pronto iba a morir por ellos para salvar su alma. Jesús no hizo milagros simplemente para llenar estómagos ni para sanar cuerpos enfermos, sino para que la gente creyera que El es el Hijo de Dios, porque la salvación del alma se basa en esa fe (20:31, 31).

 

4:35 ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. -- Ahora Jesús cambia la figura. En lugar de hablar de alimento, emplea la figura de sembrar y segar (Mat. 9:36-38; 13:1-9, 18-23; 13:24-30, 36-43; 13:37). Ya estaba llegando la gente samaritana para ver y oír a Jesús (ver. 30) y de ellos El habló ("alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega"). Normalmente en ese país la cosecha requería seis meses, y en ese momento todavía faltaban cuatro meses, pero para Jesús ya había llegado el tiempo de la cosecha en Samaria, una cosecha mil veces más valiosa que la cosecha de grano. (Con razón el trabajo de Felipe llevó mucho fruto entre ellos, Hech. 8:5-12).

      Al visitar a una ciudad grande ¿qué vemos? ¿Solamente los rascacielos, muchos vehículos y toda clase de mercancía? ¿Vemos a la gente como pecadores perdidos, como almas preciosas? Hech. 18:10, "Yo tengo mucho pueblo en esta ciudad" (Corinto).

 

4:36 Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, --  La salvación de almas es la recompensa de la cual Jesús habla. "El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre" (Mat. 13:37) y la estaba sembrando ese mismo día en Samaria. Su salario era el fruto que cosechaba. Compárese Mat. 18:15, "ganar" al hermano (¿habrá ganancia que valga más que esta?) Pablo exhortó a los filipenses a que siguieran fieles, "asidos de la palabra de vida, para que en el día de Cristo yo pueda gloriarme de que no he corrido en vano, ni en vano he trabajado" (Fil. 2:16). "Así que, hermanos míos amados y deseados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados" (Fil. 4:1). "Porque, ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida. Vosotros sois nuestra gloria y gozo" (1 Tes. 2:19, 20).

      La fiesta de Pentecostés era la fiesta de la cosecha. Dios escogió esta ocasión para la cosecha de tres mil almas (Hech. 2:41).

      Muchos textos hablan de la bendición que reciben los que ganan almas (Prov. 11:30; Dan. 12:3; Sant. 5:19, 20).

      Si el tiempo de la cosecha física es tiempo gozoso (Deut. 16:13-15; Sal. 126: 5, 6; Isa. 9:3), ¡cuánto más gozoso es el tiempo de la cosecha espiritual!

      -- para que el que siembra goce juntamente con el que siega. -- Este es el plan divino y es muy alentador. Según este plan todo obrero del Señor participa de la gloriosa siega. La cosecha no pertenece solamente al segador, sino también al sembrador; no hay competencia entre el sembrador y el segador, porque los dos están perfectamente unidos en la obra y ante los ojos de Dios, el sembrar es tan importante como el segar y los dos se gozarán (serán recompensados).

      Normalmente el sembrar es trabajo laborioso como dice el Sal. 126:5, 6, "Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas", pero en el campo espiritual el sembrador se goza con el segador. Compárese lo que dice Amós 9:13, "He aquí vienen días, dice Jehová, en que el que ara alcanzará al segador, y el pisador de las uvas al que lleve la simiente"; es decir, el sembrar y el segar serían acciones simultáneas. Esto indica el crecimiento rápido de los cultivos. Las personas sinceras -- las que tengan hambre y sed de justicia -- llegan muy pronto al conocimiento de la verdad y, de esa manera, casi son simultáneos el sembrar y el segar.

      En el Día Final no habrá discusión acerca de quién haya sembrado o de quién haya segado para efectuar la conversión de almas.

 

4:37 Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. -- 1 Cor. 3:6. En esta ocasión Jesús sembró y los apóstoles participaron en la siega. Jesús y sus discípulos segaron discípulos ganados por Juan el bautista, y comenzando el día de Pentecostés, los apóstoles cosecharon discípulos enseñados por Juan y Jesús. Muchas veces hay conversiones durante una semana de servicios especiales que son el resultado no solamente de la predicación de esa semana, sino también de la enseñanza paciente de los miembros de la iglesia.

      Lo verdadero del proverbio se ve en muchos textos. "Por ejemplo, un hombre puede segar donde no ha sembrado (Deut. 6:11; Josué 24:13), o puede ser que un sembrador nunca experimente la alegría de segar lo que ha plantado (Deut. 28:30; Job 31:8; Miq. 6:15): algún otro puede hacer la siega. Pero en el campo espiritual lo normal es que un hombre siegue donde otro ha sembrado" (GH).

      Todo siervo de Dios debe recordar que su obra de sembrar la buena semilla nunca es en vano (1 Cor. 15:58). Según el plan de Dios la obra es una, y el sembrador comparte con el segador.

      En muchos casos la siega de un alma es el resultado de mucha siembra; es decir, muchos están involucrados: padres y otros parientes cristianos, vecinos y otros compañeros cristianos (p. ej., los del trabajo o de la escuela). Las clases bíblicas a las que muchos jóvenes han asistido desde la niñez tienen mucho que ver con su conversión. La literatura que haya leído, la predicación por radio que haya escuchado, las clases en el hogar que haya asistido, etc. tienen que ver con la conversión. En fin, muchas personas y muchas cosas tienen su parte en la conversión de almas.

 

4:38 Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores. -- Moisés, los profetas y otros hombres fieles habían sembrado mucha simiente entre el pueblo de Israel aun durante los días de su apostasía. Entonces Juan el bautista había persuadido a muchas personas a arrepentirse. En esta misma ocasión Jesús había sembrado la simiente en el corazón de la mujer samaritana y ella la estaba sembrando entre los otros del pueblo.

 

4:39 Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho. -- El testimonio de esta mujer tenía mucha fuerza por causa del entusiasmo y convicción con que hablaba. Los judíos rechazaron todo el testimonio a favor de Jesús de Nazaret: el testimonio del Padre, el testimonio de Juan, el testimonio de las obras de Jesús, el testimonio de las Escrituras y el testimonio de Moisés (Juan 5:32-47), pero los samaritanos creyeron en El por el testimonio de esta mujer pecadora. ¿Por qué no tuvo Nicodemo el mismo entusiasmo que los samaritanos para creer en Cristo?

     

4:40 Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; (una invitación muy rara para un judío) y se quedó allí dos días. -- Muchos judíos ("los suyos") no recibieron a Jesús, pero estos extranjeros (Luc. 17:18) "le rogaron que se quedase con ellos". Entre el atrio de los gentiles y el atrio de Israel había una división y si algún samaritano se hubiera atrevido a entrar en el atrio de Israel habría sufrido la pena de muerte. Sin embargo, en esta ocasión Jesús comenzó a derribar esa barrera y pronto los samaritanos podrían entrar libremente en el glorioso templo de Jesús.

 

4:41 Y creyeron muchos más por la palabra de él, -- Pedían y recibían el "agua viva". Los samaritanos eran nobles como lo eran los de Berea (Hech. 17:11), eran "buena tierra" (Luc. 8:15), eran pobres en espíritu que tenían hambre y sed de justicia (Mat. 5:3, 5). Si estos samaritanos recibieron a Jesús y creyeron en El, ¿por qué en otra ocasión rehusaron recibirle? Luc. 9:51-56. En este otro caso el terreno no estaba preparado por alguna "mujer samaritana".

      Esta historia nos recuerda otra vez de la maravillosa providencia de Dios. Por causa de la hostilidad de los principales judíos Jesús salió de Judea y por causa del testimonio de esta mujer los samaritanos abrieron sus puertas y corazones a Jesús como el Salvador del mundo (AC).

 

4:42 y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos (Juan dice que "creyeron", y ellos dijeron, "sabemos") que verdaderamente éste es el Salvador (Mat. 1:21; Luc. 2:11; Hch. 5:31; Efes. 5:23, etc.) del mundo, el Cristo. -- 1 Jn. 4:14. "Jesús está de pie delante de nosotros hoy en día en persona en su Palabra, y podemos oírle directa y personalmente en esa Palabra como si nos hubiéramos sentado entre los oyentes de Sicar. Ellos lo tuvieron solamente por dos días, pero nosotros podemos tenerlo todos los días" (RCHL).

      Los judíos querían obligar a Jesús a ser rey para quitar el yugo de Roma (6:15), pero los samaritanos entendían que Cristo era el Salvador del mundo (compuesto de judíos, samaritanos, gentiles). Es muy obvio que los samaritanos eran "buena tierra" (Luc. 8:15), personas listas a recibir la simiente y llevar fruto para Dios. Por haber recibido tantas bendiciones y privilegios de Dios los judíos se llenaban de orgullo y vanidad, de modo que rechazaron a Cristo, pero los samaritanos, con muy limitadas bendiciones, lo recibieron con toda prontitud y con gratitud.

      Jesús dijo a los judíos, "¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra" (Juan 8:43). Los samaritanos entendían el lenguaje de Jesús porque podían escuchar su palabra.

 

4:43 Dos días después, salió de allí y fue a Galilea. -- Los versículos 4-42 son un paréntesis. Ahora sigue la narración de la obra de Jesús en Galilea, una provincia menospreciada por los judíos (7:41, 52). Juan habla poco del ministerio de Jesús en Galilea, pero Mateo, Marcos y Lucas lo describen ampliamente. La obra de Jesús en Galilea cumplió la profecía de Isa. 9:1, 2 (véase Mat. 4:12-16).

      Es necesario recordar que conforme al plan de Dios Jesús no fue enviado a los gentiles ni a los samaritanos, sino "a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mat. 10:5; 15:24). De otro modo, seguramente habría pasado mucho tiempo en Samaria, pero El sabía que muy pronto el evangelio sería predicado a ellos. Poco antes de ascender al cielo dijo a los apóstoles, "me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hech. 1:8). El cumplimiento de esta promesa se ve en Hech. 8:5-12 cuando "Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo".

      Sin duda los samaritanos lo hubieran detenido para que siguiera predicándoles pero, aparte de lo dicho en el párrafo anterior, había otra razón para su salida aun de un campo fructífero. En otra ocasión "le detenían para que no se fuera de ellos. Pero él les dijo: Es necesario que también a otras ciudades anuncie el evangelio del reino de Dios; porque para esto he sido enviado" (Luc. 4:42, 43).

 

4:44 Porque Jesús mismo dio testimonio de que el profeta no tiene honra en su propia tierra. -- Juan dice porque, es decir, ahora explicará por qué Jesús no dejó de volver a Galilea. Nació en Judea, pero fue criado en Galilea en el pueblo de Nazaret. Por eso, Galilea era "su propia tierra" (Luc. 4:24; 23:5-7). Jesús estuvo en Nazaret cuando dijo que el profeta no tiene honra en su propia tierra (Mat. 13:57; Mar. 6:4; Luc. 4:24). "Ni aun sus hermanos creían en él" (7:3). El orgullo y la envidia evitaron que sus familiares y conocidos creyeran en El.

      Por lo tanto, puesto que Jesús no tenía honra en su propia tierra, tenía que buscarla en otro lugar. Esto es precisamente lo que hacía en Judea y el resultado fue que los galileos cambiaron su actitud hacia Cristo, como el siguiente versículo lo explica.

4:45 Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron, habiendo visto todas las cosas que había hecho en Jerusalén, en la fiesta (de la pascua, 2:23); porque también ellos habían ido a la fiesta. -- Juan no dice que le recibieron por haber oído su palabra (ver. 41) ni por convencerse de que El era el Salvador del mundo (ver. 42), sino por haber visto las señales que hizo (no la que hizo en Caná, sino las que había hecho en Jerusalén).

      Siempre había bendición para los judíos que asistían a las fiestas solemnes, pero en esta ocasión había otra bendición muy especial. Si no hubieran ido a la fiesta de la pascua, no habrían visto todas las cosas hechas por Jesús. Si esperamos recibir bendiciones de Dios, es necesario que seamos obedientes a su voluntad. Recordemos Heb. 10:25, "no dejando de congregarnos".

      Juan no describe "las cosas que había hecho en Jerusalén", aparte de la purificación del templo. Estas cosas se incluyen, pues, en las "muchas otras señales" que Jesús hizo "en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro" (Jn. 20:30). Lo importante es que al volver a Galilea Jesús trajo esa honra que había ganado en Judea y, por eso, "Cuando vino a Galilea, los galileos le recibieron".

      Jesús no buscaba la gloria de los hombres (5:44), pero es necesario estimar y apreciar a Cristo para poder creer en El.

      Aquí caben los detalles acerca del ministerio de Jesús registrados en Mat. 4:17; Mar. 1:14, 15; y Luc. 4:14, 15.

 

4:46 Vino, pues, Jesús otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. -- Juan ya había escrito acerca de este milagro (2:1-11) pero lo menciona otra vez para recordarnos.

      -- Y había en Capernaum un oficial del rey (Herodes, tetrarca de Galilea), cuyo hijo estaba enfermo. -- Los oficiales más altos (y sus familias) no escapan de las aflicciones físicas (y espirituales) y los hombres más poderosos y más ricos del mundo urgentemente necesitan de la ayuda de Jesús. "Aquí tenemos un cortesano que acude a un carpintero ... No podía haber una escena menos probable en el mundo que la de un importante oficial del rey recorriendo treinta kilómetros para pedir un favor al carpintero de una aldea ... Tendría que soportar la burla y las risas; y sin duda habría quienes pensarían que se había vuelto algo loco ... no le importaba lo que dijera la gente si obtenía la ayuda que tanto deseaba. Si queremos la ayuda que nos puede dar Cristo debemos ser lo suficientemente humildes como para tragarnos el orgullo y no preocuparnos por lo que puedan decir los demás" (WB).

      Jesús hizo muchos milagros en Capernaúm: sanó al siervo del centurión (Mat. 8:5), la suegra de Pedro (Mar. 1:31), echó fuera el espíritu inmundo (Mar. 1:23), etc.

 

4:47 Este, cuando oyó que Jesús había llegado de Judea a Galilea, vino a él (no envió los siervos, ver. 51, sino que vino personalmente) y le rogó que descendiese (Caná estaba situada en las montañas) y sanase a su hijo, -- Las aflicciones nos mueven a buscar a Jesús; por eso, su aflicción le trajo bendición.

      Sin duda este oficial había oído del milagro en Caná y las cosas que hizo en Jerusalén, y creía que Jesús podría sanar a su hijo. Probablemente ya hubiera gastado mucho en médicos (compárese Luc. 8:43, "había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada").

      Este oficial creía que sería necesario que Jesús fuera a su casa. Compárese 11:21, 32 "Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto". Jairo "se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá" (Mar. 5:23). La mujer que padecía de flujo de sangre decía "Si tocare tan solamente su manto, será salva" (Mar. 5:28). ¿Qué tenían en común estas personas? Limitaban el poder de Jesús diciéndole que hiciera alguna cosa física para poder ayudarles. No entregaban sus vidas (o sus seres queridos) a Jesús sin reserva. Tal fe es limitada e imperfecta. El centurión, sin embargo, le dijo, "pues, no soy digno de que entres bajo mi techo; pero dí la palabra, y mi siervo será sano"; Jesús dijo, "Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe" (Luc. 7:7-9). Sabía que Jesús tenía autoridad y que podía sanar de lejos.

      -- que estaba a punto de morir. -- Ya no hubo otro remedio porque sin duda todo remedio humano se hubiera agotado.

      No sabemos si en otra ocasión este oficial hubiera tenido el deseo o la oportunidad de buscar a Jesús, pero muchas personas hacen peticiones al Señor solamente en los momentos de mucha aflicción.  Si su hijo no hubiera enfermado, ¿habría buscado a Jesús? ¿Tendría interés en oír "la palabra de él" (ver. 41)?

 

4:48 Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios (no dos clases de milagros, sino dos características de ellos), no creeréis. -- Jesús no habla solamente al oficial, pues emplea verbos plurales, pero "le dijo" esto porque él también era culpable de lo que Jesús afirma de los galileos en general.

      "Muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos" (2:23, 24). ¿Habrá acudido a Jesús con plena confianza en El? ¿O habrá ido como último recurso, para ver si este obrador de milagros pudiera hacer algo? Los judíos pedían señales (2:18; Mat. 12:39, 40; 16:1-4). Por eso, lo que Jesús dice aquí es una denuncia de los que no creerán sin ver milagros; éstos no entendían el propósito de los milagros. Al parecer, muchos de éstos lo querían solamente para que les curara sus enfermedades físicas. Después Jesús denuncia a Capernaúm y a otras ciudades por no haber creído aun después de ver sus milagros (Mat. 11:20-24). No quería que los hombres creyeran solamente en sus credenciales (señales y prodigios), sino que creyeran en El y en su palabra (ver. 41). No quería la reputación de un mero obrador de milagros (ATR), sino que la gente examinara todas sus obras y enseñanzas para convencerse de su deidad (5:30-45; 10:38; 14:11; 15:22-24; 20:29), y que lo buscaran como al Salvador del mundo.

      Recuérdese 2:24, 25. Jesús entendía perfectamente la naturaleza de la fe de la gente.

 

4:49 El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. -- Tal vez al oír las palabras de Jesús el oficial pensara que no escucharía su petición, pero sin discutir con El ni profesar tener una fe grande, simplemente le instaba que le ayudara. De esta manera mostraba más fe (compárese Mat. 15:25-27, el caso de la mujer cananea).

      Le rogaba que bajara a su casa antes que mi hijo muera. Solamente tenía fe en el poder de Jesús para sanar a su hijo. Así era la fe de Marta y María (11:21, 32), pero éstas aprendieron que Jesús no solamente tiene poder para sanar, sino también para resucitar a los muertos.

 

4:50 Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. -- "La curación, más rápida que un relámpago desde Caná hasta Capernaúm, fue sentida por el joven moribundo" (JFB). En ese instante concedió el deseo del padre. La expresión "tu hijo vive" significa "no morirá". Ahora la fe del oficial era probada aun más. Había creído el testimonio acerca de Jesús; ¿creerá ahora la misma palabra de Jesús? ¿Qué pensará y qué hará? ¿Esperará por algún tiempo preguntándose qué hacer? ¿Creerá lo que Jesús le acaba de decir? En su gran angustia sin duda este hombre habrá tenido sus propios pensamientos, su propia idea de lo que él quería. Rogó que Jesús descendiese y sanase a su hijo, y si Jesús hubiera ido en persona a su casa para sanarlo, el padre podría haber visto en ese instante con sus propios ojos que su hijo estaba bueno y sano, pero Jesús requería una fe muy grande. No descendió con él, y solamente le dice, "Ve, tu hijo vive". Este padre, tan afligido, tan angustiado, en ese momento no podía ver a su hijo para saber si todavía estaba a punto de morir o si había sanado. La única cosa que él podía hacer sería creer a Jesús y regresar confiadamente a su hijo, porque, de otro modo, habría tenido que volver a su casa completamente abrumado y desesperado. Si hubiera rehusado creer a Jesús cuando le dijo, "Ve, tu hijo vive", ¿en base a qué le habría seguido rogando que descendiese y sanase a su hijo? Tenía solamente dos opciones: creer a Cristo y volver a su casa con la confianza de que su hijo había sanado o, de otro modo, volver desesperado a su casa para esperar la muerte de su hijo.

      Pero la bendición que recibiría era mayor que la que pedía, porque en lugar de esperar hasta llegar a su casa, en ese instante, al creer en Jesús, tendría la plena seguridad de que su hijo estaba fuera de peligro. Así es la preciosa recompensa de la fe.

      Compárese el caso de Naamán el leproso. Cuando el profeta "Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Vé y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio ... Naamán se fue enojado, diciendo: He aquí yo decía para mí: saldrá él luego, y estando en pie invocará el nombre de Jehová su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar, y sanará la lepra" (2 Reyes 5:10, 11).

      Los "sanadores" modernos insisten en que la fe sea una condición establecida para que sanen. En algunos casos de sanidad el Señor sí nombró la fe como requisito (Mat. 9:28), pero ¿tenían fe los muertos que fueron resucitados por Jesús? (Luc. 7:11-17; Jn. 11:43).

      -- Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. -- La fe verdadera actúa: se fue. No se detuvo insistiendo en que Jesús le acompañara a su casa. No se detuvo para disputar con Jesús. Estaba sumamente preocupado por su hijo y quería tener plena seguridad de que sanara y ahora ¿cuál es su consuelo? Una sola cosa: la palabra de Jesús. Como Abraham creyó a Dios, este hombre creyó a Cristo. Dejó de pedir y se fue.

 

4:51 Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. -- Jesús había dicho, "tu hijo vive" y ahora sus siervos dicen lo mismo para confirmarlo.

      Lo significativo de este milagro era que la presencia física de Jesús no era necesaria para que sanara, sino que el sanar de lejos era tan fácil como el sanar de cerca. De esta manera Jesús mostró su autoridad sobre la distancia. ¿Cuántos "sanadores" modernos tratarían de sanar de lejos?

 

4:52 Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. -- ¿Por qué hizo esta pregunta? Sin duda quería estar seguro de que su hijo había sido sanado por Jesús. Una persona agradecida quiere saber la fuente de sus bendiciones (AH).

      -- Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. -- Quería saber a qué hora había comenzado a estar mejor, porque aunque su fe hubiera crecido bastante, todavía era defectuosa, porque no se imaginaba que su hijo pudiera sanar inmediatamente. La respuesta no fue que la fiebre comenzara a dejarle, sino que "a las siete le dejó la fiebre".

      Compárese Mar. 1:31 "la suegra de Simón estaba acostada con fiebre ... (Jesús) se acercó, y la tomó de la mano y la levantó; e inmediatamente le dejó la fiebre, y ella les servía".

      La palabra ayer parece indicar que la séptima hora era las siete de la tarde (tiempo romano), porque el oficial hubiera llegado a su casa en unas cinco o seis horas.

 

4:53 El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho: Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa. -- Compárese Hech. 16:34; 18:8. Al principio el oficial creía en la presencia de Jesús y al último cree en la palabra de Jesús.

      Jesús sanó cuerpos físicos para que creamos que también puede sanar (salvar) el alma. Jesús sana el espíritu del hombre cuando le perdona. De esta manera el alma es purificada, y durante el resto de la vida se está transformando a la imagen de Cristo. Esta transformación es efectuada por medio de oír, creer y obedecer la palabra revelada por el Espíritu Santo.

      Por causa de la enfermedad grave del joven, este padre buscó a Jesús y el resultado no solamente sanó el joven, sino que también toda la familia llegó a ser creyentes en Cristo.

 

4:54 Esta segunda señal hizo Jesús, cuando fue de Judea a Galilea. -- Hizo la primera señal (convirtió el agua en vino) en Caná de Galilea (2:1-11). Había hecho otras señales en Jerusalén (2:23; 4:45), pero esta es la segunda señal hecha en Galilea.

 

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Juan 5

 

      Mateo, Marcos y Lucas no narraron la señal de la curación del paralítico de Betesda, porque ellos se concentraron más en registrar el ministerio de Jesús en Galilea.

      Este capítulo narra el principio de una nueva etapa en el ministerio de Jesús. Al sanar a este enfermo en el día de reposo, (1) provocó abiertamente un enfrentamiento con los principales de los judíos, por causa de sus muchas tradiciones con respecto a la guarda del sábado, y (2) aprovechó esta oportunidad para afirmar su deidad (que Cristo es igual a Dios, vers. 18), una afirmación que, para sus oponentes, era blasfemia. Todavía habría creyentes, pero ahora empieza el odio severo de los judíos y el conflicto continuo entre ellos y Cristo que en poco tiempo sería consumado en la cruz.

 

5:1 Después de estas cosas había una fiesta (LBLA, margen, Algunos mss. dicen: la fiesta; i.e., la Pascua) de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. -- ¿Qué fiesta? Si esta fiesta no era la Pascua, era la fiesta de Pentecostés o la de Tabernáculos. Algunos se refieren a la fiesta de Purim (basada en el libro de Ester). "Esta fiesta no es mencionada por nombre en el NT, aunque hay exegetas que suponen que es la aludida en Jn. 5:1" (V-E), pero The International Standard Bible Encyclopedia dice que "Ninguna referencia se hace a esta fiesta en el NT, puesto que era celebrada localmente, y por lo tanto no ha de ser conectada con ninguno de los peregrinajes festivos a Jerusalén. Por esta causa la suposición de algunos de que la fiesta de Jn 5:1 era Purim ha de ser rechazada, la mención de ella siendo seguida por las palabras, 'y subió Jesús a Jerusalén'".

      Esta fiesta de 5:1 no era "la fiesta de la dedicación" porque de esa fiesta Juan habla claramente (10:22).

      Algunos afirman que la fiesta de este texto no era la Pascua, porque en el siguiente capítulo (6:4) Juan habla de la Pascua y que si la fiesta de 5:1 era la Pascua, entonces Juan estaría omitiendo un año del ministerio de Jesús. Es posible que lo haya hecho, porque en cuanto a registrar los eventos del ministerio de Jesús este libro no está completo, sino que suplementa a los otros tres. Al comparar los cuatro libros se puede observar que hay varios capítulos de la historia del ministerio de Jesús entre los capítulos 5 y 6 de Juan. Según The Fourfold Gospel (JWM), Mat. 12, que sigue a Juan 5, narra la crítica de los fariseos de los discípulos de Jesús por arrancar espigas en el día de reposo, lo cual indica que era tiempo de la cosecha, la cual comienza con la Pascua.

 

5:2-4 Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, (compárese Neh. 3:1, 32) un estanque, llamado en hebreo Betesda, ("casa de misericordia") el cual tiene cinco pórticos (para indicar el gran número de enfermos). En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, (que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese). (LBLA, margen, Los mss. más antiguos no incluyen el resto del vers. 3 y todo el vers. 4). -- Probablemente estas palabras hayan sido agregadas por algún copista para explicar la creencia de la gente. La eficacia de estas aguas curativas se debía en parte a sus elementos minerales (aguas medicinales, pues en casi todos los países hay agua de esta clase), y en parte a la imaginación de la gente. Muchísimas enfermedades "físicas" son más mentales que físicas. La superstición acerca de esta agua nos recuerda de los santuarios, relicarios, etc., de la Iglesia Católica Romana, de todos los medios "benditos" de la Ciencia Cristiana, y de los curanderos carismáticos. ¡Cualquier persona o cosa en que la gente crea fervientemente le puede ayudar, aun físicamente!

 

5:5-6 Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, -- ¿Qué hacía Jesús en ese lugar? Siempre buscaba a los enfermos, tanto a los enfermos físicos como a los espirituales (Luc. 5:31, 32; 19:10).

      -- y supo que llevaba ya mucho tiempo así, -- En ese lugar había "una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos". Juan no explica cómo Jesús supo esto; desde luego, una explicación se encuentra en 2:24, 25 (es decir, conoció a este hombre como conoció a Natanael y a la mujer samaritana). ¿Por qué escogió Jesús a este paralítico? (1) Porque "supo que llevaba ya mucho tiempo así" y, por eso, era uno de los casos más patéticos, lo cual haría el milagro más evidente e impresionante (compárese Hech. 3:2, "cojo de nacimiento"; 4:22, "tenía más de cuarenta años"). (2) Porque al sanar a este paralítico él tendría que llevar su camilla, lo cual provocaría un encuentro con los judíos y dar ocasión para un discurso poderoso sobre la deidad de Jesús y sobre el error de las tradiciones de los judíos con respecto al día de reposo (Mat. 15:8, 9).

      -- le dijo: ¿Quieres ser sano? -- Es decir, ahora. No le pregunta si quiere en algún tiempo futuro sanar. Compárese Mar. 10:51, Jesús pregunta al ciego, "¿Qué quieres que te haga?" ¿Con qué propósito le hizo esta pregunta? Desde luego, Jesús no lo habría sanado si hubiera dicho que no quería sanar, pero otro propósito fue para hacer que el paralítico fijara su atención en Jesús (compárese Hech. 3:4). También al contestar la pregunta enfatizaría lo desesperado de su caso. (Todos estaríamos en una condición desesperada si Cristo no hubiera venido).

      Dirá alguno que sin duda el hombre quería ser sano, pero hay personas desesperadas que ni siquiera buscan remedios y si esto sucede con respecto a la salud física, ¡cuánto más con respecto a la salud espiritual! Muchísimas personas, conscientes de su enfermedad espiritual, no quieren saber nada de perdón y santidad, porque "aman el pecado y para ellos la vida de santidad y pureza no es nada atractiva" (CRE).      "Si se curaba, tendría que enfrentarse con todo el peso de ganarse la vida y asumir una vez más todas sus responsabilidades. Hay inválidos para quienes su enfermedad no es del todo desagradable, puesto que algún otro hace todo el trabajo y asume todas las responsabilidades" (WB). Esto es muy cierto porque el mundo está lleno de personas que no quieren ser responsables; solamente quieren que el gobierno u otros cuiden de ellos.

      Muchos ciegos y otros afligidos se ganan la vida pidiendo ayuda a otros. ¿Querrán todos estos sanar?

 

5:7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en (que me eche dentro, ATR) el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. -- Al oír la pregunta de Jesús el paralítico habló de la única sanidad que conocía, y de lo muy desesperado del caso, porque pensaba que iría al sepulcro antes de bajar al agua sanadora. ¿Por qué decir que sí quería ser sano, cuando no había esperanza de sanar? De lo que dice se deduce que ni siquiera esperaba que Jesús le pudiera bajar al agua. (¡Qué buena ilustración de la condición espiritual de todos antes de venir Jesús!)

 

5:8 Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. -- Estos actos bien ilustraban lo perfecto del milagro. Jesús requ